domingo, 14 de julio de 2013

Mensajes de aliento


Decíamos el otro día, que El Mundo guardaba aún poderosas cartas en la manga y que su empeño en apartar a Mariano Rajoy del poder, acabaría dando sus frutos, en cuanto viera la luz el material con el que contaban, viniendo como venía, directamente de las manos de Bárcenas.
Al Presidente del Gobierno se le debió atragantar anoche la cena, cuando Eduardo Inda , anunció en un programa de TV del que es habitual colaborador, la existencia de un sinfín de mensajes de móvil, intercambiados antes y después de descubrirse la cuentas en Suiza del ex tesorero, en los que el líder del PP le pedía desesperadamente que guardara silencio sobre los sobresueldos y la contabilidad B del partido, mientras le prometía su apoyo incondicional, invitándole a soportar con entereza, los amargos momentos que le estaban tocando vivir.
El mundo no se atrevería a publicar estos mensajes, si la veracidad de los mismos no estuviera absolutamente probada y su existencia pudiera ser una mera fabulación de quien ahora se encuentra en prisión para vengarse del abandono al que le han sometido sus compañeros. Es más, se intuye por las palabras del redactor de El Mundo, que cuentan con una infinidad de ellos, que con toda seguridad irán apareciendo, como ocurre en el caso Noos, con cuentagotas, para no agotar el tirón de ventas que proporcionarán al periódico, que al parecer conoce también la identidad de quienes comparten con Bárcenas las cuentas que posee en el extranjero y que, en palabras de Inda, no son, precisamente, simples bedeles de la calle Génova.
La espada de Damocles que pendía sobre la cabeza de Rajoy, se encuentra después de esta publicación y de las que se intuyen como futuras, rozando peligrosamente su cuello, por lo que se espera con impaciencia la reacción que tendrá su Partido en el día de hoy, sobre todo por la dificultad que representa seguir negando lo que a todas luces resulta cada vez más evidente, incluso apoyándose en el argumento de que la palabra de Bárcenas nada vale, por el mero hecho de ser, como es, un delincuente.
Si la oposición no aprovecha el regalo que le brinda El Mundo, con la aquiescencia particular de Esperanza Aguirre y los suyos, para reclamar con auténtica contundencia la dimisión de Rajoy y la convocatoria de nuevas elecciones, habrá dejado pasar de largo, el peor momento que ha sufrido el PP en sus años de existencia y la oportunidad de retirar de la política para siempre, a una serie de presuntos corruptos, que han estado utilizando reiterativamente la naturaleza de sus cargos, para conseguir un enriquecimiento personal, absolutamente inaceptable, sobre todo en la situación que atraviesa el País.
Cómo afrontará Rajoy esta derrota, es una incógnita que tiene visos de no ser resuelta, pero si finalmente es obligado a dimitir por las publicaciones de un medio que desde siempre ha sido cercano a su propia ideología, es lógico pensar que al quedar sin la fortaleza de este apoyo, no le quedaría otro remedio que sucumbir ante su eterna rival y dejar paso a la tendencia que ésta, junto con Aznar y otros muchos representa y que traería para el PP, una derechización mucho más rígida, que la que ya padecemos.
Queda así en evidencia que cuando la Prensa se lo propone, sigue siendo el cuarto poder y que la etapa de conformismo y misericordia que hemos venido contemplando en los medios, parece haber terminado, aunque motivada por meros intereses de poder y no por la persecución de la verdad, como debiera ser lo correcto.
Si como se supone, Aguirre asume ahora el papel de salvadora de la Patria y sin ir más lejos, del propio Partido que representa, los grupos parlamentarios del Congreso, han de tratar con fuerza de contrarrestar este argumento, tan recurrente históricamente en situaciones de desastre y tan probadamente nocivo para las naciones que creen en él, para después comprobar que quienes lo esgrimen no son, precisamente, garantes de los derechos ni de la Democracia.
Quedamos a la espera de que vayan fluyendo movimientos de una y otra parte, aunque todo hace presagiar que Rajoy y los suyos, aún harán un último intento por deshacerse de este lastre que aplasta con su peso, cualquier posibilidad de su inocencia.
Tampoco creemos que a Europa le complazca que su títere se halle mezclado en asuntos de esta gravedad, por lo que no sería de extrañar que ya exista un apoyo tácito al hecho de propiciar su inmediata caída.
Y no es que no lo merezca, que sí, pero al pueblo le hubiera gustado ganar él la batalla y no que quien la dirige, provenga del mismo sitio que el que se quiere derrocar.






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