lunes, 17 de febrero de 2014

Un ejercicio de memoria


Cómo afecta a la política de partidos, la llegada de un periodo electoral, no es un secreto para nadie, ni incide en la credibilidad que cada uno tiene de cara a los ciudadanos, por mucha novedad que se ofrezca, con el evidente propósito de ganar, por cuantos más votos mejor, al resto de los adversarios.
El golpe de efecto de Rubalcaba poniendo a Valenciano al frente de las listas para las europeas, ha acelerado la elección del nuevo representante del PP en Andalucía y hecho saltar el rumor de que Rajoy, con toda probabilidad, se desprenderá en breve de unos cuantos ministros molestos, con los que la ciudadanía en general, no muestra sino una indignación continuada y sin precedentes.
Pero la misma teoría que avanzábamos el otro día para el PSOE y su falta de imaginación para componer un argumento mejor que el de dar un lavado de cara a su panorama general, conservando a la misma gente en los mismos puestos, valdría también para este PP, cuya mendacidad ha alcanzado las cotas más altas conocidas en nuestra Democracia y tampoco para él supondrá nada el intento desesperado de esconder a los responsables directos de las más enérgicas protestas, ya que todos sabemos que la política llevada a cabo por el ejecutivo nunca hubiera sido posible, sin el apoyo tácito o declarado del mismo Presidente.
Que Wert, Soria o Mato pasen a un segundo plano antes de la campaña electoral y que el incombustible Arenas, perdedor impenitente de todos los comicios a los que se ha presentado en Andalucía desaparezca por fin de la vida de los andaluces, ni cambia la manera de pensar que Mariano Rajoy guarda en su intimidad, ni es la panacea que aleje de nosotros el fantasma de los recortes, ni la solución para la miseria que sufren los seis millones de parados que se arrastran ante las oficinas del INEM, suplicando la oportunidad de reincorporarse a un mundo laboral, seriamente dañado por la Reforma aprobada por los conservadores.
Pero la premura del tiempo suele causar en los ineptos una innegable inquietud por intentar arreglar todo aquello que ocurrió gracias a sus crasos errores y hace que la imaginación trabaje a ritmo desaforado para tratar de encontrar una vía de escape por la que evadirse de cuánto ha sido su responsabilidad, sin haber sido solucionado nunca y que pesa como una losa cuando unas nuevas elecciones precisan de la colaboración de los votantes, para que algunos se reafirmen en el poder u otros lo consigan, si sus argumentos logran convencer a los sufridos ciudadanos.
A veces, son tantas las mentiras que se vierten durante el transcurso de una campaña electoral, que no queda otro remedio que tirar de hemeroteca para cerciorarse de que lo que almacenamos en nuestra memoria como un mal recuerdo, ocurrió de verdad y no ha sido fruto de nuestra imaginación, a juzgar por el discurso que oímos en boca de determinados políticos.
Así que un cambio de gobierno en el caso del PP, no puede ni debe hacernos olvidar todo lo que nos ha ocurrido, gracias a su gestión, en estos últimos dos años. Ni las cifras de paro que padecemos, ni el intento continuado de privatizar la Sanidad o la Educación, ni la bajada real de los salarios y las pensiones, ni las escandalosas subidas de las energías, ni la liberalización del despido o la aprobación de una amnistía fiscal para los evasores de impuestos, ni la idea de cambiar la vigente Ley del aborto, nos lo hemos inventado nosotros.
Tampoco han sido un espejismo,  la proliferación de los desahucios en nuestro País, ni la millonaria ayuda que se ha dedicado a la Banca, mientras los españoles sufrimos la época más difícil conocida en varios siglos de nuestra historia.
Cambiar las caras pues, es únicamente un gesto promovido con la clara intención de volver a embaucar a unos cuantos incautos, incapaces de ver más allá de sus propias narices, para conseguir nuevamente la confianza de sus votos.
Pero si cada cual apela al simple ejercicio de  ejercitar su propia memoria, poniendo en una balanza su situación personal de hace unos años y la que corresponde al día de hoy, toda la persuasión a que vamos a ser sometidos de aquí a que se celebren las europeas, resultará para el PP, del todo inútil, sin dar los ansiados frutos que supone saborear las mieles del poder, tan apetecido y valorado por todos.
Prueben y juzguen ustedes mismos.





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