domingo, 7 de julio de 2013

Volviendo a escribir


Mientras a Luís Bárcenas no le queda otro remedio que intentar acostumbrarse a su nueva vida en prisión, mi ojo derecho convalece de intervención a que fue sometido, tratando de adivinar volúmenes a través de la niebla que me provoca el trauma sufrido y que, con toda seguridad, desaparecerá por completo, en unos días.
Entretanto, el Diario El Mundo, preparaba el bombazo de una entrevista realizada por su Director, en las que el ex tesorero del PP, parecía apuntar toda una declaración de intenciones, apenas unas horas antes de que el Juez Ruz le mandara directamente y sin fianza, a la pequeña celda que ahora comparte con algún compañero, al que probablemente tratará de ganarse con pérfidos regalos que le garanticen cierta tranquilidad en su convivencia con los demás encarcelados.
No podía esperar más para volver a escribir y aprovechando la innegable ventaja que me ofrece el hecho de poder ver con nitidez, aunque sea con un solo ojo, me tomo la licencia de reabrir esta página y dar por terminada esta estancia en el dique seco, retomando la comunicación con el exterior, aunque esforzándome lo menos posible.
La volatilidad con que se han ido produciendo ciertas noticias, como el golpe de Estado en Egipto o esta misma que ahora nos ocupa, amén de las que van llegando sobre la delicadísima salud de Mandela, consigue poner en marcha un motor aún sensiblemente averiado, pero que necesita arrancar, si no quiere perder el ritmo y llegar el último a la carrera virtual que establece veladamente, la conciencia de sentirse escritor.
No podía dejar pasar la satisfacción personal que produce, por ejemplo, leer que Bárcenas admite la autoría de los papeles publicados por el País, en los que tanto creímos y que la  derecha se había empeñado en anular, a base de huidas hacia adelante y demandas interpuestas o con el apoyo incondicional de ciertos esbirros que ensucian con su actuación el papel de la prensa, vendidos al mejor postor, a costa de sacrificar la verdad y la esencia de una profesión maravillosa, caída en desgracia, si se convierte en correa de transmisión partidista.
Ahora dirán, que esta confesión ofrecida precisamente a un medio de corte conservador, no es más que una artimaña urdida por el cerebro del ex tesorero, en un desesperado intento por escapar de las garras de la justicia y negarán una vez más, la implicación de sus dirigentes en esta extensa tela de araña que sin embargo, les tiene ciertamente atrapados en la pegajosa esencia de sus hilos y de la que no podrán escapar, si al ex tesorero se le antoja sacar a la luz nuevas pruebas escritas, que coloquen a cada cual, exactamente en el lugar de los hechos, precisamente en los momentos en que sucedieron y que les relacione con esta trama de extorsión, llevada a cabo con  total impunidad, durante casi treinta años.
Nadie duda de que el Diario El Mundo pretenda con estas revelaciones un fin bien distinto al del simple esclarecimiento de esta historia o que su verdadera intención sea la de terminar aupando a su protegida Esperanza Aguirre al trono de poder con el que tanto ha soñado durante los últimos años, pero independientemente de las acciones que se oculten tras la publicación de estos reportajes, la gravedad de lo que se pone en cuestión, no deja lugar a dudas sobre la fragilidad de este gobierno, que tiene los días contados si Bárcenas se decide a hablar y en este país nuestro, queda aún un mínimo de pudor para que se aplique con contundencia lo que llamamos justicia.
Y aunque negar la evidencia ha sido la tónica adoptada por el PP para ir zafándose de todas las pruebas que vinculan a su cúpula con lo que presuntamente ocurría tras las paredes de su sede de Génova, a veces, en la vida, se llega a un punto en que la contundencia de lo ocurrido termina por aplastar como un torrente cualquier posibilidad de huir y no queda otra que sucumbir bajo las aguas que, finalmente, anegan la flaqueza de ciertos argumentos.
Los españoles esperamos con fehaciente impaciencia que Bárcenas se decida a tirar de la manta. Que la levante, que la sacuda y que la airee hasta que no quede bajo ella un solo resquicio de podredumbre, oculte los nombres que oculte y salpique a quien salpique, este acto de desinfección absolutamente preciso.
Nadie echará de menos a los corruptos, ni nadie se sentirá defraudado por su implicación en este truculento caso, a estas alturas de la vida.
Fundamentalmente, porque lo que nos interesa es saber la verdad y obrar en consecuencia, sin que esto signifique, desde  luego, que pensemos en dar nuestro voto a la señora Aguirre o que caigamos en brazos del PSOE, desengañados por una derecha traidora, mendaz e insufrible.





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