El juez encargado del caso Noos, que demuestra una envidiable
profesionalidad que para sí quisieran muchos de nuestros juristas, está
recibiendo amenazas que al parecer se han extendido además, a la persona de su
esposa, según publica hoy el diario El Mundo, sin que se sepa, hasta el momento,
nada sobre la autoría de los acosos, ni el fin que pretenden con estos métodos
mafiosos que emplean para atemorizar al magistrado.
Y sin embargo, conocer la identidad de estos acosadores
podría resultar esclarecedor para saber a quién o quienes representan y cuál de
los casos de Castro es el que atrae tan desmedido interés, como para llegar a
delinquir procurando que el Juez abandone el asunto o para que cambie la línea
de investigación que sigue, dejando al margen a algunos implicados, que bien
podrían ser personas relevantes, sabiendo como sabemos, que cree firmemente en
una justicia igualitaria.
Otra parte de la prensa, de tradición monárquica, destaca hoy
en relación a Castro, que pasó cincuenta minutos tomando café con una abogada
de la acusación particular en el caso Urdangarín, y por ello reclaman
tácitamente que se le aparte del
proceso, a pesar de que el encuentro se produjo por casualidad, en una terraza
y ante los ojos de todos los transeúntes que en ese momento pasaron por allí.
Si las presiones que está recibiendo el juez tienen o no que
ver con este asunto, es una incógnita sin resolver, al menos de momento, aunque
ya conocemos la férrea oposición que recibió, incluso por parte de la propia
fiscalía, cuando decidió imputar a la Infanta.
No se tiene en cuenta, no obstante, la opinión positiva que
sobre el trabajo de Castro tienen las clases populares, que han visto en este
Juez un resquicio de luz, en medio de la extensa negritud que reina hoy en el
mundo de la justicia y que esperan de corazón que la rectitud con que ha
emprendido la resolución de este asunto, termine por dar fruto y pague quien
tenga que pagar, llámese como se llame y ostente el rango que ostente.
En el caso hipotético de que el juez estuviera siendo
amenazado precisamente por este caso y al no saber si los acosadores le han
hecho llegar de alguna manera sus exigencias , habría que reflexionar
seriamente sobre el auténtico origen de los que instigan estos actos y no
ofrecer nuevas oportunidades de que se sigan practicando, aunque el juez
necesitara protección.
No parece probable que las amenazas procedan de ninguna
corriente monárquica teniendo en cuenta el momento que viven los miembros de la
Casa Real y la pérdida de popularidad
que han sufrido de un tiempo a esta parte.
Más probable parece,
que los delincuentes hubieran sido contratados por alguien en la sombra,
con el fin de provocar una situación de angustia en el magistrado, sobre todo
si se han atrevido también a conminar a su familia, que debe ser, como para
todos los mortales, el punto débil de este hombre, que no hace otra cosa que
cumplir estrictamente con su obligación.
Son tantos los frentes abiertos por el juez en este enrevesado
caso de corrupción, que las sospechas de las amenazas podrían recaer sobre
cualquiera de los muchos implicados en el tema y que no son precisamente, cacos
de tres al cuarto procedentes de familias desestructuradas de los arrabales de
la ciudad.
Los intereses que se vienen moviendo alrededor de este
asunto, bien podrían, de continuar Castro resuelto a conocer la verdad de lo
sucedido, afectar seriamente no solo a las personas directamente relacionadas
con él, sino a los mismos cimientos de una Monarquía, muy tocada ya por los
desmanes que se cometieron ante sus mismos ojos, sin que se les prestara
atención o se denunciara su ilegalidad, ante los organismos competentes.
Cuidar la integridad del Juez Castro y la de los suyos, es
hoy la causa de todos los españoles y
nuestro apoyo a su manera de actuar ha de ser, en estos momentos, claro y
contundente.
Si se han sacado ciento cincuenta millones de las arcas del
Estado, para fletar tres Aviones a Buenos Aires en apoyo de la fallida
candidatura olímpica, bien se podrá sacar lo necesario para dotar de
guardaespaldas a Castro, porque lo necesita.

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