domingo, 9 de febrero de 2014

La esposa perfecta


La comparecencia de Cristina de Borbón ante el Juez Castro, en calidad de imputada en el caso Noos, a pesar de representar un hecho insólito en la Historia de España, debe considerarse como algo natural, si se tienen en cuenta las vicisitudes que rodean este desagradable asunto y se contemplan las múltiples sospechas que indican una participación activa en los negocios que compartía, al cincuenta por ciento, con Urdangarín y la interminable lista de facturas que pagó con dinero procedente de los pingues beneficios que reportaban estas Empresas.
A pesar de protagonizar ante la opinión pública una aparición milimétricamente preparada,  no solo gestualmente, sino también en el modo de responder a las preguntas y si me apuran, hasta en la austera forma de vestir, las casi siete horas que la Infanta permaneció en los juzgados de Palma y el interrogatorio a que fue sometida por Castro y también por el fiscal y las acusaciones particulares, ni arrojaron ninguna luz sobre sus actividades en el caso que nos ocupa, ni sirvió más que para intentar desesperadamente inculpar exclusivamente a Urdangarín de cuánto ha sucedido desde que fundara las empresas junto a su socio Diego Torres, hasta que sus auténticas actividades fueran descubiertas, demostrando que el ánimo de lucro  resultaba evidente y que con la evasión del capital obtenido de la rentabilidad de los negocios, había evitado pasar por la caja registradora de Hacienda, aportando a los Duques de Palma una fortuna personal incomprensible, en relación con los ingresos que se les conocían y que sí tributaban a las arcas del Estado.
La estrategia elegida por el Gabinete de Roca como defensa, coincide peligrosamente por la utilizada por otras mujeres, en otros casos de corrupción anteriores y pasa por pretender convencer al Juez de que todo se hizo por amor, sin preguntas y confiando ciegamente en la integridad personal de un marido que como después se ha comprobado, no tenía ningún escrúpulo en aprovechar su pertenencia a la familia real, para obtener una fortuna que permitiera a sí mismo y a su confiadísima esposa, vivir una existencia de lujos extremos y moverse a lo largo y ancho del mundo sin reparar en el costo de sus actos, todos ellos ligados para siempre, a las cuentas del caso Noos.
También como otras veces, nada ha importado a los abogados defensores poner en tela de juicio el nivel de inteligencia de su cliente, si la estupidez es la llave capaz de abrir las puertas de los calabozos, ni insistir en proclamar una especie de estado de amnesia, a causa del cual no se recuerdan ninguno de los actos protagonizados durante el periodo del que se habla, como si después de haber empleado auténticos capitales en divertimentos de todo tipo, una ola de olvido hubiera invadido sin remisión la mente de Cristina, a quién se convierte con este tipo de estrategia, en un ser anodino y sin voluntad, a quien su esposo manejaba y utilizaba para sus fines, sin ningún tipo de piedad ni cariño.
Toda la fidelidad que demostraba la infanta era, según consta, inversamente correspondida por Urdangarín, que tras la declaración del Sábado, se convierte en un monstruo sin miramientos, capaz de implicar despiadadamente a su mujer en un escandaloso caso de corrupción, con el agravante además de hacer uso de su apellido familiar, como elemento de presión para conseguir su enriquecimiento.
Pues bien, incluso en el hipotético caso de que fuera verdad lo que arguye Cristina, la lealtad también tiene un límite y si queda probada la dolosa utilización de que ha sido objeto esta mujer por parte de su pareja, lo incomprensible ahora, es que siga permaneciendo a su lado, conviviendo con él en aparente buena armonía y consintiendo en ver cómo se desmorona no sólo su imagen personal, sino también la de la Institución monárquica en pleno, sin mover un dedo para remediarlo.
Por tanto, la versión no nos cuadra. O consintió en los hechos y compartió las responsabilidades empresariales investigadas, o la traición de que fue objeto, merece otra contundencia en su respuesta.
Hace tiempo que la esposa perfecta no pasa por asumir un papel de sumisión absoluta, ni se conforma con vivir en una especie de limbo, al margen de las actividades profesionales de su cónyuge y sin otro objetivo vital que el disfrute de lo que llega a sus manos, sin preguntar su procedencia.

Así que las respuestas de Cristina, aunque no ha trascendido el contenido íntegro de los interrogatorios, con toda probabilidad, no habrán convencido a Castro de su pretendida inocencia y por tanto, es de presumir, que esta no será la única vez que la veamos pisando un juzgado, aunque por ser la primera, se haya convertido en un acontecimiento para todos nosotros. 

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