miércoles, 5 de febrero de 2014

Siempre los mismos nombres


Aguardando la declaración de la Infanta Cristina ante el juez Castro y con las noticias aparecidas sobre Álvarez Cascos aún frescas, la investigación sobre la trama Gurtel sigue arrojando luz sobre el destino de los fondos que se manejaban de manera ilícita, sacando a la luz, por enésima vez, nombres estrechamente relacionados con el PP, como el de Ana Mato o Francisco Camps, que ya fuera juzgado por el famoso asunto de los trajes.
Parece imposible que los políticos hayan podido olvidar del todo, como si padecieran una amnesia incurable, los grandiosos regalos que durante años fueron recibiendo de parte de Correa y los suyos y que no se trataban precisamente, de simples ramos de flores o cajas de bombones, sino como relata la policía en sus informes, de estancias en Hoteles de lujo de la Capital, como en el caso de Camps, o de obsequios sin identificar, pero cuyo valor se aproximaba a los tres mil euros, como en el caso de una hija de la hoy Ministra de Sanidad, Ana Mato.
Mucho se ha especulado sobre la existencia de estos fabulosos presentes, cuya existencia niegan cada vez que son consultados quienes supuestamente los recibieron, pero cuya cuantía, si se sumara, podría definirse como considerable y cuya intención, que en ningún momento se aclara, pudo deberse, con toda probabilidad, al pago de favores pasados o a una toma de decisiones futuras que reportaran algún tipo de jugoso negocio para quienes con tanta generosidad los hicieron.
Cuánto dinero se movió alrededor de la Gurtel, sigue siendo una incógnita que a todos nos gustaría resolver y parece difícil que incluso si se consiguieran hilar las innumerables pistas que han ido dejando los implicados en este caso de corrupción durante sus años dorados, pudiéramos conocer la verdad, así como el destino real que tuvieron los incontables beneficios que se generaron de esta presunta colaboración entre populares y las empresas que conformaban el meollo del entramado.
Pero resulta curioso que cada nueva vía que se abre en la investigación, acabe topando una y otra vez con los mismos nombres y que en  cada nuevo documento que aparece, estas mismas personas queden reflejadas, bien como perceptoras de sobresueldos por no se sabe qué concesiones, bien como  constantemente agasajadas a nivel personal y familiar, sin que se aclare nunca el motivo de tales regalos, ni ellas mismas diluciden por qué se avinieron a disfrutar de los mismos.
Y aunque los documentos lleguen a manos de la policía desde distintas procedencias o los proporcionen en este caso, detenidos por asuntos que en principio, nada tendrían que ver unos con otros, la presencia de estos personajes se convierte en una constante y da igual que los papeles los presenten Correa o Luis Bárcenas, por separado y sin haber preparado dichas entregas anteriormente.
Resulta pues extraño que Ana Mato o Camps, por ejemplo, no hayan sido aún imputados en relación con la Gurtel, ni nadie les haya exigido aún, una mayor contundencia en sus respuestas, aunque no sea más que para tratar de preservar la necesaria limpieza  que debe ser imperativa en el oficio de la política, que ambos practican y también por salvaguardar el derecho a una información veraz que todos los ciudadanos tienen, en cualquier Democracia.
Puede que al PP le parezca que estas cuestiones carecen de importancia, pero el desgaste de su imagen como Partido y la incomprensible tozudez que demuestran al mantener en sus filas y en cargos de verdadera importancia, a personajes como éstos, no tiene más remedio que acabar por pasarles factura, colocándoles más pronto que tarde, exactamente donde merecen.
Lo que está claro es que nadie ofrece regalos de esta índole a cambio de nada y que el atractivo personal de Camps y Mato, poco tendrá que ver en este asunto.
No es normal que las mismas personas levanten tal cantidad de sospechas, ni que en cada caso de corrupción que aparezca, llámese Noos, Gurtel, o Bárcenas, haya que requerir de su presencia en los juzgados para intentar una y otra vez, obtener de ellos mismos una explicación sobre sus extraños comportamientos.
La pregunta es: si Mato o Camps  recibieron estos regalos, ¿qué habrán merecido líderes de la categoría de Aznar o Rajoy, por la categoría de sus puestos?  






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