miércoles, 31 de julio de 2013

La hora de la verdad


Se instala el viento de Levante en el sur, elevando las temperaturas casi tanto como las de la vida política y amanece en el País tras una noche de húmeda vigilia, en la que todos hemos tenido tiempo para pensar en lo que puede suceder este día.
Llega la hora de la verdad, en una fecha en que muchos españoles andarán por las carreteras, en el inicio de unas vacaciones que bien pudieran ser forzosas para Rajoy, si entre unos y otros fuerzan su dimisión, a causa de este caso de Bárcenas, que está consiguiendo anular totalmente cualquier resquicio de credibilidad que pudiera quedarle, acercándole peligrosamente a la trama de corrupción presuntamente organizada por los habitantes de Génova y que hoy se discute, por fin, en el seno del Parlamento.
La radio será, con toda probabilidad, el medio más utilizado en un día como el de hoy, para que los españoles puedan seguir las intervenciones de los diputados en el Congreso y para que después de una incomprensible espera, este escurridizo Presidente que nos gobierna se digne  contestar a las graves acusaciones que pesan contra él y su Partido, sin posibilidad de escapar al acoso que de seguro ejercerá la oposición, ávida de conocer con toda su crudeza, los hechos y dispuesta a pedir su marcha, al considerar que el escándalo hace imposible su continuidad en el poder.
Si nada cambia en el transcurso de esta calurosa mañana, la estrategia ensayada por Rajoy podría seguir en la misma línea empleada hasta ahora, es decir, negando cualquier implicación en este enrevesado asunto y abominando de un innombrado Bárcenas, al que ha estado animando a través de mensajes de móvil, prácticamente hasta el mismo momento de su entrada en prisión, pero del que ahora se desliga, procurando evadirse de cualquier responsabilidad, a pesar de aparecer en sus papeles, como uno de los perceptores de sobresueldos. 
La espadas están en alto y está claro que los grupos parlamentarios no dejarán pasar la ocasión de aprovechar sus intervenciones para propiciar la caída del padre de las medidas más nefastas aplicadas hasta ahora en este País, estando como están, hartos de no poder anular ninguna de ellas, a causa de la mayoría absoluta con que cuenta el PP y que hace imposible su derrota en las votaciones del Parlamento, al menos, hasta dentro de un par de años.
Con el apoyo de la indignación que se registra en la calle, es de prever que sus señorías se dejen la vida en la defensa de los múltiples argumentos que Relacionan a Rajoy con el caso Bárcenas y en tratar de arrancarle algo parecido a una confesión, que confirme que conocía lo que estaba ocurriendo en un despacho pegado al suyo, en el que se movían enormes cantidades de dinero destinado a fines igual de oscuros que la procedencia del mismo.
No bastará la intención de sopesar la palabra del Presidente  con la del delincuente ex tesorero, ni las explicaciones que dé, podrán ser superficiales y sin contenido, porque el fragor de esta batalla está alcanzando límites que la convierten en una de las más encarnizadas que se han librado hasta hoy en el Parlamento  y la gravedad de los hechos no da lugar a conformismo, ni a la inocencia que haría falta para creer en la palabra de quien con su actitud, ha intentado por todos los medios, evitar la comparecencia.
Tampoco los medios se andarán con remilgos. El interés rabioso de la actualidad, calienta las rotativas y la prensa espera ansiosamente rentabilizar la demanda de información de los ciudadanos, resarciéndose de las pérdidas que también a este sector, ha traído la política de este Presidente.

Cuando muchos españoles lleguen hoy a su destino vacacional, la suerte estará echada y por el bien de todos, esperamos al menos, estar más cerca de la verdad y que todo se resuelva como mejor convenga a este pueblo, demasiado cansado de confiar en  el milagro que mejore su vida.

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