martes, 11 de febrero de 2014

Una jugada imperfecta


Mandar a Elena Valenciano a Europa, no le servirá a Rubalcaba para mejorar sus resultados en los próximos comicios, ni servirá al PSOE para salir del bache en que se encuentra, gracias a las últimas medidas tomadas por el Gobierno de Zapatero, si no desaparecen del panorama político y en breve, todos aquellos que puedan recordar a la ciudadanía la etapa final del último mandato del partido que tantas puertas abrió a quién le sucedió en el poder, para desgracia de todos nosotros.
La herencia de Zapatero, no sólo es el argumento más utilizado por el PP, para justificar sus recortes, sino también el recuerdo nefasto de la inauguración de una política que nada tendría que ver, en principio, con nada que recuerde a la doctrina socialista y que a todos nos pareció una rendición incondicional a las exigencias del capitalismo feroz que reina a sus anchas en Europa y que defraudó enormemente a los electores que habían confiado en que el PSOE siempre defendería los derechos sociales y la dignidad  para los trabajadores.
Alfredo Pérez Rubalcaba, estaba allí y no puede, de ninguna manera, cambiar la que ha sido su historia. Su pertenencia al gobierno anterior, ya en sí, representa que hubo un apoyo tácito a cuantas medidas se tomaron entonces y hace dudar en todo momento de la veracidad de sus palabras de ahora, ya que encontrándose en el poder, nada hizo por dar otro rumbo a los primeros recortes que llegaron de la mano de quién entonces era su Presidente.
Y aunque Valenciano ocupó después el número dos y se ignora hasta dónde podría llegar si consolidara su posición en el PSOE, el mero hecho de estar en el mismo espacio que el viejo líder socialista, aferrado inexplicablemente a su cargo, a pesar de la oposición de los suyos y de mucha gente de fuera, ya supone un enorme hándicap  para ganar la confianza de un electorado, demasiado escarmentado de la aventura del archiconocido bipartidismo.
Que el PSOE consiga remontar en las europeas es, no solo bastante improbable, sino prácticamente imposible, mientras Rubalcaba no se decida a abandonar definitivamente la secretaría general del partido, al que perjudica sensiblemente, causando al ciudadano la sensación de no saber a quién votar, sobre todo a los que desengañados de la gestión del PP, estén dispuestos a cambiar su intención, paro  siguen encontrando en la formación socialista a las mismas personas de las que abominaron en las últimas elecciones generales.
La cobardía de no querer asumir que existen otras opciones en el panorama político español, puede ser la mejor baza para el PP en las europeas, a la vez que el peor de los augurios para un PSOE que ha sido incapaz de renovarse, en los dos años de esta legislatura. Ahora bien, si es verdad como dicen algunos, que poner a Valenciano al frente de las listas para las europeas es una forma de asegurarle un trabajo para los próximos cuatro años, porque Rubalcaba está decidido a marcharse, la pregunta sería:
¿Importa más que Valenciano consolide su posición personal, o que el PSOE protagonice un resurgimiento que le ofrezca la posibilidad de volver a la primera línea de juego, en el panorama político español?
Sólo Alfredo Pérez Rubalcaba podría ofrecernos una respuesta.


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