Debe ser cierto que el poder
termina por nublar los sentidos o no se entiende que aquellos que lo
detentaron alguna vez, se muestren convencidos de que pueden huir impunemente
de sus acciones, sin que más tarde o más temprano acaben por acosarles las
consecuencias de haberlas cometido y mucho más, si rozaron la línea de la
ilegalidad o la traspasaron pensando que su cargo, aseguraba toda posibilidad
de que no se reclamara su deuda.
Pero un comportamiento inconsciente no garantiza que lo que
hicieron quede enterrado para siempre, ni que los que participaron con ellos en
determinados asuntos, si son descubiertos, se comprometan a un pacto de
silencio que salvaguarde la integridad ajena, sobre todo si sienten el peso de
la justicia directamente sobre la nuca e intuyen que facilitando información,
pueden obtener algún tipo de privilegio que rebaje el precio a pagar que les
exige la ley vigente.
Las secuelas del caso Gurtel, que a pesar de todo, parece
tener unas dimensiones mucho más graves de las que en principio podían
preverse, van persiguiendo a una serie de personajes que ya ni siquiera se
encuentran en primera línea política, pero que en su momento, tuvieron
presuntamente, un protagonismo feroz que
les mantiene atados de por vida, a una permanente sospecha.
Esto le ha pasado a Álvarez Cascos, que a pesar de haber
abandonado PP e incluso de haber pasado ya por los juzgados, para prestar
declaración sobre lo que sucedía en la sede de Génova cuando era Secretario
General del Partido, no consigue zafarse de verse periódicamente envuelto en la
tela de araña de la Gurtel, bien porque le mencionan los principales
protagonistas de la historia, como uno de los mayores perceptores de
sobresueldos, bien porque la siglas que corresponden a su nombre, aparecen
muchas veces reflejadas en los papeles de Bárcenas, por el mismo concepto.
De nada parece haber servido su aparente retiro de la
política, ni la aventura asturiana que protagonizó hace sólo unos años, ni
haber negado varias veces ante los medios, haber estado nunca implicado en los
casos que nos ocupan. El hecho de haber estado dónde estaba y siendo quién era,
en el momento en que ocurrieron los hechos, le sitúan irremediablemente en el
punto de mira de todas las investigaciones policiales y por ende, de la
justicia, que le reclama ahora, incluso después de tanto tiempo, una
explicación fehaciente sobre la índole de sus actividades de entonces en el
Partido Popular y de si se benefició o no de la percepción de cantidades
importantes de dinero negro, mientras ocupaba la Secretaría General, cuando
Aznar ocupaba la presidencia del
Gobierno.
Las fuerzas de seguridad del Estado no parecen tener dudas
sobre su estrecha relación con la Gurtel, ni de que las iniciales que aparecen
en los papeles de Bárcenas, a los que otorgan toda la credibilidad, se
corresponden con su nombre.
Y por ello, lo más probable, es que sea nuevamente requerido
por el juez para prestar declaración y hasta quizá, imputado durante los
próximos días, si al magistrado le parecen fiables las pruebas que le aporten las
pesquisas realizadas y finalmente, se consigue encontrar un vínculo certero
entre Cascos, Bárcenas y los detenidos, en relación con la trama.
De momento, no resulta fácil que Cascos pueda escapar
impunemente de los fantasmas de su pasado y menos aún, que consiga eludir la
acción de la justicia, sobre todo si finalmente el juez llegara a conseguir que
le sea retirado el aforo que le protege, en justa reclamación, si lo que se
pretende es aclarar en su totalidad la intrincada composición de esta trama,
cuyos tentáculos parecen estar arraigados por toda la geografía del país y cuya
dimensión real, probablemente, no llegue a saberse nunca.
A la espera de las declaraciones del ex Secretario General
del PP, ni el Partido al que perteneció y que hoy se encarga de gobernar
España, ni nadie, apuesta por la inocencia de quien fue un peso pesado de la
política y que hoy se encuentra, seguramente sin querer, en un olvido forzoso
que le deja en una total soledad, frente al grave problema que le acucia.
Tampoco estas sospechas contribuyen precisamente a las
aspiraciones electorales del PP, pues quiera o no, Cascos fue su Secretario
General durante demasiado tiempo y si llegara a probarse su culpabilidad, la
evidencia de que la financiación ilegal y el cobro de sobresueldos existieron,
se convertirían entonces en una evidencia.

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