Mandar a Elena Valenciano a Europa, no le servirá a Rubalcaba
para mejorar sus resultados en los próximos comicios, ni servirá al PSOE para
salir del bache en que se encuentra, gracias a las últimas medidas tomadas por
el Gobierno de Zapatero, si no desaparecen del panorama político y en breve,
todos aquellos que puedan recordar a la ciudadanía la etapa final del último
mandato del partido que tantas puertas abrió a quién le sucedió en el poder,
para desgracia de todos nosotros.
La herencia de Zapatero, no sólo es el argumento más
utilizado por el PP, para justificar sus recortes, sino también el recuerdo
nefasto de la inauguración de una política que nada tendría que ver, en
principio, con nada que recuerde a la doctrina socialista y que a todos nos
pareció una rendición incondicional a las exigencias del capitalismo feroz que
reina a sus anchas en Europa y que defraudó enormemente a los electores que
habían confiado en que el PSOE siempre defendería los derechos sociales y la
dignidad para los trabajadores.
Alfredo Pérez Rubalcaba, estaba allí y no puede, de ninguna
manera, cambiar la que ha sido su historia. Su pertenencia al gobierno
anterior, ya en sí, representa que hubo un apoyo tácito a cuantas medidas se
tomaron entonces y hace dudar en todo momento de la veracidad de sus palabras
de ahora, ya que encontrándose en el poder, nada hizo por dar otro rumbo a los
primeros recortes que llegaron de la mano de quién entonces era su Presidente.
Y aunque Valenciano ocupó después el número dos y se ignora
hasta dónde podría llegar si consolidara su posición en el PSOE, el mero hecho
de estar en el mismo espacio que el viejo líder socialista, aferrado
inexplicablemente a su cargo, a pesar de la oposición de los suyos y de mucha
gente de fuera, ya supone un enorme hándicap
para ganar la confianza de un electorado, demasiado escarmentado de la
aventura del archiconocido bipartidismo.
Que el PSOE consiga remontar en las europeas es, no solo
bastante improbable, sino prácticamente imposible, mientras Rubalcaba no se
decida a abandonar definitivamente la secretaría general del partido, al que
perjudica sensiblemente, causando al ciudadano la sensación de no saber a quién
votar, sobre todo a los que desengañados de la gestión del PP, estén dispuestos
a cambiar su intención, paro siguen
encontrando en la formación socialista a las mismas personas de las que
abominaron en las últimas elecciones generales.
La cobardía de no querer asumir que existen otras opciones en
el panorama político español, puede ser la mejor baza para el PP en las
europeas, a la vez que el peor de los augurios para un PSOE que ha sido incapaz
de renovarse, en los dos años de esta legislatura. Ahora bien, si es verdad
como dicen algunos, que poner a Valenciano al frente de las listas para las
europeas es una forma de asegurarle un trabajo para los próximos cuatro años,
porque Rubalcaba está decidido a marcharse, la pregunta sería:
¿Importa más que Valenciano consolide su posición personal, o
que el PSOE protagonice un resurgimiento que le ofrezca la posibilidad de
volver a la primera línea de juego, en el panorama político español?
Sólo Alfredo Pérez Rubalcaba podría ofrecernos una respuesta.

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