Atrapados aún por la magia de la boda de nuestra hija,
reencontrarse con la indignación que producen los temas políticos se convierte
en una ardua labor de la que sería preferible escapar, por aquello de mantener
el equilibrio mental en niveles tolerables y conservar fresco el regusto a
felicidad que deja en la boca el afecto de tantos amigos.
Pero la actualidad no da tregua al descanso y la maquiavélica
actitud de quienes nos gobiernan, empecinados en hacernos creer la realidad
virtual que han fabricado para alienar a las masas, convierte en imprescindible
una continuidad en el trabajo, si uno no quiere quedarse descolgado de lo que
acontece o perder la oportunidad de contar la verdad, a los que esperan a
diario la lectura de esta pequeña crónica.
Con el caso Bárcenas estancado en un incómodo compás de
espera y el Rey a punto de ser operado en su clínica de cinco estrellas, la
nueva subida del recibo de la luz copa hoy las primeras páginas de todos los
periódicos, exprimiendo un poco más el pobre poder adquisitivo de los
españoles, mientras Rajoy se empeña en
seguir manteniendo que hemos salido de la crisis, aunque sólo él y los suyos,
están convencidos de ello.
Valencia rechaza la imputación de Barberá y Camps en el caso
de Urdangarín, como era de esperar, estando esta Comunidad bajo el gobierno de
los populares, asestando un a nueva puñalada al intento de esclarecer la verdad
que está llevando a cabo el Juez Castro, enfrentándose con valor a la presión
permanente de fiscales que más parecen abogados defensores del yerno del rey,
que acusadores públicos, pagados por todos los españoles para que se dediquen,
estrictamente, a la labor que les corresponde.
La victoria de Merkel en las elecciones alemanas, por otra
parte, no trae precisamente buenos augurios para nuestro futuro y vierte un
jarro de agua helada sobre los territorios del sur de Europa, que esperaban con
cierta candidez un mejor resultado para los social demócratas, a ver si de
algún modo, eran capaces de frenar los delirios de grandeza de la líder
teutona, que tantos disgustos viene ocasionando a los hermanos pobres de la
Comunidad Europea.
Dos señoras consiguen sorprenderme esta mañana en la sala de
espera de un Ambulatorio, haciendo una descripción precisa y contundente de la
situación que atravesamos y demostrando, como alguna vez ya hemos dicho, que
las clases populares comprenden perfectamente lo que ocurre, sin tragarse el
cebo envenenado que ponen a la altura de su boca los dirigentes populares, de
los que por cierto, abominan, al sentirse estafadas por el incumplimiento de
todas sus promesas electorales.
Reconozco mi indiscreción al haber puesto los cinco sentidos en escuchar esta conversación
privada, pero diré en mi favor, que cuando habla la voz del pueblo yo, al
contrario que quienes forman la élite que nos gobierna, pongo atención, aprendo
y recabo material para poder escribir, ofreciendo protagonismo a las víctimas
de nuestra actual historia.
Alguien tiene que hacerlo.

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