Entramos en 2014 con un poso de tristeza y apatía impropio de
estas fiestas y un cansancio anímico producido por los avatares que nos ha
deparado el año saliente, difíciles de superar si se piensa en el incierto
futuro que nos aguarda, estando como estamos, en manos de este gobierno arrasador,
tiránico y amigo de poderosos, que en nada mira ni mirará por nuestro
bienestar, tan degradado a causa de la violencia política que practica.
Incluso la climatología parece haber sido elegida para
acompañar el momento y una espesa niebla se cierne sobre la ciudad desierta,
sin permitirnos atisbar lo que tenemos delante y empapando las ropas y las
conciencias con una imperceptible llovizna, que sin embargo, huele a invierno.
Con la proximidad de las elecciones europeas, el PP no pierde
el tiempo en iniciar su cruzada de triunfalismo
y empieza otra vez a prometer, todo aquello que ya anunciaba en su
anterior programa electoral y que nunca cumplieron, como si la memoria de los
españoles sufriera de una enfermedad letal, capaz de borrar los acontecimientos
que nos han sucedido y que han salido en su totalidad, de la responsabilidad de
sus manos , lejos de herencias zapateriles y decisiones anteriores, que aunque
no fueron nada acertadas, no se acercaron ni de lejos, a la agresividad que
Rajoy ha puesto en práctica contra nosotros, en sus dos años de gobierno.
Los ciudadanos ni siquiera hemos estado para unas fiestas, en
las que no ha sido siquiera posible consumir, debido a la falta de trabajo y a
la bajada de los sueldos y lo único que queremos verdaderamente, es que termine
el tiempo de mandato del PP, a ver si una nueva composición del Parlamento lo
puede hacer un poco mejor, porque hacerlo peor, es prácticamente imposible.
Nunca hemos estado más descontentos y la opinión de la calle,
pese a quien pese, no puede ser más unánime y contundente. Estamos hasta las
narices de Rajoy, de su despótica manera de imponer leyes, reformas y decretos
no deseados por el pueblo y de la soberbia impenitente de sus presuntuosos
ministros, falaces y descarados a la hora de transformar la realidad en un
mundo que sólo ellos ven y que nada tiene que ver con el que nos obligan a
padecer a golpe de mandato.
Cansados de la ausencia perpetua de este escurridizo
Presidente, contrario por sistema a explicar todo aquello que después nos
afecta y sospechoso de ciertas actitudes que nada tienen que ver con la
necesaria limpieza que ha de acompañar el sendero de un buen gobernante, lo
único que podemos pedir es que desaparezca cuanto antes de nuestras vidas y que
seamos capaces de superar algún día el panorama desolador que nos deja en herencia y que solo una política
diametralmente opuesta y mucho más solidaria podrá reparar, aunque sea
paulatinamente.
Así que rogamos encarecidamente a todos aquellos que tengan
algo importante que decir, llámese Luís Bárcenas o Elpidio Silva, sea preso o
Juez caído en desgracia que tengan el valor de hablar porque hay todo un país que pone su esperanza
en poder eludir el yugo del PP, gracias a las informaciones que tan celosamente
guardan.
Y deseamos también que los jueces que tienen en sus manos el
poder de actuar contra los importantes corruptos que pululan por toda la
geografía española, que no se rindan a las presiones que reciben y que lleven a
cabo el cometido que impone su cargo, sin que en sus sentencias intervengan
apellidos o cargos, o fiscales defensores de acusados manifiestamente
implicados en delitos monetarios.
Afrontamos el año que entra manteniendo la rebeldía y
dispuestos a seguir en esta lucha cuasi cotidiana que se ha convertido en un
reto permanente y en una responsabilidad ineludible para todos y cada uno de
nosotros.
Guste o no guste a los políticos, nos queda aún el espíritu
necesario para no ser vencidos por esta dictadura encubierta.

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