Mientras a Luís Bárcenas no le queda otro remedio que
intentar acostumbrarse a su nueva vida en prisión, mi ojo derecho convalece de
intervención a que fue sometido, tratando de adivinar volúmenes a través de la
niebla que me provoca el trauma sufrido y que, con toda seguridad, desaparecerá
por completo, en unos días.
Entretanto, el Diario El Mundo, preparaba el bombazo de una
entrevista realizada por su Director, en las que el ex tesorero del PP, parecía
apuntar toda una declaración de intenciones, apenas unas horas antes de que el
Juez Ruz le mandara directamente y sin fianza, a la pequeña celda que ahora
comparte con algún compañero, al que probablemente tratará de ganarse con
pérfidos regalos que le garanticen cierta tranquilidad en su convivencia con
los demás encarcelados.
No podía esperar más para volver a escribir y aprovechando la
innegable ventaja que me ofrece el hecho de poder ver con nitidez, aunque sea
con un solo ojo, me tomo la licencia de reabrir esta página y dar por terminada
esta estancia en el dique seco, retomando la comunicación con el exterior,
aunque esforzándome lo menos posible.
La volatilidad con que se han ido produciendo ciertas
noticias, como el golpe de Estado en Egipto o esta misma que ahora nos ocupa,
amén de las que van llegando sobre la delicadísima salud de Mandela, consigue
poner en marcha un motor aún sensiblemente averiado, pero que necesita
arrancar, si no quiere perder el ritmo y llegar el último a la carrera virtual
que establece veladamente, la conciencia de sentirse escritor.
No podía dejar pasar la satisfacción personal que produce,
por ejemplo, leer que Bárcenas admite la autoría de los papeles publicados por
el País, en los que tanto creímos y que la
derecha se había empeñado en anular, a base de huidas hacia adelante y
demandas interpuestas o con el apoyo incondicional de ciertos esbirros que
ensucian con su actuación el papel de la prensa, vendidos al mejor postor, a
costa de sacrificar la verdad y la esencia de una profesión maravillosa, caída
en desgracia, si se convierte en correa de transmisión partidista.
Ahora dirán, que esta confesión ofrecida precisamente a un
medio de corte conservador, no es más que una artimaña urdida por el cerebro
del ex tesorero, en un desesperado intento por escapar de las garras de la
justicia y negarán una vez más, la implicación de sus dirigentes en esta
extensa tela de araña que sin embargo, les tiene ciertamente atrapados en la
pegajosa esencia de sus hilos y de la que no podrán escapar, si al ex tesorero
se le antoja sacar a la luz nuevas pruebas escritas, que coloquen a cada cual,
exactamente en el lugar de los hechos, precisamente en los momentos en que
sucedieron y que les relacione con esta trama de extorsión, llevada a cabo
con total impunidad, durante casi
treinta años.
Nadie duda de que el Diario El Mundo pretenda con estas
revelaciones un fin bien distinto al del simple esclarecimiento de esta
historia o que su verdadera intención sea la de terminar aupando a su protegida
Esperanza Aguirre al trono de poder con el que tanto ha soñado durante los
últimos años, pero independientemente de las acciones que se oculten tras la
publicación de estos reportajes, la gravedad de lo que se pone en cuestión, no
deja lugar a dudas sobre la fragilidad de este gobierno, que tiene los días
contados si Bárcenas se decide a hablar y en este país nuestro, queda aún un
mínimo de pudor para que se aplique con contundencia lo que llamamos justicia.
Y aunque negar la evidencia ha sido la tónica adoptada por el
PP para ir zafándose de todas las pruebas que vinculan a su cúpula con lo que
presuntamente ocurría tras las paredes de su sede de Génova, a veces, en la
vida, se llega a un punto en que la contundencia de lo ocurrido termina por
aplastar como un torrente cualquier posibilidad de huir y no queda otra que
sucumbir bajo las aguas que, finalmente, anegan la flaqueza de ciertos
argumentos.
Los españoles esperamos con fehaciente impaciencia que
Bárcenas se decida a tirar de la manta. Que la levante, que la sacuda y que la
airee hasta que no quede bajo ella un solo resquicio de podredumbre, oculte los
nombres que oculte y salpique a quien salpique, este acto de desinfección
absolutamente preciso.
Nadie echará de menos a los corruptos, ni nadie se sentirá
defraudado por su implicación en este truculento caso, a estas alturas de la
vida.
Fundamentalmente, porque lo que nos interesa es saber la
verdad y obrar en consecuencia, sin que esto signifique, desde luego, que pensemos en dar nuestro voto a la
señora Aguirre o que caigamos en brazos del PSOE, desengañados por una derecha
traidora, mendaz e insufrible.

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