miércoles, 22 de enero de 2014

Un inexcusable silencio


La noticia de la inminente puesta  en libertad del primero de los condenados por el atentado del 11M de Madrid, tras haber cumplido la pena impuesta por su delito, no puede por menos que hacernos reflexionar  sobre las clarísimas diferencias que establece el PP entre determinadas víctimas de según qué terrorismo y que evidencian que no demuestran la misma solidaridad con las mismas cuando se trata de delitos cometidos por ETA, que cuando los autores de los crímenes provienen, como en el caso de Zouhier, de las células islamistas que volaron los trenes en la capital, una autoría que aún se empeñan en negar con ahínco, nuestros actuales dirigentes.
Ni una sola voz del Partido en el gobierno, ni tampoco Mariano Rajoy en su reciente entrevista televisada, ha hecho ningún tipo de referencia estos días, a la puesta en libertad de quien fuera el intermediario entre los terroristas y los explosivos, ni se ha dignado expresar un recuerdo para los familiares de los caídos en Madrid, cuyo dolor ha de ser igualmente dramático que el de los afectados por las liberaciones relacionadas con la sentencia de Bruselas, que se han producido en los últimos tiempos.
Quizá porque no conviene recordar al pueblo español lo mal que se gestionó desde el PP la información que se iba obteniendo durante los primeros momentos tras el atentado y que costó las elecciones generales a sus representantes de entonces, el silencio inexplicable que se mantiene alrededor de lo que se espera sea un hecho en jornadas próximas, no tiene por menos que doler, no solo a los propios afectados, sino a todo el pueblo español, que se sintió plenamente identificado con quienes perdieron a alguien en aquel terrible suceso, al considerar que el azar bien podría haber elegido a cualquiera de los nuestros, en vez de a los que cayeron aquel día, en cualquiera de los cuatro trenes.
Fue aquel un atentado dirigido efectivamente, contra las clases populares, sin que las vinculaciones políticas de las víctimas tuvieran absolutamente nada que ver en el desarrollo de los acontecimientos, ni ninguna de ellas hubiera sido elegida con anterioridad por ninguna causa concreta, para ser eliminada con tan terrible violencia, aquella mañana de infausto recuerdo.
Todos y cada uno de los viajeros de aquellos trenes, podrían haber sido perfectamente nuestros padres, maridos o hijos, ya que formaban parte del mismo núcleo social en el que nos movemos y todos y cada uno de nosotros perdió aquel día una parte importante del corazón, sin que después nunca, haya podido recuperarla.
Pero la enrevesada historia que se intentó tejer alrededor de los verdaderos autores de los hechos y que todavía, después de tantos años, sigue contando con incontables adeptos, ha propiciado que a pesar de haber sido aclarados, juzgados y sentenciados en su momento, no se quiera volver a hablar de aquellas víctimas y se las condene a un olvido forzado que no merecen en absoluto.
Conviene recordar que quien hoy es nuestro Presidente de Gobierno, ocupaba en aquel momento una cartera ministerial a las órdenes de Aznar y que, por tanto, debió estar de acuerdo con la manipulación de las noticias que se llevó a cabo por parte del ejecutivo, negando a los españoles, hasta el mismo momento en que terminó la jornada de reflexión, la participación de los islamistas en los atentados, mientras a toda costa se trataba de convencernos, de que había sido obra de ETA.
Todos tenemos presente la imagen de Aceves intentando recomponer una teoría indefendible y todos sabemos, porque al día siguiente votamos, lo que costó al PP aquel burdo intento de manipulación de la verdad, que los españoles entendieron como una grave traición a su derecho a ser informados.
Queda claro que Rajoy y los suyos también lo recuerdan. Su silencio sobre la liberación de Zouhier, les delata y aunque estas víctimas que fueron las de todos, no merezcan siquiera unas palabras de apoyo por parte de este ejecutivo, la sociedad, que a diario demuestra que va por un camino diametralmente opuesto al que le marcan los populares, sí que siente en el alma la excarcelación de este oscuro individuo.
Sin aspavientos y sin manifestaciones ostentosas, todos estamos hoy con las familias de aquellos inocentes y ni siquiera necesitamos la solidaridad del gobierno. Al fin y al cabo, las cosas se toman, según de quién vienen.


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