Parece que el Juez castro está dispuesto a mantener la imputación
de la Infanta Cristina en el caso Noos, al no haberle convencido ninguno de los
argumentos manifestados durante las
horas de la declaración que tuvo lugar en los Juzgados de Palma, durante la
mañana del día ocho, del presente mes.
La impecable labor que está llevando a cabo el Magistrado,
podría verse, sin embargo, empañada por el empecinamiento del Fiscal Horrach,
si son ciertas las suposiciones publicadas por la revista Interviú y como se
dice, se ha permitido enviar un documento a la defensa de la hija del Rey,
ofreciendo las claves necesarias para que pueda salir indemne, de su
enfrentamiento con la justicia.
La negativa de Horrach a la existencia de dicho documento, ha
sido inmediata, pero la mera sospecha de que dicha información pudiera ser
cierta, unida a la más que extraña actitud adoptada por el fiscal en este caso,
coloca sobre él todas las miradas de los medios informativos y de una
ciudadanía, atónita ante la machacona persistencia de Horrach, en demostrar la
inocencia de esta imputada, a pesar de que su obligación sería, precisamente,
la de buscar la manera de que la
acusación se mantuviera, tras el estudio de la multitud de indicios
existentes.
El solo pensamiento de que dicho documento pudiera ser real,
sin ser delito, pondría en tela de juicio todas las normas de la ética
profesional de este fiscal en concreto y vendría a sumarse a los muchos motivos
que ya tienen los españoles, para desconfiar del buen funcionamiento de la
justicia.
El enfrentamiento entre Castro y Horrach, que se ha
convertido en algo habitual desde que coincidieron en la instrucción de este
caso, llega a dar la impresión a los que miramos desde fuera de que el Fiscal
ha de tener, necesariamente, graves problemas personales con el Juez, o no se
entiende que con su actitud haga tambalearse todas las pautas de funcionamiento
de la justicia, únicamente con la intención de que la monarquía no tenga que
pasar el mal trago, de tener que ver a uno de los suyos sentarse en el
banquillo de los acusados y ser susceptible de ser condenado, si así se
entendiera, tras la celebración del juicio.
Pero si Cristina de Borbón no ha sido capaz de solventar airosamente las numerosas sospechas que la
relacionan con lo ocurrido en las Sociedades que regentaba con su marido, a
pesar de habérsele dado la oportunidad de aclarar ante el juez, todas las dudas
que la señalaban como conocedora de la marcha de estos negocios, la primera
obligación de quien lleva la causa no puede ser otra que la de mantener la
imputación y aconsejar su comparecencia en juicio, junto a los otros acusados
en relación con este caso.
Que las presiones externas han sido muchas y de toda índole,
no es un secreto para nadie y todos hemos podido ver y escuchar, incluso, al
mismísimo Presidente de nuestro Gobierno, defender la inocencia de Cristina,
ante las cámaras de televisión.
Pero las injerencias que se ha visto obligado a soportar el
Juez, no pueden borrar la contundencia de los hechos y el rastro de facturas
pagadas con dinero procedente de las Sociedades, unido a la insípida manera de
responder de la Infanta durante el interrogatorio, no hacen sino confirmar que
supuestamente, no solo sabe más de lo
que dice, sino también que podría estar ocultando valiosa información que
ayudaría sobremanera al esclarecimiento del caso, por amor, o por puro interés
personal, de no ser salpicada por la magnitud de este escándalo.
Y aún si como se
espera se mantuviera la imputación, tampoco estaríamos seguros de que se
hiciera efectiva contra ella la acción de la Ley. La extraña conjugación de
gente variopinta, interesada en que salga ilesa del trance, hace presagiar que
el culebrón no ha hecho más que empezar y que aún falta un largo camino por
recorrer, para que se demuestre con hechos, que la Justicia en este País,
podría empezar a ser igual para todos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario