lunes, 16 de septiembre de 2013

La novia más hermosa


Anda mi hija pequeña apurando sus últimos días de soltería, con un trasiego de quehaceres que por una vez en su vida, son capaces de acaparar toda su atención y con esa palidez sonrosada que se instala en el rostro sin quererlo, cuando uno ve que se acerca la hora de dar un gran paso en la vida, aunque conservando una serenidad que siempre la caracterizó, en cada uno de sus momentos difíciles.
Se le adivina cierta preocupación por la seriedad del asunto y por la imposibilidad de poder prever si la celebración transcurrirá, sin eventualidades, por el camino trazado y como un halo de pequeña felicidad, al poder cumplir uno de sus más íntimos sueños, rodeada de todos aquellos que por azares del destino, formamos parte de sus querencias.
Un silencio cómplice se ha instalado cómodamente entre  nosotros y el objetivo común de procurar bienestar a la novia, se hace fuerte en todos los aspectos cotidianos, suavizando los nervios propios y los arrebatos de ira tan comunes en esta familia, fomentando una deseada tolerancia que, por alguna razón, nos hace parecer  un poco mejores de lo que somos en realidad, convirtiéndose en un propósito de enmienda que nos gustaría prolongar durante el resto de nuestras vidas.
Queda en mi hija aún esa fragilidad de la infancia que produce la extraña sensación de que no ha transcurrido el tiempo y que refleja ahora mismo en sus ojos, toda la maravilla de estar descubriendo una ilusión, sin dejar que se escape entre sus dedos la posibilidad de disfrutarla, convirtiéndola en una aventura que habrá de quedar el recuerdo, asentándose en la memoria para siempre, como algo irrepetible.
Al fin y al cabo, los actos de amor, la valentía de vivirlos y asumirlos y batallar por ellos y evocarlos cuando nos invade el desaliento, no son, sino una osadía que pone a prueba la voluntad de los seres humanos y la más grande solidaridad con otro a que se pudiera llegar, a pesar de los siglos transcurridos a lo largo de toda nuestra historia.
Así que cuando por fin llegue el momento y ella avance con paso firme hacia su futuro, apoyándose solamente en la firmeza de los ojos de quien la espera, sin duda será para nosotros, la novia más hermosa del mundo y la sonrisa de los dos, el más dulce instrumento para alcanzar el cielo de la felicidad, que existe, lo prometo.




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