domingo, 29 de septiembre de 2013

Los falsos brotes verdes


Sin haber podido evitar que los periodistas estadounidenses preguntaran directamente por el caso Bárcenas, a pesar de haberlo intentado, Mariano Rajoy presume abiertamente de que España ha salido de la recesión, esperanzado, tal vez, en que a causa de la distancia, los innumerables conflictos sociales que ebullen en el País, no se conozcan en la Nación más poderosa del mundo, ahora que ha conseguido susurrarle a Obama al oído, que su apoyo será incondicional, en cualquiera de las acciones que emprenda.
A dos años de la convocatoria de nuevas elecciones generales y gravemente deteriorada su popularidad, a causa de la agresividad de la política que viene practicando, tratar de convencer de que su Reforma Laboral y los inaceptables recortes practicados desde su llegada al poder, empiezan a dar fruto, se ha convertido en la más absoluta prioridad de los populares, si no quieren sufrir una hecatombe de tales dimensiones, que incluso ponga en peligro su continuidad como Partido, en cuanto los españoles vuelvan a ser llamados a las urnas.
Pero los brotes verdes de los que alardea el Presidente no solo no han empezado a crecer en este jardín, cuya visión no puede ser más desoladora para los que habitamos en él, sino que ni siquiera se adivinan, si se atiende a las graves carencias que soportamos a diario los españoles, fundamentalmente los seis millones de desempleados que luchan sin tregua por encontrar una ocupación, sin que nadie les dé siquiera esperanza de lograrlo, ni ahora, ni en un plazo largo de tiempo.
La prima de riesgo y la evolución positiva de los mercados, que como todos sabemos suelen ser fácilmente manipulables, chocan frontalmente con las carencias básicas que padecen los ciudadanos y con la drástica reducción del consumo que ha traído consigo el empobrecimiento generalizado que nos ha regalado la crisis y también con una pérdida de derechos sociales y laborales sin precedentes, que nadie duda en adjudicar al modo de gobernar de los populares y a Rajoy, en concreto.
Nadie aquí tiene  siquiera, la  sensación  de haber tocado fondo y el temor a que todo pueda seguir empeorando hasta caer a los niveles de lo que ocurre en Chipre o en Grecia, se ha convertido en un clamor popular que no puede acallar fácilmente la petulancia de la plana mayor del PP y menos aún, el intento desesperado de sofocar el estruendo de un caso Bárcenas, que los españoles no pueden ni quieren perdonar, al haberse producido de modo paralelo, a las exigencias de sacrificios que les hacían, los mismos que, presuntamente, cobraban los sobresueldos.
Ya se oye a Rajoy sin dar crédito a ninguna de sus palabras y se le ve, como un mal sueño del que todos estamos deseando despertar, con la indignación que produce que la nefasta mayoría absoluta que obtuvo en las urnas, no deje ninguna manera de poder hacerlo, hasta que no termine su periodo de mandato.
¿Qué se puede esperar de alguien para quién la creación de 31 puestos de trabajo es considerada una gran victoria, mientras se mantiene una cifra de seis millones de desempleados, un millón, fruto directo de su gestión, desde  que en 2011 ganara las elecciones?
¿Qué pueden esperar médicos, funcionarios, jubilados, estudiantes, profesores, preferentistas, mineros, dependientes físicos y psíquicos, pequeños y medianos empresarios, comerciantes y trabajadores en general, de alguien que ha incumplido todas sus promesas electorales y que ha convertido su bienestar en pura incertidumbre, a base de inapelables decretos?
¿Qué se puede esperar de quien se oculta a los medios de comunicación y  se niega sistemáticamente a dar explicaciones en el Parlamento sobre el caso más grave de corrupción conocido en España y que ha ocurrido a escasos metros del despacho en que desarrolla su labor diaria, implicándole personalmente en una red de mentiras que se han ido probando una a una, sin que, de momento, haya habido consecuencias de ningún tipo, para ninguno de los implicados en esta enrevesada trama que todavía se investiga?
Puede que las palabras del Presidente consigan el objetivo de convencer a los grandes magnates europeos y norteamericanos de esta oportuna presunción de que la recesión ha terminado y hasta puede que a base de repetirlo, él y los suyos lleguen a creer en lo que dicen, viviendo como viven, una realidad virtual muy distinta a la que vivimos a pie de calle, pero a los que nadamos contra corriente, procurando sobrevivir al naufragio que ha producido las decisiones de este gobierno, no nos queda otro remedio que disentir sonoramente de las opiniones del Presidente y seguir exigiendo, como podamos, que se nos restablezca la dignidad que se nos robó, envuelta en cada uno de los derechos arrebatados por la fuerza, durante sus dos años de gobierno.
Puede que finalmente, el peso de la verdad, termine por aplastar sin piedad a estos encantadores de serpientes y no les quede otro remedio que huir apresuradamente y desaparecer de nuestras vidas, para no volver.

Ojala. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario