Decíamos el otro día, que El Mundo guardaba aún poderosas
cartas en la manga y que su empeño en apartar a Mariano Rajoy del poder,
acabaría dando sus frutos, en cuanto viera la luz el material con el que
contaban, viniendo como venía, directamente de las manos de Bárcenas.
Al Presidente del Gobierno se le debió atragantar anoche la
cena, cuando Eduardo Inda , anunció en un programa de TV del que es habitual
colaborador, la existencia de un sinfín de mensajes de móvil, intercambiados
antes y después de descubrirse la cuentas en Suiza del ex tesorero, en los que
el líder del PP le pedía desesperadamente que guardara silencio sobre los
sobresueldos y la contabilidad B del partido, mientras le prometía su apoyo
incondicional, invitándole a soportar con entereza, los amargos momentos que le
estaban tocando vivir.
El mundo no se atrevería a publicar estos mensajes, si la
veracidad de los mismos no estuviera absolutamente probada y su existencia pudiera
ser una mera fabulación de quien ahora se encuentra en prisión para vengarse
del abandono al que le han sometido sus compañeros. Es más, se intuye por las
palabras del redactor de El Mundo, que cuentan con una infinidad de ellos, que
con toda seguridad irán apareciendo, como ocurre en el caso Noos, con
cuentagotas, para no agotar el tirón de ventas que proporcionarán al periódico,
que al parecer conoce también la identidad de quienes comparten con Bárcenas
las cuentas que posee en el extranjero y que, en palabras de Inda, no son,
precisamente, simples bedeles de la calle Génova.
La espada de Damocles que pendía sobre la cabeza de Rajoy, se
encuentra después de esta publicación y de las que se intuyen como futuras,
rozando peligrosamente su cuello, por lo que se espera con impaciencia la
reacción que tendrá su Partido en el día de hoy, sobre todo por la dificultad
que representa seguir negando lo que a todas luces resulta cada vez más
evidente, incluso apoyándose en el argumento de que la palabra de Bárcenas nada
vale, por el mero hecho de ser, como es, un delincuente.
Si la oposición no aprovecha el regalo que le brinda El
Mundo, con la aquiescencia particular de Esperanza Aguirre y los suyos, para
reclamar con auténtica contundencia la dimisión de Rajoy y la convocatoria de
nuevas elecciones, habrá dejado pasar de largo, el peor momento que ha sufrido
el PP en sus años de existencia y la oportunidad de retirar de la política para
siempre, a una serie de presuntos corruptos, que han estado utilizando
reiterativamente la naturaleza de sus cargos, para conseguir un enriquecimiento
personal, absolutamente inaceptable, sobre todo en la situación que atraviesa
el País.
Cómo afrontará Rajoy esta derrota, es una incógnita que tiene
visos de no ser resuelta, pero si finalmente es obligado a dimitir por las
publicaciones de un medio que desde siempre ha sido cercano a su propia
ideología, es lógico pensar que al quedar sin la fortaleza de este apoyo, no le
quedaría otro remedio que sucumbir ante su eterna rival y dejar paso a la
tendencia que ésta, junto con Aznar y otros muchos representa y que traería
para el PP, una derechización mucho más rígida, que la que ya padecemos.
Queda así en evidencia que cuando la Prensa se lo propone,
sigue siendo el cuarto poder y que la etapa de conformismo y misericordia que
hemos venido contemplando en los medios, parece haber terminado, aunque
motivada por meros intereses de poder y no por la persecución de la verdad,
como debiera ser lo correcto.
Si como se supone, Aguirre asume ahora el papel de salvadora
de la Patria y sin ir más lejos, del propio Partido que representa, los grupos parlamentarios del
Congreso, han de tratar con fuerza de contrarrestar este argumento, tan
recurrente históricamente en situaciones de desastre y tan probadamente nocivo
para las naciones que creen en él, para después comprobar que quienes lo
esgrimen no son, precisamente, garantes de los derechos ni de la Democracia.
Quedamos a la espera de que vayan fluyendo movimientos de una
y otra parte, aunque todo hace presagiar que Rajoy y los suyos, aún harán un último
intento por deshacerse de este lastre que aplasta con su peso, cualquier posibilidad
de su inocencia.
Tampoco creemos que a Europa le complazca que su títere se
halle mezclado en asuntos de esta gravedad, por lo que no sería de extrañar que
ya exista un apoyo tácito al hecho de propiciar su inmediata caída.
Y no es que no lo merezca, que sí, pero al pueblo le hubiera
gustado ganar él la batalla y no que quien la dirige, provenga del mismo sitio
que el que se quiere derrocar.

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