lunes, 3 de febrero de 2014

La salida de Pedro J.


El cese fulminante del Director de El Mundo, un periódico que durante años ha mantenido una línea cercana al ideario de la derecha y que en el caso particular de Pedro J. Ramírez, ha sido muchas veces criticado por apoyar teorías de conspiración indefendibles, como en el caso de la autoría del 11M, acaba de demostrar sin ningún tipo de tapujos que la libertad de prensa no existe realmente en este País y que el PP no perdona, ni perdonará jamás una salida de tono de ninguno de sus allegados, llámese cómo se llame y tenga el poder que tenga.
La publicación de la entrevista con Bárcenas y  la defensa en todos los medios del cobro de sobresueldos, por parte de los dirigentes del PP, han sido sin duda el detonante que le ha costado el puesto al periodista, en un intento clarísimo de cercenar de raíz cualquier posibilidad de que siguiera publicando la supuesta información sobre el caso que probablemente le queda y que en nada ayuda, sobre todo cuando estamos a punto de entrar en periodo electoral, a los afanes de continuidad en el poder que alberga el Partido conservador y en concreto el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sobre quién recaen toda clase de sospechas de corrupción, según la versión aún incompleta, del ex tesorero.
Qué guarda Pedro J. en la manga, probablemente pronto lo sabremos, seguramente a través de cualquier otro medio interesado en publicar la información de primera mano y porque conociendo la trayectoria del protagonista del cese, no nos cabe la menor duda de que hará uso del resentimiento que ciertamente ha de provocarle su despido, aunque sólo sea por una cuestión personal y por tener la satisfacción de devolver el golpe recibido a quien nunca fue, la verdad, el candidato perfecto para dirigir el PP, según se ha demostrado muchas veces en las editoriales publicadas, más cercanas a las posiciones de Aznar y Esperanza Aguirre.
Pero las guerras internas entre simpatizantes y militantes del PP, sinceramente no nos interesan y sí, y mucho, el hecho de que se pueda destituir desde el poder a los directores de los periódicos, en cuanto la opinión expresada por éstos se opone a la línea de gobierno de determinada formación, intentando de este modo censurar el trabajo de los profesionales, de una forma aún peor de la que se daba cuando, en la época franquista se cerraba por orden gubernamental un medio, porque ahora, se supone, que vivimos en Democracia.
Mal vamos si se consienten estas prácticas y nadie alza la voz para denunciar estas mordazas, directamente aplicadas sobre las bocas de los informadores y mal futuro nos aguarda, si este tipo de experiencias se convierten en algo habitual y que sesga considerablemente el tipo de información que los ciudadanos finalmente recibiremos y el derecho que nos asiste a conocer la verdad, sea cual fuere, e implique a quién implique.
Algunas publicaciones, incluso, se atreven a sugerir una intervención de la casa Real en el cese, que unida a la desazón provocada en las altas esferas del PP, podrían haber acelerado la salida del periodista, que con toda seguridad, también había conseguido molestar al Rey, con su postura a cerca de la imputación de la Infanta.
La gravedad extrema de que estos hechos puedan producirse en momentos como el que vivimos, no deja de ser indicativa de qué tipo de sociedad gusta al gobierno de Rajoy y pone en claro hasta dónde sería capaz de llegar para conseguir “domesticarnos”, mientras detente el poder.
Por ello y aunque Padro J. Ramírez  nunca fue santo de nuestra devoción, no queda otro remedio que comprometerse ahora en su defensa, más que por ser quién es, por pertenecer a dónde pertenece.
Si se consigue acallar la voz de los informadores, los principios democráticos que deben regir a cualquier País libre, acabarán por ser inexistentes, acercando el modelo español a una especie de República bananera, en la que la única opinión válida, es la de quienes siguen como borregos los dictados del poder y como ya vivimos durante cuarenta años en una situación como ésta, no podemos sino negarnos a volver a esa oscuridad, incluso si quién pretende traérnosla, ha sido, como en el caso de Rajoy, elegido en las urnas.



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