martes, 18 de febrero de 2014

¿Motivos personales?


Parece que el Juez castro está dispuesto a mantener la imputación de la Infanta Cristina en el caso Noos, al no haberle convencido ninguno de los argumentos  manifestados durante las horas de la declaración que tuvo lugar en los Juzgados de Palma, durante la mañana del día ocho, del presente mes.
La impecable labor que está llevando a cabo el Magistrado, podría verse, sin embargo, empañada por el empecinamiento del Fiscal Horrach, si son ciertas las suposiciones publicadas por la revista Interviú y como se dice, se ha permitido enviar un documento a la defensa de la hija del Rey, ofreciendo las claves necesarias para que pueda salir indemne, de su enfrentamiento con la justicia.
La negativa de Horrach a la existencia de dicho documento, ha sido inmediata, pero la mera sospecha de que dicha información pudiera ser cierta, unida a la más que extraña actitud adoptada por el fiscal en este caso, coloca sobre él todas las miradas de los medios informativos y de una ciudadanía, atónita ante la machacona persistencia de Horrach, en demostrar la inocencia de esta imputada, a pesar de que su obligación sería, precisamente, la de buscar la manera de que la  acusación se mantuviera, tras el estudio de la multitud de indicios existentes.
El solo pensamiento de que dicho documento pudiera ser real, sin ser delito, pondría en tela de juicio todas las normas de la ética profesional de este fiscal en concreto y vendría a sumarse a los muchos motivos que ya tienen los españoles, para desconfiar del buen funcionamiento de la justicia.
El enfrentamiento entre Castro y Horrach, que se ha convertido en algo habitual desde que coincidieron en la instrucción de este caso, llega a dar la impresión a los que miramos desde fuera de que el Fiscal ha de tener, necesariamente, graves problemas personales con el Juez, o no se entiende que con su actitud haga tambalearse todas las pautas de funcionamiento de la justicia, únicamente con la intención de que la monarquía no tenga que pasar el mal trago, de tener que ver a uno de los suyos sentarse en el banquillo de los acusados y ser susceptible de ser condenado, si así se entendiera, tras la celebración del juicio.
Pero si Cristina de Borbón no ha sido capaz de solventar  airosamente las numerosas sospechas que la relacionan con lo ocurrido en las Sociedades que regentaba con su marido, a pesar de habérsele dado la oportunidad de aclarar ante el juez, todas las dudas que la señalaban como conocedora de la marcha de estos negocios, la primera obligación de quien lleva la causa no puede ser otra que la de mantener la imputación y aconsejar su comparecencia en juicio, junto a los otros acusados en relación con este caso.
Que las presiones externas han sido muchas y de toda índole, no es un secreto para nadie y todos hemos podido ver y escuchar, incluso, al mismísimo Presidente de nuestro Gobierno, defender la inocencia de Cristina, ante las cámaras de televisión.
Pero las injerencias que se ha visto obligado a soportar el Juez, no pueden borrar la contundencia de los hechos y el rastro de facturas pagadas con dinero procedente de las Sociedades, unido a la insípida manera de responder de la Infanta durante el interrogatorio, no hacen sino confirmar que supuestamente, no solo  sabe más de lo que dice, sino también que podría estar ocultando valiosa información que ayudaría sobremanera al esclarecimiento del caso, por amor, o por puro interés personal, de no ser salpicada por la magnitud de este escándalo.
  Y aún si como se espera se mantuviera la imputación, tampoco estaríamos seguros de que se hiciera efectiva contra ella la acción de la Ley. La extraña conjugación de gente variopinta, interesada en que salga ilesa del trance, hace presagiar que el culebrón no ha hecho más que empezar y que aún falta un largo camino por recorrer, para que se demuestre con hechos, que la Justicia en este País, podría empezar a ser igual para todos.



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