En pleno fragor de la crisis y sin pensar un solo momento en
las consecuencias que para muchos millones de españoles ha producido la pérdida
de empleo y hasta la de su misma dignidad, el que podría considerarse como el
primer Club de fútbol del país, el Real Madrid para más señas, paga ciento un
millones de euros por el fichaje de un jugador, empeñado en formar un equipo
que le aporte una etapa de triunfos como las de antaño cuando paseaban con
copas de Europa y de liga por todo el mundo, presumiendo de una españolidad que
aquí siempre fue considerada como próxima a las derechas.
Los jugadores de fútbol, que se han convertido en una pura
mercancía en manos de los especuladores que han encontrado un filón de negocio
en la punta de sus botas, son actualmente intercambiados entre los equipos más
poderosos a cambio de cifras astronómicas, que constituyen una pura indecencia
si se tiene en cuenta la situación de gravedad en que nos movemos y en el caso
de los clubs españoles, sus inconmensurables deudas con Hacienda.
Pero este deporte es la droga capaz de adormecer con su
efecto las conciencias de las masas e impide que su preocupación por la
creciente pérdida de derechos y por la precariedad laboral, provoque un estallido
social de dimensiones incalculables y parece ser considerado por los gobiernos
de los países totalmente al margen de la Ley, quizá porque les proporciona un
impagable servicio, convirtiendo a los ciudadanos en títeres embelesados que
llenan las gradas de los campos y se calman ante las pantallas de televisión
que retransmiten los encuentros.
No duelen prendas a los Presidentes de Clubes en invertir
capitales en la captación de figuras que aseguren la continuidad de sus
prósperos negocios, al mismo tiempo que va creciendo la factura que adeudan a
las arcas públicas, de las que dependen, por ejemplo, el buen funcionamiento de
los servicios sociales que ahora son negados a los más desfavorecidos, por
evidente falta de fondos.
La ausencia de decoro, al presumir ante los medios de
comunicación de lo que pagan por los nuevos fichajes, dice mucho de la catadura
moral de estos empresarios que han deteriorado el deporte, hasta el punto de
convertirlo en algo bien distinto de la finalidad que realmente debería moverlo
y muy lejos de la posición altruista que siempre caracterizó a los atletas, desde
que exhibían sus habilidades en los estadios del país heleno, allá en la
antigüedad.
Mientras los niños españoles empiezan a sufrir desnutrición,
por la falta de medios de sus padres para poder ofrecerles al menos, una comida
al día, Bale es presentado en el Estadio Bernabéu con honores de rey, como si
en sus manos estuviera el destino del mundo.
Si esto es justicia social, habrá que cambiar con urgencia el
sistema que permite que estas cosas
sucedan.

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