Ahora que Ana Botella ha caído en desgracia, en parte por el
astrónomico fracaso de su gestión para traer los Juegos Olímpicos de 2020 a
Madrid, en parte por el espantoso ridículo que ha hecho en Buenos Aires,
empeñándose en hablar un Inglés de andar por casa, que debe haber aprendido de
memoria el día antes de su discurso, vuelve a la palestra la aparentemente
retirada Esperanza Aguirre, empeñados algunos medios, en que sea candidata a la
Alcaldía de la Capital, en las próximas elecciones Municipales.
Pero ese no es el plan que
una buena parte de los suyos tienen en mente para el futuro de la ex Presidenta,
sino otros que dependen, directamente, del curso que siga a partir de ahora el
caso abierto de Bárcenas y si de finalmente, Mariano Rajoy se viera o no
obligado a dimitir, debido a su implicación en este asunto.
Esperanza siempre tuvo sus ojos puestos en un cargo más alto
y toda su carrera y los enfrentamientos declarados que a lo largo de ella ha
tenido con quien ahora es Presidente de la Nación y algún que otro Ministro,
como Gallardón, evidencian que su ambición la lleva a desear explícitamente
instalarse en La Moncloa, apoyada por el núcleo de su partido más cercano a la
extrema derecha, que encabeza el ex presidente Aznar y algún que otro elemento
que ya otras veces hemos mencionado y que ven en ella una embajadora perfecta
de los principios fundamentales de su ideología, con su peyorativa españolidad
por bandera.
También el diario El Mundo de Pedro J. estaría a favor de
esta opción, a juzgar por el interés que demuestra en probar la culpabilidad de
Rajoy y los suyos en el asunto de los sobresueldos, que les ha puesto en bandeja
de plata el cambio en la cabecera del PP
que tanto deseaban y que se les escapó de las manos cuando el ahora Presidente
obtuvo en las urnas la mayoría absoluta que le puso al frente del Gobierno de
la Nación.
La desastrosa gestión de Rajoy es también una buena baza para
que Aguirre alcance el estrellato, seguramente utilizando la estrategia de que
no hay más remedio que salvar al País de los rumores de corrupción que pululan
en torno al Presidente, e incluso apoyándose en el argumento de que los seis
millones de parados que deja Rajoy como herencia, hacen del todo imposible su
continuidad al frente de su Partido y mucho menos de la Nación, que necesita
urgentemente un cambio de política, con caras nuevas que aparentemente, nada
tengan que ver, ni con Bárcenas, ni con los papeles de la discordia que El
Mundo ha publicado recientemente.
Pero si piensa Aznar que podrá manejar desde la sombra a
Esperanza, desengañado de no haber podido hacerlo con Rajoy, se equivoca.
En cierto modo, las cosas entre ellos estarán bien, hasta que
Aguirre consiga hacerse con el poder…y luego, ya veremos.
No se caracteriza la ex Presidenta de Madrid, precisamente, por guardar fidelidad a nadie y mucho menos
por compartir parcelas que le resten protagonismo o mermen sus posibilidades de
decisión en asuntos de capital importancia, sobre todo si el personaje adolece
de autoritarismo y un fuerte ego que intente ensombrecer el brillo de un cargo
que siempre deseó, aunque para ello haya tenido que dejar en el camino, a
cualquiera que entorpeciera su proyecto.
Así que aunque se ha reservado el derecho de opinar sobre la
Alcaldía, empleando la astucia para no criticar a la esposa de quien estos
momentos constituye un pilar en sus planes de futuro, lo que suceda en los
próximos meses será de una importancia capital en la decisión que finalmente se
vea obligada a tomar Aguirre, desde su retiro forzoso.
Otra cosa es que los ciudadanos le den su confianza, pero esa
es una historia que trataremos, según se vayan produciendo noticias sobre ello.

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