miércoles, 18 de septiembre de 2013

Un "pensionazo" encubierto


Después de haber prometido mil veces, durante y tras la campaña electoral, que las pensiones eran intocables, Rajoy no se ha atrevido a recortar descaradamente los sueldos de los jubilados, como se ha hecho en el caso de los funcionarios y se ha buscado un subterfugio, apoyado en las recomendaciones de un esperpéntico Comité de Expertos, para mermar considerablemente su poder adquisitivo, sin que parezca que lo hace.
Pero como ya hemos dicho en infinidad de ocasiones, el tiempo en que la ignorancia era la pauta generalizada que caracterizaba al pueblo español, pasó y gracias a los conocimientos que hemos adquirido,  a través de nuestra bien ganada Enseñanza Pública, casi todos nosotros somos capaces hoy de leer un documento y entenderlo a la perfección, por mucho que quieran maquillar su contenido, para hacernos ver otra cosa.
Desvincular la subida anual de las pensiones del IPC  y establecer un único aumento del 0,5% anual en todas ellas, sería aceptable si el mismo gobierno que decreta la medida se encargara de que los precios se mantuvieran inalterables durante los próximos veinte años.
Pero dependiendo como dependemos de las fluctuaciones del mercado de los combustibles y de las alteraciones continuas que  sufren las bolsas de este Sistema Global, mucho nos tememos que los productos a consumir continuarán encareciéndose y que llegará un momento en que los bolsillos de los pensionistas no podrán costear, ni siquiera los entendidos como artículos de primera necesidad.
 Como en otras muchas áreas que tienen que ver con los derechos sociales, en esta también se intuye un enorme paso atrás, a pesar de que nuestros jubilados han trabajado con ahínco durante toda la vida para asegurarse un retiro sin sobresaltos.
Y aunque a Rajoy no parece importarle si la vida de los mayores transcurrirá a partir de ahora con la inquietud que van a producir las carencias, haría bien en recordar que los pensionistas de este País representan la nada desdeñable cifra de siete millones de votos y que quienes los emitan en un futuro, no olvidarán con facilidad quién fue el artífice de su pobreza.
No menciona el Decreto, sin embargo, qué sucederá con el retiro de los políticos, que suelen disfrutar vitaliciamente de pagas descomunales con las que no habrán de preocuparse jamás por su futuro ni por el de los suyos.
Y a pesar de que muchos de ellos merecen por su mala gestión entrar a formar parte de la larga lista de desempleados con que contamos en la actualidad, la realidad es que incluso en la agónica situación en que nos encontramos, ninguno de ellos renuncia a su posición, pero exigen a los ciudadanos más y más sacrificios.

Un motivo más para no volver a creer en ningún discurso que se nos ofrezca y mucho menos aún en las futuras promesas de los populares, que como verán, nunca se cumplen. 

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