Después de haber prometido mil veces, durante y tras la
campaña electoral, que las pensiones eran intocables, Rajoy no se ha atrevido a
recortar descaradamente los sueldos de los jubilados, como se ha hecho en el
caso de los funcionarios y se ha buscado un subterfugio, apoyado en las
recomendaciones de un esperpéntico Comité de Expertos, para mermar
considerablemente su poder adquisitivo, sin que parezca que lo hace.
Pero como ya hemos dicho en infinidad de ocasiones, el tiempo
en que la ignorancia era la pauta generalizada que caracterizaba al pueblo
español, pasó y gracias a los conocimientos que hemos adquirido, a través de nuestra bien ganada Enseñanza
Pública, casi todos nosotros somos capaces hoy de leer un documento y
entenderlo a la perfección, por mucho que quieran maquillar su contenido, para
hacernos ver otra cosa.
Desvincular la subida anual de las pensiones del IPC y establecer un único aumento del 0,5% anual
en todas ellas, sería aceptable si el mismo gobierno que decreta la medida se
encargara de que los precios se mantuvieran inalterables durante los próximos
veinte años.
Pero dependiendo como dependemos de las fluctuaciones del
mercado de los combustibles y de las alteraciones continuas que sufren las bolsas de este Sistema Global,
mucho nos tememos que los productos a consumir continuarán encareciéndose y que
llegará un momento en que los bolsillos de los pensionistas no podrán costear,
ni siquiera los entendidos como artículos de primera necesidad.
Como en otras muchas
áreas que tienen que ver con los derechos sociales, en esta también se intuye
un enorme paso atrás, a pesar de que nuestros jubilados han trabajado con
ahínco durante toda la vida para asegurarse un retiro sin sobresaltos.
Y aunque a Rajoy no parece importarle si la vida de los
mayores transcurrirá a partir de ahora con la inquietud que van a producir las
carencias, haría bien en recordar que los pensionistas de este País representan
la nada desdeñable cifra de siete millones de votos y que quienes los emitan en
un futuro, no olvidarán con facilidad quién fue el artífice de su pobreza.
No menciona el Decreto, sin embargo, qué sucederá con el
retiro de los políticos, que suelen disfrutar vitaliciamente de pagas
descomunales con las que no habrán de preocuparse jamás por su futuro ni por el
de los suyos.
Y a pesar de que muchos de ellos merecen por su mala gestión
entrar a formar parte de la larga lista de desempleados con que contamos en la
actualidad, la realidad es que incluso en la agónica situación en que nos
encontramos, ninguno de ellos renuncia a su posición, pero exigen a los
ciudadanos más y más sacrificios.
Un motivo más para no volver a creer en ningún discurso que
se nos ofrezca y mucho menos aún en las futuras promesas de los populares, que
como verán, nunca se cumplen.

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