jueves, 13 de febrero de 2014

Pena de excomunión


Una vez más, la Iglesia Católica irrumpe en el panorama político español, no ya para expresar una opinión lícita sobre un tema de actualidad, sino para amenazar a sus fieles con el peor castigo que puede aplicarse sobre quienes siguen su doctrina y que no es otro, que la de ser excomulgado si desoyendo las órdenes de su pastor, aún sin tener en cuenta las circunstancias personales, participen de algún modo, en una práctica de aborto.
El dilema moral en que se coloca a las mujeres católicas que por las razones que fueren decidieran interrumpir un embarazo no deseado, en estricta aplicación de su libertad de elección, pasa porque  habrían  de plantearse que serían inmediatamente expulsadas de su Iglesia y despojadas abruptamente de la religión que eligieron como suya, además de todos los traumas que ya reporta tomar una medida como ésta. 
 Las continuas injerencias en los asuntos de Estado que viene practicando la curia española dependiente del Vaticano , muchas veces invadiendo terrenos que escapan de la estricta labor pastoral que debe caracterizar a una Iglesia, parecen recrudecerse precisamente, cuando los temas que se tratan inciden sobre situaciones que ocurren en un plano de intimidad y que debieran dirimirse exclusivamente en ese ámbito, sin convertirse en objeto de juicio, ni para los políticos, ni para los curas, que en nada conocen los motivos que mueven a cada cuál para tomar un cierto camino de sexualidad, o a decidir sobre el momento en que llegar a la maternidad, de un modo libre y consciente.
Como si la Edad Media no estuviera tan lejos como todos pensamos y la intolerancia inquisitorial que se practicaba en aquel tiempo siguiera presente entre todos nosotros, la voz huraña de la Iglesia y el dedo levantado de sus pastores , continúan avasallando a los feligreses desde los púlpitos, poniéndoles en claro que el Castigo Divino no es cosa del pasado y recordándoles que todo aquel, en este caso aquella, que se aparte del redil señalado, será apartado de la Comunidad, con saña y para siempre.
 Y esta actitud incomprensible, si tenemos en cuenta que España es constitucionalmente, un Estado laico, es tolerada y aplaudida por los conservadores que nos gobiernan, quizá porque coincide en el fondo y la forma, con los planteamientos esgrimidos desde que se asentaron en el poder, con la intención más que probable, de no abandonarlo nunca.
La soberbia y la inmisericordia, comunes a católicos y populares, cercenan sin embargo, la libertad de elección que cualquier ciudadano tiene, cuando se vive en Democracia y hacen del terror al castigo, un argumento continuamente utilizado para conseguir los fines previstos por unos y por otros y que serían esencialmente, poder conseguir una sumisión plena de los ciudadanos ante sus órdenes, sin dar derecho a réplica a los que sufrimos su tiránica forma de gobernar o la involución constante de la doctrina inamovible que se sigue en su Iglesia.
Y no basta con que las Leyes previstas hagan prácticamente imposible abortar en España, sino que además, el fantasma de la anacrónica excomunión perseguiría a la gente a través de las fronteras y salpicaría además a médicos, enfermeras, personal sanitario que intervinieran en el aborto y a todos aquellos que conociendo la intención de quien lo hiciere, le prestara algún tipo de apoyo o comprensión, aunque fuera simplemente, por una cuestión de caridad.

De locos.   

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