Ahora que la Ley Wert
está dejando fuera del sistema de Becas a todos aquellos estudiantes
españoles que no alcancen una nota media de seis y medio, la aparición de los
resultados de las encuestas que califican la actuación de los líderes
políticos, no deja otro remedio que establecer una comparación, teniendo en
cuenta que somos los ciudadanos quienes, con nuestros fondos, “becamos” la permanencia
de estos últimos en las Instituciones del Estado, al menos durante los cuatro
años que dura una legislatura y en algunos casos, de manera casi vitalicia, a
juzgar por el tiempo que permanecen en sus puestos.
Resulta vergonzoso que mientras se establecen diferencias
clasistas entre los estudiantes sin recursos y los que disponen de ellos, que
solo necesitan un cinco para pasar de curso, los dirigentes de los principales
Partidos del País obtengan, según la opinión pública, notas que no llegan al tres
y sin embargo, continúen ejerciendo sus cargos y aspirando a hacerlo en
elecciones venideras, sin que algún mecanismo legal posibilite a la ciudadanía
exigir su dimisión inmediata, al no haber alcanzado una media digna en el
cumplimiento de sus funciones, que sería lo deseable, para cualquiera que
dependa económicamente de la contribución de los ciudadanos a través de los
impuestos y cuya misión específica debiera ser, exclusivamente, procurar el
bien de las mayorías.
Volviendo a la comparación, si se tuvieran en cuenta los
números que aportan los resultados de las últimas encuestas, ni uno solo de
nuestros políticos merecería, según Wert, que el Estado continuase financiando
el desarrollo de su carrera, incluida la
del propio Ministro de Educación, que obtiene la calificación más baja
de las otorgadas, a saber, sin llegar al uno y medio.
Y sin embargo, una y otra vez, personajes como Rajoy o
Rubalcaba, que distan mucho de acercarse siquiera al cinco que los ricos
necesitan para pasar de curso, se atreven a encabezar las listas electorales de
cuántas elecciones generales se celebran, pretendiendo vender lo indefendible
como triunfo y los errores como algo que tuvieron que hacer por exigencia de un
guión que ellos mismos escribieron, a espaldas de todos nosotros.
¿Sabe Wert que su Presidente de Gobierno dista mucho de ser
un político de los que él gustaría de llamar “de excelencia” y que sus notas
corresponden a ese grupo de mediocres que, de aplicarse aquí su Ley, habrían de
financiarse por sus medios la permanencia, al no estar a la altura de lo que
les exige la sociedad?.
¿Sabe que todos los miembros del Gobierno a que pertenece ni
siquiera llegan al tres, en las calificaciones que les otorga el pueblo
soberano y que, por tanto, ninguno de ellos se haría, según su criterio, con
ninguna de las becas que las Arcas públicas otorgan, a partir de este año?
Y si lo sabe…¿Cómo puede mirar a la cara de los miles de
universitarios españoles a los que este año ha dejado fuera del sistema de
becas, negándoles la posibilidad de continuar sus estudios y convirtiendo el
principio de igualdad, en un mero recuerdo de un pasado cercano?.
Al fin y al cabo, invertir en
educación es, claramente, invertir en futuro, pero invertir en políticos
cuya labor trae como resultado seis millones de desempleados y una pérdida de
derechos sin precedentes, es, a todas luces, un inaceptable despilfarro que
además, con la corrupción que padecemos, nos acerca peligrosamente a la
bancarrota.

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