jueves, 20 de febrero de 2014

Una dimisión negociada


No le queda más remedio al PP que exigir la dimisión de Granados, tras la aparición en el Diario El Mundo de la existencia de su cuenta en Suiza, aunque a la hora en que escribo este artículo, el Senador no parece dispuesto a renunciar a su condición de aforado y continúa intentando defender una insostenible inocencia, alegando que la cuenta a que se alude fue cerrada en 2000 y que nada tenía que ver con sus funciones políticas.
Pero resulta altamente sospechoso que Suiza alerte a las autoridades españolas de una cuenta ya clausurada y que el dinero depositado allí proceda de otras fuentes que no sean las de los numerosos cargos que ha venido ocupando Granados en el Partido Popular.
Y sin embargo, el tira y afloja que se mantiene en el día de hoy entre el Senador y la Formación a la que pertenece, hace presagiar que la dimisión que se le exige será llevada a cabo, solo si las condiciones pactadas satisfacen a quien protagoniza esta historia, probablemente escarmentado por la soledad en que su Partido se atrevió a dejar a Luís Bárcenas una vez que fue detenido y que  él mismo aplaudió, a través de sus numerosas declaraciones a la prensa, en ese momento.
Pero el Partido popular no puede permitirse que esta persona siga ocupando el cargo que ocupa, si pretende que la campaña electoral que se avecina no se convierta en un chaparrón de acusaciones vertidas desde las filas de otras siglas y muy especialmente desde el PSOE, a quién el PP no ha parado de bombardear con dureza, desde que se destapara el caso de los ERE de Andalucía.
De todos es sabido lo que valen para los políticos un puñado de votos y que no se escatima en argucias para conseguirlos, sobre todo si la carnaza ofrecida por algún nombre de cierta relevancia entre las filas de los adversarios, es suficientemente jugosa y ofrece posibilidades de cercenar la credibilidad del discurso que en ese momento se vierte, desde los púlpitos de los Estadios.
No obstante, parece que Granados podría tener en su poder valiosísima información sobre los entresijos de su propio Partido y eso le convierte a la vez, en un elemento peligroso para la estabilidad interna y externa de los que son ahora nuestros gobernantes, por lo que la negociación sobre su marcha podría convertirse en un proceso largo y doloroso en el que, momentáneamente, no puede vislumbrarse un claro ganador.
De todos modos, se vaya o se quede Granados, el perjuicio será mucho más importante para el Partido que para él mismo. Si se queda, porque generaría una reacción inmediata por parte de la Oposición, que no dudará en hacer lo posible por denostar la postura de quienes permiten continuar en sus filas a un sospechoso de evadir impuestos y si se va, porque se correría el inasumible riesgo de que empezara a compartir confidencias con determinada prensa, deseosa de saber más sobre la presunta financiación ilegal del PP o el gravísimo asunto de los sobresueldos.
Nada se sabe de momento, sobre qué cartas tomará la Justicia en este asunto, pero si nos guiamos por lo ocurrido en el reciente caso de Bárcenas, Granados podría ser detenido en cualquier momento por la existencia de esa cuenta, si el aforamiento de que aún disfruta por su cargo de Senador no lo impide y puede probarse la coincidencia de ese millón y medio de euros, con alguna obra pública con la que haya tenido relación, seguramente durante sus años en la Alcaldía.
La enésima posición que ocupa Granados en la lista de los presuntos corruptos que militan en su Partido, no resta sin embargo, un ápice de interés a esta historia, sobre todo si se recurre a la hemeroteca para volver a recordar sus múltiples apariciones defendiendo la honestidad de la clase política o bien, justificando todas y cada una de las medidas de recorte llevadas a cabo por el Ejecutivo.
Solo se nos ocurre una explicación para la desfachatez de este individuo y no es otra que la de que debe poseer un elevado afán de protagonismo que no le deja resignarse a prescindir de acudir a los medios de Comunicación que han requerido de su presencia, por pura presunción de verse en la pantalla de la cadena que sea, opinando sobre temas de actualidad, de tú a tú, con prestigiosos periodistas.
A ver si ahora continúa en su línea de actuación y asiste sin demora a explicarnos a todos hasta el último detalle de la existencia de su cuenta suiza y sobre todo, cómo se puede obtener honradamente, en un país en crisis, millón y medio de euros, mientras el pueblo no consigue salir de la miseria. 


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