martes, 16 de julio de 2013

Un falso patriotismo


Sin poder escapar a comparecer ante la prensa, tras su reunión con el primer Ministro polaco, Mariano Rajoy optó ayer por esquivar las preguntas que sobre las declaraciones de Bárcenas se le hacían, refugiándose en un patrioterismo barato que intentaba desviar de su persona toda la atención que reclamaban las últimas noticias aparecidas en el diario El Mundo y que el ex tesorero dio ayer ante el juez, como ciertas.
Queriendo hacer ver a la población que se intentaba chantajear al País, a pesar de que los mensajes de texto y las acusaciones vertidas por Bárcenas apuntaban única y exclusivamente a él y a miembros muy relevantes de la cúpula de su Partido, Rajoy presumió sin ningún pudor de que las Instituciones a las que ahora representan, no habían cedido ni cederían nunca al chantaje, pero calló conscientemente hasta qué punto se encuentran él y los suyos implicados en la trama de corrupción que el Juez Ruz baraja y que, de probarse, podría suponerles, tener que abandonar el poder de manera precipitada y en deuda con la justicia.
 No es al Ente gubernativo a quien Bárcenas acusa de haber recibido sobresueldos, ni a las instituciones públicas como tales, de haberse financiado ilegalmente. Es a Rajoy y Cospedal y a otros muchos nombres de relevancia en el PP y a este Partido en concreto, a quienes apunta el ex tesorero como perceptores de grandes capitales procedentes de la extorsión a múltiples empresarios de este País y de haber llevado una contabilidad B durante casi treinta años, a espaldas de la Hacienda pública.
Es por tanto, independiente, el cargo que ocupe cada uno de los implicados en este momento en la formación conservadora, o en las instituciones del Estado, aunque el hecho de ser en el caso de Rajoy, Presidente de la Nación, agrave aún más la amoralidad de lo acontecido y haga que la mayor parte de los españoles desee encarecidamente que abandone cuanto antes las labores de gobierno, al entender que las sospechas de corrupción que se ciernen  sobre su persona, hacen imposible su continuidad en el puesto que ocupa, e incluso su permanencia en la carrera política.
Pero el ataque del ex tesorero no va dirigido en absoluto hacia la estabilidad de España, sino que se centra exclusivamente en temas personales  que cree tener pendientes con el que hasta hace poco fue el partido en el que militaba y que implica directamente a todos los mencionados en los papeles cuya autoría, por fin admitió ayer y que podrían convertirse en un salvoconducto para conseguir cierto trato de favor, en la causa que tiene abierta, aunque para ello, en palabras de Álvarez Cascos, tenga que arrastrar en su caída a toda una generación de políticos del PP, empezando por Mariano Rajoy y Cospedal, por ejemplo.
Entretanto, Rubalcaba trata de conseguir un consenso para presentar la Moción de Censura que obligue al Presidente a comparecer en el Congreso, no como cesión a un chantaje protagonizado por Bárcenas, sino como respuesta a la demanda que le hace el pueblo español, deseoso de llegar hasta el fondo de esta tortuosa trama de corrupción y en su derecho de exigir de boca de Rajoy, todas las explicaciones precisas para establecer una verdad limpia, por cruda y terrible que sea, y cueste lo que cueste, a todos y cada uno de los supuestos implicados en esta historia de cariz mafioso que estamos viviendo.
Si Rajoy compareció o no con anterioridad, si se mantiene o no en sus declaraciones, resulta del todo irrelevante en estos momentos.
Ser presidente de Gobierno no lleva implícito actuar según las apetencias personales de cada cual, sino siempre en función de las exigencias puntuales que reclamen los pueblos, que al fin y al cabo, son los que otorgan y quitan el poder, a través de las urnas.
Y ser Patriota no es, en modo alguno, escudarse tras las instituciones públicas, convirtiéndolas en parapeto de todo aquello que zahiere nuestro prestigio, sino defender el bien de las mayorías con honradez y decencia probada por la limpieza total de nuestros actos y en función de las exigencias requeridas por los ciudadanos en cada momento.
En este de ahora, hurtar ese derecho a la ciudadanía, no hace más que multiplicar las sospechas de que todo sea cierto y la cobardía de Rajoy, al negarse a ofrecer explicaciones sobre lo ocurrido, finalmente, créanme, acabará costándole el puesto   




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