La paupérrima política de Becas que prevé el gobierno de
Rajoy a partir de este curso y que deja sin la posibilidad de acceder a una
carrera Universitaria, por motivos estrictamente económicos, a miles de jóvenes
españoles, empieza a dar lugar a una serie de soluciones in extremis, que
tratan desesperadamente de paliar la irrecuperable pérdida de cerebros que
dejará en un futuro al país, huérfano de todos aquellos talentos que se
desaprovecharon, a causa de unos recortes que se ceban una y otra vez con los
más desfavorecidos.
Los rectores de unas cuantas Universidades han lanzado la
idea de apadrinar a un universitario, copiando la campaña que cierta ONG lleva
a cabo desde hace varios años en los países del tercer mundo y que en el caso
que nos ocupa, se trataría de costear los estudios a aquellos chicos cuyas
familias carecieran de medios para financiar la carrera,
aunque por su valía y por su esfuerzo, ellos merecieran la oportunidad
de cursarla, a pesar de que el Estado se la niega.
La medida ha levantado inmediatamente un mar de críticas por
parte de los defensores de la Ley Wert, que siguen empeñados en defender las
posturas innegablemente clasistas de este Ministro, negándose a reconocer la
evidencia de que ya en el Curso que empieza, una multitud de estudiantes o no
podrán sufragar los gastos que ocasiona acudir a la Universidad, o tendrán que
abandonar sus carreras, por el mismo motivo.
En medio del empobrecimiento general que nos ha regalado esta
crisis, las familias, que han visto reducidos sus ingresos o los han perdido en
su totalidad, a causa del altísimo desempleo que sufrimos, han de establecer
necesariamente prioridades a la hora de consumir y no les queda otro remedio
que poner por delante los gastos de manutención y, en muchos casos, hasta los
hipotecarios, si no quieren ser víctimas de la insaciable avaricia de los
bancos y acabar siendo desahuciados, como ya ha sucedido a muchos miles de
nosotros.
Pero no queda más remedio que dudar de que la buena voluntad
de los ricos vaya a pasar por invertir sus fondos personales en formar a los
hijos de los obreros a los que la situación actual ha colocado en el umbral de
la miseria, ya que si, como sería natural, no olvidaran su procedencia, una vez
formados, podrían llegar a convertirse en un azote para sus benefactores, si se
colocaran del lado de los que están dispuestos a luchar por derechos de clase
que se han ido perdiendo en los últimos tiempos.
Otra cosa sería si la inversión reportara algún beneficio
fiscal de consistencia a los posibles padrinos o fuera un modo de blanquear
capital sin que nadie hiciera preguntas sobre la procedencia del dinero, como
ocurre con ciertas Fundaciones que todos conocemos y a las que no viene ahora
al caso referirse.
Vergüenza debiera darle al Gobierno que haya que recurrir a
iniciativas como ésta, en un País que
hasta hace poco lideraba la excelencia de una Educación Pública libre e
igualitaria, que tan buenos profesionales ha dado en todos los campos , como
demuestra la consideración en que se
tiene a nuestros Licenciados y Doctores, fuera de nuestras fronteras.
Pero está claro que ni a Rajoy ni a los suyos les interesa,
sino denostar el modelo educativo español, para iniciar, igual que en la
Sanidad, una paulatina privatización del mismo, esta vez, en connivencia con la
Iglesia católica, que copa casi todas las vertientes de la enseñanza concertada
en el País y que ha encontrado en ella un filón de adoctrinamiento, además de
un negocio rentable que reporta a las arcas vaticanas pingues beneficios.
Ya nos gustaría a los españoles no tener que recurrir a
padrinos y que la situación de la Educación continuara exactamente como está,
más que nada porque cuando las cosas se hacen bien, no merece la pena tocarlas.
Los que procedemos de la Educación Pública avalamos el éxito
de la misma. Luchamos mucho y duro por desterrar el clasismo de las aulas y
conseguimos que entre nuestros hijos y los de los acaudalados no hubiera
diferencias por motivos de economía y que las aulas de las Universidades
españolas albergaran en iguales condiciones, al príncipe y al mendigo.
Y al hilo de la propuesta lanzada por los Rectores ¿no sería
buena idea que Bárcenas, Urdangarín y todos los corruptos que han saqueado las
arcas del Estado se convirtieran, obligatoriamente, en los padrinos de la nueva
generación de Universitarios españoles?

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