Con un pronóstico de precipitaciones intensas para el fin de
semana y el anuncio de un Otoño que llega, habiéndose gestado caliente durante
todo el Verano, la perspectiva de escribir sobre la impresentable imagen que
España proyecta en la mente de muchos europeos, se hace incómoda, atosigante y
fastidiosa, empujándome a la tentación de escapar por la ventana, siguiendo el
camino de las nubes.
Escudriñando en mi interior , en un intento a la desesperada
por edulcorar la realidad que nos rodea, me pierdo en disquisiciones absurdas
que mas que reportarme la iluminación de una idea, convierten en empalagosos
los pensamientos, rozando una mediocridad que consigue despertar los fantasmas
del miedo.
Pero siempre fue así en todos los otoños y solo necesito
adecuar el sistema a la nueva estación y reciclar la sangre que ebulle por mis
venas para surgir después, en forma de simples palabras, si es que logro
enlazarlas, de modo que logren despertar el interés de algún lector de infinita
paciencia.
Habrá tiempo de bandear los temporales, evitando que su
fuerza descomunal nos arrastre y de ser contundente con los que nos roban la
verdad y que han conseguido hacer de nuestras vidas, lugares inciertos en los
que habitamos sin conocer apenas la felicidad.
Pero hoy es hoy, ahora, este momento y no existe otra cosa
que mi soledad nocturna y la firme decisión de esperar despierta hasta que
llueva.

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