lunes, 22 de julio de 2013

Una comparecencia forzada


El Presidente del Gobierno español escapa a la Moción de censura anunciada por el PSOE y aprovecha la rueda de prensa ofrecida junto al Presidente rumano, para prometer una comparecencia ante el Congreso a finales de Julio o primeros de Agosto, en la que tratará de contestar a las incógnitas del caso Bárcenas,  además de a otras cuestiones relacionadas con la Economía y la marcha actual del País.
Dejando un sabor agridulce a los periodistas presentes en la sala y visiblemente desmejorado, probablemente a causa del cariz que están tomando los acontecimientos, el anuncio de Rajoy ha parecido más una solución de urgencia para salir del trance en que se encuentra, que una decisión voluntaria para tratar de probar su inocencia en el caso de los sobresueldos y la financiación ilegal del PP.
Ofreciéndose a sí mismo unos días para preparar la defensa que llevará al Parlamento, la mención a que la comparecencia versará también sobre otros temas, preludia inevitablemente que el tiempo que piensa dedicar al asunto Bárcenas, será con toda probabilidad, escaso y que las explicaciones que piensa ofrecer podrían estar en la línea de las que viene dando en los últimos tiempos, siempre forzado por las circunstancias y sin llegar a tratar en profundidad todas y cada una de las acusaciones que sobre él recaen y que han ido mermando considerablemente su credibilidad, hasta colocarle en una situación de sospecha, de la que difícilmente conseguirá salir, sin que haya de por medio un interrogatorio exhaustivo.
Si la opinión de los españoles tuviera algún peso en las decisiones políticas, nuestro consejo sería que el PSOE mantuviera la intención de presentar la Moción de censura, al considerar que de este modo no cabría posibilidad alguna de derivar el tema Bárcenas hacia derroteros que bien podrían discutirse en cualquier otro momento.
La gravedad de lo ocurrido y el montante económico que se maneja en este oscuro caso de corrupción, hacen necesario que las explicaciones que sobre él se ofrezcan no se resuman a negar evidencias, sin presentar pruebas que contrarresten las múltiples acusaciones lanzadas por el ex tesorero y que señalan con total exactitud la implicación de infinidad de nombres de relevancia en el seno del PP y específicamente, los de Rajoy y Cospedal, hoy cabezas visibles del gobierno.
Si la oposición se conforma con esta promesa forzada de comparecencia y no ahonda sin piedad en sus indagaciones sobre lo ocurrido durante más de treinta años en la sede de Génova, la oportunidad de llegar al fondo de la verdad de este asunto habrá escapado por la ventana del Congreso y puede que ya no haya otra oportunidad para sentar el oportuno precedente que deje claro a los políticos, que nadie escapa con impunidad a la acción contundente de la Justicia.
Todo el tiempo que se regale a Rajoy hasta su comparecencia, será empleado por sus asesores para preparar cualquier argumento y restará  la rotundidad que podría ofrecer el factor sorpresa, si las preguntas de las fuerzas políticas de la oposición fueran hechas en el mismo momento en que se van sucediendo los hechos, sin dar lugar a prevención alguna por parte de quien comparece.
No cuenta Mariano Rajoy, sin embargo, con las informaciones que con toda probabilidad aún le quedan al diario El Mundo y puede que mientras llega su comparecencia aún tenga que enfrentarse con una nueva andanada de pruebas que le relacionen todavía más, si eso es posible, con lo que Bárcenas está narrando ante el Juez, ahora ya sin temor a tirar de la manta.
Así  que su caída, como ya decíamos, no está  precisamente, en manos de la oposición parlamentaria, sino en las de ese cuarto poder que es la prensa, sobre todo si el empeño que se pone en ello es pertinaz y no admite la ley del silencio,  si le va en ello ganar o perder en poder e influencia.



No hay comentarios:

Publicar un comentario