Ofrece el programa El objetivo, de Ana Pastor, las imágenes
de una rueda de prensa en Francia, en la que el Presidente Holland es,
literalmente bombardeado, por un elevado número de periodistas, de todas las
tendencias ideológicas, con preguntas incómodas que recorren todos los ámbitos
que abarca su trayectoria profesional y personal, sin que el primer mandatario
francés se sienta, en ningún momento, molesto por ellas, a pesar de que se le
llega a exigir que conteste si la primera dama del país sigue siendo su esposa,
en relación con el último escándalo amoroso que hemos podido leer en los
periódicos, en los últimos días.
Viendo la escena y recordando después, cualquiera de las
comparecencias de Rajoy ante la prensa, una no puede sentir sino una envidia
insana del valor que los comunicadores del país vecino demuestran y una vergüenza insoportable, por el
comportamiento que nuestros periodistas arrastran desde hace demasiado tiempo,
dejando morir la emoción que puede arrancar en la opinión
pública, el ejercicio impecable de una profesión concebida en sí, para
denunciar todo aquello que el poder trata de esconder de manera sibilina y que
a veces sale a luz, sólo gracias a la investigación de algunos representantes
de la prensa.
Volviendo a las imágenes, no queda más remedio que
preguntarse de qué modo hubieran actuado, por ejemplo, estos periodistas
franceses, si su Presidente, en algún momento, les hubiera convocado a través
de una pantalla de plasma o hubiera, como Rajoy en tantos casos, pactado las
preguntas, únicamente con los representantes de un par de medios, ninguneando
al resto de los profesionales que esperaban escuchar sus respuestas en vivo y
en directo, como ha solido ser lo habitual, en el contacto entre los políticos
y la prensa.
Con toda probabilidad, de haberse producido esto, en
cualquier otra parte del mundo, el plante hubiera estado asegurado y la postura
esquiva del Presidente que se hubiera atrevido a proponerlo, habría sido
duramente criticada, hasta el punto de haberle costado el puesto.
Pero el servilismo ideológico demostrado por la mayoría de
los periodistas españoles, hace que conceder este tipo de incomprensibles
acciones, se haya convertido en algo rutinario que se acepta con sumisión,
colocando la credibilidad de los que transigen con ello, en niveles cercanos al
cero y dejando su prestigio laboral enterrado bajo un subsuelo manejado
exclusivamente por un poder que no admite libertades de informadores díscolos,
que puedan perturbar su cómoda posición de superioridad, en la que campan
abiertamente por sus respetos.
La independencia de los medios de comunicación, el valor de
preguntar sobre cualquier tema al Presidente de la Nación, hace tiempo que en
España, ha muerto.
Y lo que nos queda a los sufridos ciudadanos, no es otra cosa
que tener que hacer el ejercicio de leer entre las líneas que nos ofrecen los
periódicos de uno u otro signo, para
sacar conclusiones absolutamente personales sobre lo que vemos, sin que
en ningún momento los medios pongan en peligro, ejerciendo la libertad de
expresión, a Institución o persona de relevancia alguna, haya hecho lo que haya
hecho, aunque fuera constitutivo de delito.
Solo la red y los que ni siquiera reciben compensación
económica alguna por aventurar opiniones sin presiones de ningún tipo, nos
ofrece en España lo que debiera obligatoriamente ser, competencia exclusiva de
la Prensa y aunque nos duele profundamente reconocer la poca profesionalidad
con que se afronta el difícil momento que atravesamos, la evidencia de que la
mano del poder manipula palmariamente cualquier información que se ofrece, no
deja lugar a dudas sobre la pobreza de lo que se nos transmite y deja en
nuestra boca el regusto amargo de ser inferiores a ciudadanos de otros países,
que pueden creer al cien por cien, la veracidad de las noticias que se les
ofrecen.

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