En su afán por no perder
el tren del poder y aprovechando que la inmensa mayoría de los
ciudadanos no lee, a no ser por motivos estrictamente personales, el BOE, el PP
ha publicado el pasado sábado una nueva subida del recibo eléctrico, que nada tiene
que ver con el consumo y sí con la tarifa fija que todos nos vemos obligados a
pagar a las compañías.
Se produce esta subida con premeditación, alevosía y
nocturnidad, sin que ningún representante político se haya dignado a priori, a
informar a la opinión pública sobre ella y con el agravante de que cuando se
han visto en la obligación de reconocer lo que ya era un hecho, han vuelto a
incurrir en el error de decir que se beneficia a las familias con hijos, cosa
del todo incierta y que viene a ratificar la poca credibilidad que caracteriza
a este Gobierno.
Elevar el precio de la luz dos veces a lo largo de un mes, no
es precisamente una medida justa para los españoles y menos aún para aquellos
que ya no podían de ninguna manera, hacer frente al recibo mensual por este
concepto y que están pasando un invierno especialmente duro sin poder,
literalmente, hacer uso de la calefacción imprescindible para soportarlo
dignamente, como merecerían por derecho.
Pero como hemos dicho tantas veces, las empresas no tienen
corazón y por lo que estamos pudiendo comprobar en nuestra cotidianidad los
españoles, este gobierno, tampoco. Incapaces de tomar medidas contundentes que
acaben de un plumazo con el Oligopolio establecido por las empresas de la
energía, gravar a los sufridos consumidores con alzas de precios que se están
convirtiendo en inasumibles, es lo único que se le ocurre al PP para salir
airoso de una lucha, que pudo acabar hace tiempo, sobre todo si se tiene en
cuenta la capacidad que viene teniendo este ejecutivo para dictar Decretos,
como hemos podido comprobar en los dos años que lleva en el poder, a través de
cada uno de los recortes ejecutados por este método, sobre todos nosotros.
Y sin embargo, ese patriotismo del que tanto se presume queda
inmediatamente aniquilado cuando se trata de plantar cara a la usura de
determinadas empresas, en defensa de los españoles, que en el fondo, debiera
ser lo más importante para quienes alardean continuamente de estar haciendo lo
mejor para unas mayorías, cada vez más perjudicadas por la inoperancia que en
estos asuntos, demuestran Rajoy y los suyos.
La verdad es que los ciudadanos carecemos de toda importancia
para estos gobernantes y solo adquirimos cierta relevancia cuando durante los
periodos próximos a las elecciones, se procura convencernos de la manera que
sea, para que otorguemos nuestros votos.
Si llegamos o no a fin de mes, si sufrimos en carne propia
carencias esenciales o si vivimos permanentemente amenazados por la miseria,
queda absolutamente minimizado si los interlocutores a que los gobiernos tienen
enfrente gozan de una situación de poder económico, como sucede claramente, en
el sector energético.
Esta indefensión que padecemos y la manifiesta inutilidad demostrada
por quienes nos representan, nos coloca en un callejón sin salida del que
difícilmente podremos escapar, aún cuando decidiéramos unánimemente dejar de
consumir energía, porque aún les quedaría el recurso de volver a incrementar
los gastos fijos, como ha ocurrido en este momento.
Incomprensiblemente, Soria no está dispuesto a dimitir, ni
Rajoy a exigir su cese.

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