Sin haber podido evitar que los periodistas estadounidenses
preguntaran directamente por el caso Bárcenas, a pesar de haberlo intentado, Mariano
Rajoy presume abiertamente de que España ha salido de la recesión, esperanzado,
tal vez, en que a causa de la distancia, los innumerables conflictos sociales
que ebullen en el País, no se conozcan en la Nación más poderosa del mundo,
ahora que ha conseguido susurrarle a Obama al oído, que su apoyo será incondicional,
en cualquiera de las acciones que emprenda.
A dos años de la convocatoria de nuevas elecciones generales
y gravemente deteriorada su popularidad, a causa de la agresividad de la
política que viene practicando, tratar de convencer de que su Reforma Laboral y
los inaceptables recortes practicados desde su llegada al poder, empiezan a dar
fruto, se ha convertido en la más absoluta prioridad de los populares, si no
quieren sufrir una hecatombe de tales dimensiones, que incluso ponga en peligro
su continuidad como Partido, en cuanto los españoles vuelvan a ser llamados a
las urnas.
Pero los brotes verdes de los que alardea el Presidente no
solo no han empezado a crecer en este jardín, cuya visión no puede ser más
desoladora para los que habitamos en él, sino que ni siquiera se adivinan, si
se atiende a las graves carencias que soportamos a diario los españoles,
fundamentalmente los seis millones de desempleados que luchan sin tregua por
encontrar una ocupación, sin que nadie les dé siquiera esperanza de lograrlo,
ni ahora, ni en un plazo largo de tiempo.
La prima de riesgo y la evolución positiva de los mercados,
que como todos sabemos suelen ser fácilmente manipulables, chocan frontalmente
con las carencias básicas que padecen los ciudadanos y con la drástica
reducción del consumo que ha traído consigo el empobrecimiento generalizado que
nos ha regalado la crisis y también con una pérdida de derechos sociales y
laborales sin precedentes, que nadie duda en adjudicar al modo de gobernar de
los populares y a Rajoy, en concreto.
Nadie aquí tiene siquiera,
la sensación de haber tocado fondo y el temor a que todo
pueda seguir empeorando hasta caer a los niveles de lo que ocurre en Chipre o
en Grecia, se ha convertido en un clamor popular que no puede acallar
fácilmente la petulancia de la plana mayor del PP y menos aún, el intento
desesperado de sofocar el estruendo de un caso Bárcenas, que los españoles no
pueden ni quieren perdonar, al haberse producido de modo paralelo, a las
exigencias de sacrificios que les hacían, los mismos que, presuntamente,
cobraban los sobresueldos.
Ya se oye a Rajoy sin dar crédito a ninguna de sus palabras y
se le ve, como un mal sueño del que todos estamos deseando despertar, con la
indignación que produce que la nefasta mayoría absoluta que obtuvo en las
urnas, no deje ninguna manera de poder hacerlo, hasta que no termine su periodo
de mandato.
¿Qué se puede esperar de alguien para quién la creación de 31
puestos de trabajo es considerada una gran victoria, mientras se mantiene una
cifra de seis millones de desempleados, un millón, fruto directo de su gestión,
desde que en 2011 ganara las elecciones?
¿Qué pueden esperar médicos, funcionarios, jubilados,
estudiantes, profesores, preferentistas, mineros, dependientes físicos y
psíquicos, pequeños y medianos empresarios, comerciantes y trabajadores en
general, de alguien que ha incumplido todas sus promesas electorales y que ha
convertido su bienestar en pura incertidumbre, a base de inapelables decretos?
¿Qué se puede esperar de quien se oculta a los medios de
comunicación y se niega sistemáticamente
a dar explicaciones en el Parlamento sobre el caso más grave de corrupción
conocido en España y que ha ocurrido a escasos metros del despacho en que
desarrolla su labor diaria, implicándole personalmente en una red de mentiras
que se han ido probando una a una, sin que, de momento, haya habido
consecuencias de ningún tipo, para ninguno de los implicados en esta enrevesada
trama que todavía se investiga?
Puede que las palabras del Presidente consigan el objetivo de
convencer a los grandes magnates europeos y norteamericanos de esta oportuna
presunción de que la recesión ha terminado y hasta puede que a base de
repetirlo, él y los suyos lleguen a creer en lo que dicen, viviendo como viven,
una realidad virtual muy distinta a la que vivimos a pie de calle, pero a los
que nadamos contra corriente, procurando sobrevivir al naufragio que ha
producido las decisiones de este gobierno, no nos queda otro remedio que
disentir sonoramente de las opiniones del Presidente y seguir exigiendo, como
podamos, que se nos restablezca la dignidad que se nos robó, envuelta en cada
uno de los derechos arrebatados por la fuerza, durante sus dos años de
gobierno.
Puede que finalmente, el peso de la verdad, termine por
aplastar sin piedad a estos encantadores de serpientes y no les quede otro
remedio que huir apresuradamente y desaparecer de nuestras vidas, para no
volver.
Ojala.

No hay comentarios:
Publicar un comentario