Se nos va Concha García Campoy, dejando huérfano al
periodismo español, tan necesitado en estos momentos de ejemplos de vida como
el suyo y a sus seguidores, impactados por la noticia de un trágico desenlace
con el que no contábamos, teniendo en cuenta la fortaleza con que había
afrontado la enfermedad y el deseo que todos teníamos, de recuperarla
profesional y personalmente, a la mayor brevedad posible.
Siendo como era única, el vacío que deja será prácticamente
imposible de llenar y su manera de hacer, siempre sincera y fresca, a pesar de
su larga trayectoria, probablemente cosechará una multitud de imitadores, al
haber conseguido crear un estilo personal que rompió con la rigidez de la
información política, humanizando los contenidos y las entrevistas, logrando
una cercanía con los oyentes, que pronto se convirtieron en incondicionales de
sus programas.
Su humildad nunca le permitió siquiera, la soberbia de
creerse ídolo, a pesar de serlo y la sinceridad que caracterizó cualquiera de los
proyectos que afrontó, le reportaron, no solo la admiración por el trabajo
realizado, sino un cariño muy especial de todos los que la seguíamos y también
de una multitud de compañeros que hoy lloran junto a nosotros, su muerte.
Nos deja una última lección magistral de dignidad, tan de
agradecer en los tiempos que corren, al habernos mantenido al margen del
desarrollo de su enfermedad y haber sabido restringir al ámbito familiar lo que
le sucedía, sin causar inquietud en sus admiradores, demostrando que no sólo
hay que saber vivir, sino también saber morir con decencia.
Nunca olvidaremos, sin embargo, la amplitud de su sonrisa, ni
los buenos ratos que nos transmitió su voz a través de las ondas, rellenando
espacios en blanco y alegrando momentos difíciles, a veces, hasta dulcificando
la amargura de las noticias, con la calidez de su conversación, siempre
interesante y amena.
Quedamos todos desolados por su temprana pérdida y hoy no
podemos pensar en otra cosa que en rendir homenaje a esta mujer, con la que
tanto quisimos y a la que tanto añoraremos.
Hasta siempre, querida Concha.

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