Tras vencer en la consulta sobre la reforma de la Ley del
aborto y aprovechando el revuelo que se generó ayer alrededor de este asunto en
el Congreso, el PP da un paso adelante en su disparatados métodos políticos y
propone robar a los jueces españoles su derecho a juzgar crímenes cometidos por
ciudadanos u organismos internacionales, fomentando una impunidad que puede
traer consigo una importante elevación de una serie de delitos de todo tipo,
sabiendo los delincuentes que aquí no podrán ser juzgados por la comisión de
los mismos.
Casos como el asesinato de José Couso, presuntamente a manos
de soldados americanos, durante la guerra de Irak, podrían ahora quedar
archivados en el fondo de algún cajón, para desdoro de unos familiares que
jamás verán satisfechas sus ansias de justicia.
Que el PP no quiere conflictos ni oposición alguna a la
gestión que está realizando desde su llegada al poder, no es ningún secreto, ni
coge por sorpresa a unos ciudadanos cada vez menos confiados en el funcionamiento
de la justicia, pero cuya opinión aún salvaba la labor de determinados jueces
que no se han dejado influir por la presión política y que aún continúan en sus
cargos ejerciendo con honradez la profesión que eligieron, con el único ánimo
de dirimir los casos, con plena equidad y en cumplimiento estricto de lo que
marcan las Leyes.
La intención de imputar al Presidente chino, en relación con
el genocidio del Tibet, parece haber sido el detonante de esta propuesta y el
afán de seguir luchando de la familia Couso por conocer la verdad de lo que
pasó en el Hotel Palestina, puede haber ayudado a los populares a hacer
promesas a determinados mandatarios con poder, asegurándoles con esta nueva
Ley, impunidad para sí mismos y todos aquellos a los consideran bajo el amparo
de sus respectivas banderas.
Pero es que el crimen del cámara, que todos pudimos ver en
directo, gracias al buen hacer periodístico de Jon Sistiaga, sigue siendo una
herida abierta en el corazón de los
españoles, que continúan deseosos de que
se juzgue a quienes se atrevieron a convertir en blanco de guerra un edificio
de carácter civil, en el que igualmente pudieran haber muerto muchas más
personas, de no haberse ofrecido a través de la televisión, las imágenes que
todos vimos y que dejaban claro que todo sucedió cuando Couso se encontraba,
por supuesto inerme y en total indefensión frente a la incomprensible
agresividad de sus asesinos.
Que esta propuesta coincida prácticamente en el tiempo con la
visita que hace pocas fechas realizó Rajoy a Estados Unidos y con su entrevista
con Obama, no deja de ser, al menos ciertamente sospechoso y dota de razón a los que piensan que la decisión puede
deberse a un compromiso personal de Rajoy con el líder estadounidense, en
desagravio por el alejamiento que se produjo entre ambas Naciones, en la época
de Zapatero.
Pero si esto es verdad, debe preocuparnos y mucho, que quién
es Presidente de nuestro país anteponga los intereses norteamericanos o chinos
a los de su propio territorio y sobre todo que no muestre ningún afán por
esclarecer lo que pueda ocurrir a los ciudadanos españoles, abandonando a la
familia de un fallecido en extrañísimas circunstancias a su suerte, mientras
les cierra las vías legales que podrían ayudar a que se hiciera justicia.
Pero todos sabemos de la probada obediencia de Rajoy a otras
banderas y de su sumisión a los mandatos de otros dignatarios, en detrimento de
todos nosotros, llámense Merkel u Obama, si con su amistad puede conseguir un
apoyo tácito a las medidas que ha venido aplicando, aunque con ellas lesione
directamente los derechos legítimos de los españoles o les hurte el amparo que
una justicia democrática debiera ofrecerles, como en el caso que nos ocupa.
No hay más que oír las declaraciones de las mujeres del PP,
antes de la votación sobre la retirada de la ley del aborto, para confirmar lo
que digo.
Todas votaron en contra, no ya porque pensaran que lo que se
contemplaba en dicha ley beneficiara el furo de las españolas, sino porque la
Propuesta la presentaba el PSOE, su enemigo de siempre.
La conciencia, el honor y lo que sea mejor para los
ciudadanos, por lo visto, carece de toda importancia.

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