Cómo afecta a la política de partidos, la llegada de un
periodo electoral, no es un secreto para nadie, ni incide en la credibilidad
que cada uno tiene de cara a los ciudadanos, por mucha novedad que se ofrezca,
con el evidente propósito de ganar, por cuantos más votos mejor, al resto de
los adversarios.
El golpe de efecto de Rubalcaba poniendo a Valenciano al
frente de las listas para las europeas, ha acelerado la elección del nuevo
representante del PP en Andalucía y hecho saltar el rumor de que Rajoy, con
toda probabilidad, se desprenderá en breve de unos cuantos ministros molestos,
con los que la ciudadanía en general, no muestra sino una indignación
continuada y sin precedentes.
Pero la misma teoría que avanzábamos el otro día para el PSOE
y su falta de imaginación para componer un argumento mejor que el de dar un
lavado de cara a su panorama general, conservando a la misma gente en los
mismos puestos, valdría también para este PP, cuya mendacidad ha alcanzado las
cotas más altas conocidas en nuestra Democracia y tampoco para él supondrá nada
el intento desesperado de esconder a los responsables directos de las más
enérgicas protestas, ya que todos sabemos que la política llevada a cabo por el
ejecutivo nunca hubiera sido posible, sin el apoyo tácito o declarado del mismo
Presidente.
Que Wert, Soria o Mato pasen a un segundo plano antes de la
campaña electoral y que el incombustible Arenas, perdedor impenitente de todos
los comicios a los que se ha presentado en Andalucía desaparezca por fin de la
vida de los andaluces, ni cambia la manera de pensar que Mariano Rajoy guarda
en su intimidad, ni es la panacea que aleje de nosotros el fantasma de los
recortes, ni la solución para la miseria que sufren los seis millones de
parados que se arrastran ante las oficinas del INEM, suplicando la oportunidad
de reincorporarse a un mundo laboral, seriamente dañado por la Reforma aprobada
por los conservadores.
Pero la premura del tiempo suele causar en los ineptos una
innegable inquietud por intentar arreglar todo aquello que ocurrió gracias a
sus crasos errores y hace que la imaginación trabaje a ritmo desaforado para
tratar de encontrar una vía de escape por la que evadirse de cuánto ha sido su
responsabilidad, sin haber sido solucionado nunca y que pesa como una losa
cuando unas nuevas elecciones precisan de la colaboración de los votantes, para
que algunos se reafirmen en el poder u otros lo consigan, si sus argumentos
logran convencer a los sufridos ciudadanos.
A veces, son tantas las mentiras que se vierten durante el
transcurso de una campaña electoral, que no queda otro remedio que tirar de
hemeroteca para cerciorarse de que lo que almacenamos en nuestra memoria como
un mal recuerdo, ocurrió de verdad y no ha sido fruto de nuestra imaginación, a
juzgar por el discurso que oímos en boca de determinados políticos.
Así que un cambio de gobierno en el caso del PP, no puede ni
debe hacernos olvidar todo lo que nos ha ocurrido, gracias a su gestión, en
estos últimos dos años. Ni las cifras de paro que padecemos, ni el intento
continuado de privatizar la Sanidad o la Educación, ni la bajada real de los
salarios y las pensiones, ni las escandalosas subidas de las energías, ni la
liberalización del despido o la aprobación de una amnistía fiscal para los
evasores de impuestos, ni la idea de cambiar la vigente Ley del aborto, nos lo
hemos inventado nosotros.
Tampoco han sido un espejismo, la proliferación de los desahucios en nuestro
País, ni la millonaria ayuda que se ha dedicado a la Banca, mientras los
españoles sufrimos la época más difícil conocida en varios siglos de nuestra
historia.
Cambiar las caras pues, es únicamente un gesto promovido con
la clara intención de volver a embaucar a unos cuantos incautos, incapaces de
ver más allá de sus propias narices, para conseguir nuevamente la confianza de
sus votos.
Pero si cada cual apela al simple ejercicio de ejercitar su propia memoria, poniendo en una
balanza su situación personal de hace unos años y la que corresponde al día de
hoy, toda la persuasión a que vamos a ser sometidos de aquí a que se celebren
las europeas, resultará para el PP, del todo inútil, sin dar los ansiados
frutos que supone saborear las mieles del poder, tan apetecido y valorado por
todos.
Prueben y juzguen ustedes mismos.

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