Históricamente, Burgos siempre ha sido considerada por el
resto del País como una ciudad conservadora, ejemplo de una sobriedad cercana a
los valores de la derecha, que nunca ha representado un problema para los
gobernantes, ni ha protagonizado jamás desmán alguno, al menos de naturaleza
violenta.
Pero las cosas tienen un límite y la costumbre de los
políticos actuales, de hacer y deshacer a su antojo en cuanto obtienen una
mayoría en las urnas, incluso contradiciendo expresamente los deseos
manifiestos de sus votantes, ha terminado por cansar a los españoles, que han
encontrado en la calle, el único foro en el que pueden alzar la voz, cuando han
agotado todas las vías legales posibles,
sin que nadie preste la menor atención a
su pensamiento.
Es posible que la
intención del Ayuntamiento burgalés de construir un Bulevar en el barrio de
Gamonal, no parezca en sí, un asunto de excesiva importancia. Pero a los que
serían principalmente afectados por las consecuencias de esta obra, como ha
ocurrido en otros muchos casos, la idea no parece resultarles precisamente
agradable, quizá por las consecuencias que pueda traerles a nivel personal y
familiar, por lo que estarían en su pleno derecho de oponerse a la realización
del proyecto.
Es de suponer que los representantes vecinales ya han tratado
por activa y pasiva de hacer llegar su opinión al Ayuntamiento y que como suele
venir ocurriendo, sus recomendaciones no sólo no han sido admitidas, sino que
han sido literalmente ignoradas por los representantes políticos.
Así que Burgos se ha echado a la calle, en principio, para
demostrar una resistencia pacífica a la continuación de las obras y se ha
encontrado de frente, como suele ser habitual, con una excesiva represión
policial, que nunca se habría producido, si no hubiera sido aprobada por los
representantes municipales y que al final, ha terminado motivando un brote de
violencia que se parece bastante a todos los que hemos visto en los últimos
tiempos, cada vez que los españoles han ejercido su derecho de manifestación,
por toda la geografía española.
La persistencia de la protesta, en una ciudad que nunca había
dado titulares de esta índole, ha cogido a los representantes políticos por
sorpresa y a pesar de que algunas voces,
como la de la impenitente Ana Botella, se han permitido comparar la actuación
vecinal con actos terroristas, al final, han tenido que claudicar, para evitar
que las cosas se les escaparan de las manos, viéndose obligados a prometer la
paralización del proyecto, sin que los ciudadanos se crean del todo la sinceridad de sus palabras.
Los sucesos han despertado inmediatamente la solidaridad de
otros españoles y por todas las ciudades de nuestra geografía, los ciudadanos
han salido también reclamando que la promesa se cumpla y que inmediatamente
sean liberadas las personas que han sido detenidas en Burgos durante los
últimos días, por supuesto sin cargos, al considerar que la actuación policial
ha sido del todo injusta, en cuanto que lo único que hacían los vecinos, era
acogerse a un derecho de manifestación reconocido por las leyes y sin ninguna
voluntad de violencia.
Tampoco en otros puntos, la protesta ha gozado de libertad absoluta y
sin ir más lejos, anoche en Madrid, once personas fueron detenidas mientras
trataban de demostrar su solidaridad con los vecinos del Gamonal, en un nuevo
despliegue policial, que no tiene sentido, en relación con la magnitud de la
protesta.
Los populares no terminan de asumir que los ciudadanos actúan
legalmente cada vez que salen a la calle, ni de admitir que su manera de
gobernar no satisface en absoluto a la mayoría de los españoles y creen, de
manera errónea, que cualquier conflicto puede solucionarse, aumentando de forma
desmedida la vigilancia y reprimiendo con una inexplicable dureza, cualquier
atisbo de oposición a su tiránico gobierno.
Pero la realidad es que la represión nunca fue suficiente
para acallar la voz de los pueblos y que la reiterada visión, a través de las
cámaras de televisión, de escenas de violencia, genera un efecto inversamente
proporcional al deseado por los encargados de administrar el poder, ejerciendo
un efecto llamada en todos aquellos que, en un principio, ni siquiera se habían
planteado sumarse a la protesta.
Los años vividos en el pasado, en los que la libertad
brillaba precisamente por su ausencia, nos han enseñado a defenderla como el
bien más preciado que poseemos y nadie está dispuesto a consentir que se la
arrebaten, cueste lo que cueste el intento.
Los sucesos del Gamonal no son más que una prueba de que el
hartazgo de los ciudadanos constituye una mecha a punto de prenderse y de que
no están dispuestos a tolerar que se les gobierne a espaldas de su voluntad, a golpe de
decreto.
Tal vez algunos debieran plantearse un cambio de actitud, si
no quieren ser apeados del poder que detentan, en cuanto se presente la ocasión
de acudir a las urnas y demostrar con los votos, los verdaderos deseos de este
pueblo.

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