lunes, 23 de septiembre de 2013

La erótica del poder


Las personas que no damos ninguna importancia a lo material y que pensamos que el mundo finalmente se mueve a golpe de latidos del corazón, nunca comprenderemos que otras que no coinciden en nada con lo que pensamos, encuentren en el poder un sitio en el que asentarse a perpetuidad, sin que para ellos cuente la honestidad de estar cumpliendo bien con su deber  o si la eficacia de su labor está dando los frutos apetecidos, que en caso de quienes se dedican a las labores políticas, está en relación directa con la opinión y el bienestar de los ciudadanos.
Muchos como el Rey Juan Carlos, ni siquiera tienen en cuenta la decencia de considerar como un serio hándicap su edad, o las dolencias físicas que impiden un desarrollo normal de su cometido, cometiendo además un imperdonable pecado de soberbia, eligiendo en los tiempos que corren, la vía de la Sanidad privada para que se le `practiquen una serie bastante larga de operaciones, a pesar de que la Medicina Pública cuenta en su haber con un enorme prestigio internacionalmente reconocido y de que las facturas que originan tales intervenciones quirúrgicas, son costeadas por los paupérrimos bolsillos de todos los españoles.
Mal ejemplo da este Monarca permaneciendo en un cargo que le lleva viniendo grande desde hace mucho tiempo y demostrando a este pueblo que nunca le eligió un inconmensurable desprecio al emplear los fondos comunes en un elevadísimo gasto personal, mientras  toda la sociedad lucha encarnizadamente para que nuestro modelo sanitario no desaparezca y dando con su actitud la razón al gobierno de Mariano Rajoy, a pesar de que su obligación es la de mantener la neutralidad, gobierne el partido que gobierne.
Si la erótica del poder impide a este anciano, a quién ya ni siquiera sostienen sus piernas, entender que ha llegado el momento de retirarse con cierta dignidad, incluso para convencer a los cada vez más antimonárquicos que forman parte del pueblo español, quizá haya llegado el momento de que el Parlamento proponga algún modo de hacerle saber que su tiempo ha pasado y que, por muchas razones, debiera abandonar, para bien de todos nosotros y de sí mismo, dada la mala imagen que está ofreciendo en los últimos tiempos y el daño que con ella está haciendo a la caduca institución a la que pertenece, que muchos consideramos fuera de lugar, en pleno siglo  XXI.
Pero esto no ocurrirá, estando al frente de la Nación los populares, empeñados en adular al monarca, a pesar de lo indefendible que resulta ya su argumento y dispuestos, como siempre a defenderlo como símbolo de una mal entendida españolidad, que como la misma realidad que pretenden vendernos, no existe en la cotidianidad que vivimos.
Entretanto, no les parece un pecado mortal exigir a los enfermos crónicos absurdos pagos, ni mermar el poder adquisitivo de los jubilados con un pensionazo encubierto, ni negar la ayuda a los dependientes, arguyendo que es necesario ahorrar, cuando la monarquía dilapida los recursos de todos, en clínicas privadas, con instalaciones de cinco estrellas y médicos traídos del extranjero, a los que los demás no tendríamos derecho.
La nefasta mayoría absoluta con que cuenta Rajoy, hará imposible sacar adelante cualquier tipo de reprobación que pudiera encauzar esta barbarie y, por tanto, que salga a la luz, como otras veces, lo que el pueblo piensa sobre este asunto o el deseo cada vez más generalizado,  de convertir al País en una República, como correspondería a la época en que vivimos.
Los dos años que faltan para que se vuelvan a celebrar elecciones, por este motivo y por otros muchos que todos conocemos, se nos harán eternos.


  

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