lunes, 20 de enero de 2014

El valor de preguntar


Ofrece el programa El objetivo, de Ana Pastor, las imágenes de una rueda de prensa en Francia, en la que el Presidente Holland es, literalmente bombardeado, por un elevado número de periodistas, de todas las tendencias ideológicas, con preguntas incómodas que recorren todos los ámbitos que abarca su trayectoria profesional y personal, sin que el primer mandatario francés se sienta, en ningún momento, molesto por ellas, a pesar de que se le llega a exigir que conteste si la primera dama del país sigue siendo su esposa, en relación con el último escándalo amoroso que hemos podido leer en los periódicos, en los últimos días.
Viendo la escena y recordando después, cualquiera de las comparecencias de Rajoy ante la prensa, una no puede sentir sino una envidia insana del valor que los comunicadores del país vecino demuestran  y una vergüenza insoportable, por el comportamiento que nuestros periodistas arrastran desde hace demasiado tiempo, dejando  morir  la emoción que puede arrancar en la opinión pública, el ejercicio impecable de una profesión concebida en sí, para denunciar todo aquello que el poder trata de esconder de manera sibilina y que a veces sale a luz, sólo gracias a la investigación de algunos representantes de la prensa.
Volviendo a las imágenes, no queda más remedio que preguntarse de qué modo hubieran actuado, por ejemplo, estos periodistas franceses, si su Presidente, en algún momento, les hubiera convocado a través de una pantalla de plasma o hubiera, como Rajoy en tantos casos, pactado las preguntas, únicamente con los representantes de un par de medios, ninguneando al resto de los profesionales que esperaban escuchar sus respuestas en vivo y en directo, como ha solido ser lo habitual, en el contacto entre los políticos y la prensa.
Con toda probabilidad, de haberse producido esto, en cualquier otra parte del mundo, el plante hubiera estado asegurado y la postura esquiva del Presidente que se hubiera atrevido a proponerlo, habría sido duramente criticada, hasta el punto de haberle costado el puesto.
Pero el servilismo ideológico demostrado por la mayoría de los periodistas españoles, hace que conceder este tipo de incomprensibles acciones, se haya convertido en algo rutinario que se acepta con sumisión, colocando la credibilidad de los que transigen con ello, en niveles cercanos al cero y dejando su prestigio laboral enterrado bajo un subsuelo manejado exclusivamente por un poder que no admite libertades de informadores díscolos, que puedan perturbar su cómoda posición de superioridad, en la que campan abiertamente por sus respetos.
La independencia de los medios de comunicación, el valor de preguntar sobre cualquier tema al Presidente de la Nación, hace tiempo que en España, ha muerto.
Y lo que nos queda a los sufridos ciudadanos, no es otra cosa que tener que hacer el ejercicio de leer entre las líneas que nos ofrecen los periódicos de uno u otro signo, para  sacar conclusiones absolutamente personales sobre lo que vemos, sin que en ningún momento los medios pongan en peligro, ejerciendo la libertad de expresión, a Institución o persona de relevancia alguna, haya hecho lo que haya hecho, aunque fuera constitutivo de delito.
Solo la red y los que ni siquiera reciben compensación económica alguna por aventurar opiniones sin presiones de ningún tipo, nos ofrece en España lo que debiera obligatoriamente ser, competencia exclusiva de la Prensa y aunque nos duele profundamente reconocer la poca profesionalidad con que se afronta el difícil momento que atravesamos, la evidencia de que la mano del poder manipula palmariamente cualquier información que se ofrece, no deja lugar a dudas sobre la pobreza de lo que se nos transmite y deja en nuestra boca el regusto amargo de ser inferiores a ciudadanos de otros países, que pueden creer al cien por cien, la veracidad de las noticias que se les ofrecen.   



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