Las personas que no damos ninguna importancia a lo material y
que pensamos que el mundo finalmente se mueve a golpe de latidos del corazón,
nunca comprenderemos que otras que no coinciden en nada con lo que pensamos,
encuentren en el poder un sitio en el que asentarse a perpetuidad, sin que para
ellos cuente la honestidad de estar cumpliendo bien con su deber o si la eficacia de su labor está dando los
frutos apetecidos, que en caso de quienes se dedican a las labores políticas,
está en relación directa con la opinión y el bienestar de los ciudadanos.
Muchos como el Rey Juan Carlos, ni siquiera tienen en cuenta
la decencia de considerar como un serio hándicap su edad, o las dolencias
físicas que impiden un desarrollo normal de su cometido, cometiendo además un
imperdonable pecado de soberbia, eligiendo en los tiempos que corren, la vía de
la Sanidad privada para que se le `practiquen una serie bastante larga de
operaciones, a pesar de que la Medicina Pública cuenta en su haber con un enorme
prestigio internacionalmente reconocido y de que las facturas que originan
tales intervenciones quirúrgicas, son costeadas por los paupérrimos bolsillos
de todos los españoles.
Mal ejemplo da este Monarca permaneciendo en un cargo que le
lleva viniendo grande desde hace mucho tiempo y demostrando a este pueblo que
nunca le eligió un inconmensurable desprecio al emplear los fondos comunes en
un elevadísimo gasto personal, mientras toda
la sociedad lucha encarnizadamente para que nuestro modelo sanitario no
desaparezca y dando con su actitud la razón al gobierno de Mariano Rajoy, a
pesar de que su obligación es la de mantener la neutralidad, gobierne el
partido que gobierne.
Si la erótica del poder impide a este anciano, a quién ya ni
siquiera sostienen sus piernas, entender que ha llegado el momento de retirarse
con cierta dignidad, incluso para convencer a los cada vez más antimonárquicos
que forman parte del pueblo español, quizá haya llegado el momento de que el
Parlamento proponga algún modo de hacerle saber que su tiempo ha pasado y que,
por muchas razones, debiera abandonar, para bien de todos nosotros y de sí
mismo, dada la mala imagen que está ofreciendo en los últimos tiempos y el daño
que con ella está haciendo a la caduca institución a la que pertenece, que
muchos consideramos fuera de lugar, en pleno siglo XXI.
Pero esto no ocurrirá, estando al frente de la Nación los
populares, empeñados en adular al monarca, a pesar de lo indefendible que
resulta ya su argumento y dispuestos, como siempre a defenderlo como símbolo de
una mal entendida españolidad, que como la misma realidad que pretenden
vendernos, no existe en la cotidianidad que vivimos.
Entretanto, no les parece un pecado mortal exigir a los
enfermos crónicos absurdos pagos, ni mermar el poder adquisitivo de los
jubilados con un pensionazo encubierto, ni negar la ayuda a los dependientes,
arguyendo que es necesario ahorrar, cuando la monarquía dilapida los recursos de
todos, en clínicas privadas, con instalaciones de cinco estrellas y médicos traídos
del extranjero, a los que los demás no tendríamos derecho.
La nefasta mayoría absoluta con que cuenta Rajoy, hará
imposible sacar adelante cualquier tipo de reprobación que pudiera encauzar
esta barbarie y, por tanto, que salga a la luz, como otras veces, lo que el
pueblo piensa sobre este asunto o el deseo cada vez más generalizado, de convertir al País en una República, como
correspondería a la época en que vivimos.
Los dos años que faltan para que se vuelvan a celebrar
elecciones, por este motivo y por otros muchos que todos conocemos, se nos
harán eternos.

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