El Presidente del Gobierno español escapa a la Moción de
censura anunciada por el PSOE y aprovecha la rueda de prensa ofrecida junto al
Presidente rumano, para prometer una comparecencia ante el Congreso a finales
de Julio o primeros de Agosto, en la que tratará de contestar a las incógnitas
del caso Bárcenas, además de a otras
cuestiones relacionadas con la Economía y la marcha actual del País.
Dejando un sabor agridulce a los periodistas presentes en la
sala y visiblemente desmejorado, probablemente a causa del cariz que están
tomando los acontecimientos, el anuncio de Rajoy ha parecido más una solución
de urgencia para salir del trance en que se encuentra, que una decisión
voluntaria para tratar de probar su inocencia en el caso de los sobresueldos y
la financiación ilegal del PP.
Ofreciéndose a sí mismo unos días para preparar la defensa
que llevará al Parlamento, la mención a que la comparecencia versará también
sobre otros temas, preludia inevitablemente que el tiempo que piensa dedicar al
asunto Bárcenas, será con toda probabilidad, escaso y que las explicaciones que
piensa ofrecer podrían estar en la línea de las que viene dando en los últimos
tiempos, siempre forzado por las circunstancias y sin llegar a tratar en profundidad
todas y cada una de las acusaciones que sobre él recaen y que han ido mermando
considerablemente su credibilidad, hasta colocarle en una situación de
sospecha, de la que difícilmente conseguirá salir, sin que haya de por medio un
interrogatorio exhaustivo.
Si la opinión de los españoles tuviera algún peso en las
decisiones políticas, nuestro consejo sería que el PSOE mantuviera la intención
de presentar la Moción de censura, al considerar que de este modo no cabría
posibilidad alguna de derivar el tema Bárcenas hacia derroteros que bien
podrían discutirse en cualquier otro momento.
La gravedad de lo ocurrido y el montante económico que se
maneja en este oscuro caso de corrupción, hacen necesario que las explicaciones
que sobre él se ofrezcan no se resuman a negar evidencias, sin presentar
pruebas que contrarresten las múltiples acusaciones lanzadas por el ex tesorero
y que señalan con total exactitud la implicación de infinidad de nombres de
relevancia en el seno del PP y específicamente, los de Rajoy y Cospedal, hoy
cabezas visibles del gobierno.
Si la oposición se conforma con esta promesa forzada de
comparecencia y no ahonda sin piedad en sus indagaciones sobre lo ocurrido
durante más de treinta años en la sede de Génova, la oportunidad de llegar al
fondo de la verdad de este asunto habrá escapado por la ventana del Congreso y
puede que ya no haya otra oportunidad para sentar el oportuno precedente que
deje claro a los políticos, que nadie escapa con impunidad a la acción
contundente de la Justicia.
Todo el tiempo que se regale a Rajoy hasta su comparecencia,
será empleado por sus asesores para preparar cualquier argumento y restará la rotundidad que podría ofrecer el factor
sorpresa, si las preguntas de las fuerzas políticas de la oposición fueran hechas
en el mismo momento en que se van sucediendo los hechos, sin dar lugar a
prevención alguna por parte de quien comparece.
No cuenta Mariano Rajoy, sin embargo, con las informaciones
que con toda probabilidad aún le quedan al diario El Mundo y puede que mientras
llega su comparecencia aún tenga que enfrentarse con una nueva andanada de
pruebas que le relacionen todavía más, si eso es posible, con lo que Bárcenas
está narrando ante el Juez, ahora ya sin temor a tirar de la manta.
Así que su caída, como
ya decíamos, no está precisamente, en
manos de la oposición parlamentaria, sino en las de ese cuarto poder que es la
prensa, sobre todo si el empeño que se pone en ello es pertinaz y no admite la
ley del silencio, si le va en ello ganar
o perder en poder e influencia.

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