lunes, 2 de septiembre de 2013

Una pura indecencia


En pleno fragor de la crisis y sin pensar un solo momento en las consecuencias que para muchos millones de españoles ha producido la pérdida de empleo y hasta la de su misma dignidad, el que podría considerarse como el primer Club de fútbol del país, el Real Madrid para más señas, paga ciento un millones de euros por el fichaje de un jugador, empeñado en formar un equipo que le aporte una etapa de triunfos como las de antaño cuando paseaban con copas de Europa y de liga por todo el mundo, presumiendo de una españolidad que aquí siempre fue considerada como próxima a las derechas.
Los jugadores de fútbol, que se han convertido en una pura mercancía en manos de los especuladores que han encontrado un filón de negocio en la punta de sus botas, son actualmente intercambiados entre los equipos más poderosos a cambio de cifras astronómicas, que constituyen una pura indecencia si se tiene en cuenta la situación de gravedad en que nos movemos y en el caso de los clubs españoles, sus inconmensurables deudas con Hacienda.
Pero este deporte es la droga capaz de adormecer con su efecto las conciencias de las masas e impide que su preocupación por la creciente pérdida de derechos y por la precariedad laboral, provoque un estallido social de dimensiones incalculables y parece ser considerado por los gobiernos de los países totalmente al margen de la Ley, quizá porque les proporciona un impagable servicio, convirtiendo a los ciudadanos en títeres embelesados que llenan las gradas de los campos y se calman ante las pantallas de televisión que retransmiten los encuentros.
No duelen prendas a los Presidentes de Clubes en invertir capitales en la captación de figuras que aseguren la continuidad de sus prósperos negocios, al mismo tiempo que va creciendo la factura que adeudan a las arcas públicas, de las que dependen, por ejemplo, el buen funcionamiento de los servicios sociales que ahora son negados a los más desfavorecidos, por evidente falta de fondos.
La ausencia de decoro, al presumir ante los medios de comunicación de lo que pagan por los nuevos fichajes, dice mucho de la catadura moral de estos empresarios que han deteriorado el deporte, hasta el punto de convertirlo en algo bien distinto de la finalidad que realmente debería moverlo y muy lejos de la posición altruista que siempre caracterizó a los atletas, desde que exhibían sus habilidades en los estadios del país heleno, allá en la antigüedad.
Mientras los niños españoles empiezan a sufrir desnutrición, por la falta de medios de sus padres para poder ofrecerles al menos, una comida al día, Bale es presentado en el Estadio Bernabéu con honores de rey, como si en sus manos estuviera el destino del mundo.
Si esto es justicia social, habrá que cambiar con urgencia el sistema que permite  que estas cosas sucedan.




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