No ha tardado Esperanza Aguirre en colocarse delante de las
cámaras, aprovechando las horas bajas que viven Rajoy y su gobierno tras la
publicación del artículo de El Mundo e instando a los actuales dirigentes de su
Partido a confesar la verdad sobre el asunto de los sobresueldos y a que
acepten, si es que la hubo, la financiación ilegal, con la sinceridad que el
pueblo español, según ella, merece.
Ya hablamos de la simpatía que Pedro J. Ramírez siente hacia
la ex presidenta de la Comunidad de Madrid y la oportunidad que le brinda el
caso Bárcenas para auparla hacia posiciones de mayor poder, si finalmente el
contenido de los papeles del ex tesorero consiguen tumbar a Rajoy, y no queda
otro remedio que convocar elecciones anticipadas.
La impaciencia demostrada por Aguirre, constituye una prueba
fehaciente de este argumento y no sería de extrañar que en los próximos días,
El Mundo volviera a sorprender con un nuevo bombazo informativo, que podría
rematar con éxito la probable dimisión del Gobierno, si las pruebas que
pudieran presentarse no dejaran lugar a dudas y ya no quedara otro remedio.
Este medio de comunicación, lo tiene mucho más fácil que sus
competidores, al haber mantenido con el PP una relación de estrecha amistad
durante muchos años, y contar, por tanto, con fuentes privilegiadas de primera
mano, en muchos casos desengañadas por la actual política que practica Rajoy y
en otros, pertenecientes al ala ultraconservadora que acoge entre sus filas a
personajes como Aznar, Mayor Oreja, o la misma Esperanza Aguirre.
Es de entender, que si existen luchas internas en el seno del
Partido Popular, o al menos serias discrepancias de cómo deben aplicarse
determinadas medidas de recorte, los defensores de la otra corriente intenten
orquestar esta especie de “golpe de mano” sobre sus propios compañeros, para
salvaguardar todo aquello que ellos consideran que se consiguió en los años del
aznarismo y que se está dejando escapar, a juzgar por los resultados que
auguran las encuestas, en el momento actual y tras casi dos años de gobierno.
Llama la atención, sin embargo, la extraña tibieza que
demuestra el PSOE, en relación con lo que está ocurriendo. No se ve al
principal Partido de la oposición luchar como debiera por que se aclaren los
hechos, a pesar de haber pedido la
dimisión de Rajoy, aunque sin el ímpetu que una oportunidad así requeriría,
habiendo como hay, tantas razones para actuar con contundencia.
Se diría que el Presidente de gobierno ha de guardarse más de
sus propios correligionarios que de los opositores de otras fuerzas y que sus
más importantes enemigos son, en este caso, personas mucho más cercanas de lo
que se intenta hacer creer, a través de la falsa imagen de unidad que se trata
de ofrecer desde todos los ángulos del PP.
Ya conocíamos la mala relación que Aguirre ha tenido desde
siempre con este Presidente y que Aznar se debe arrepentir todos los días de
haberle nombrado su sucesor, a juzgar por las declaraciones que hizo en Antena3
y los comentarios que deja caer cada, vez que la ocasión se presenta.
Así que los días negros que vive Rajoy, no sólo serían
consecuencia de las informaciones aparecidas a raíz del caso Bárcenas, sino que
además, sin contar con el apoyo de una gran parte de los suyos, su extrema
soledad le convierte en uno de los Presidentes más infelices que hemos
conocido, desde que se instaurara la Democracia.
Con el pueblo en su contra y permanentemente amenazado por la
sombra de la sospecha, si los medios de comunicación se empeñan en hacerle
caer, no cabe la menor duda de que lo conseguirán y en un breve plazo de
tiempo.
A veces, puede más la traición que la razón, aunque el fin
conseguido sea el mismo y aparentemente, se quiera hacer creer que fueron otros
los que clavaron el puñal en la espalda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario