miércoles, 10 de julio de 2013

El puñal en la espalda


No ha tardado Esperanza Aguirre en colocarse delante de las cámaras, aprovechando las horas bajas que viven Rajoy y su gobierno tras la publicación del artículo de El Mundo e instando a los actuales dirigentes de su Partido a confesar la verdad sobre el asunto de los sobresueldos y a que acepten, si es que la hubo, la financiación ilegal, con la sinceridad que el pueblo español, según ella, merece.
Ya hablamos de la simpatía que Pedro J. Ramírez siente hacia la ex presidenta de la Comunidad de Madrid y la oportunidad que le brinda el caso Bárcenas para auparla hacia posiciones de mayor poder, si finalmente el contenido de los papeles del ex tesorero consiguen tumbar a Rajoy, y no queda otro remedio que convocar elecciones anticipadas. 
La impaciencia demostrada por Aguirre, constituye una prueba fehaciente de este argumento y no sería de extrañar que en los próximos días, El Mundo volviera a sorprender con un nuevo bombazo informativo, que podría rematar con éxito la probable dimisión del Gobierno, si las pruebas que pudieran presentarse no dejaran lugar a dudas y ya no quedara otro remedio.
Este medio de comunicación, lo tiene mucho más fácil que sus competidores, al haber mantenido con el PP una relación de estrecha amistad durante muchos años, y contar, por tanto, con fuentes privilegiadas de primera mano, en muchos casos desengañadas por la actual política que practica Rajoy y en otros, pertenecientes al ala ultraconservadora que acoge entre sus filas a personajes como Aznar, Mayor Oreja, o la misma Esperanza Aguirre.
Es de entender, que si existen luchas internas en el seno del Partido Popular, o al menos serias discrepancias de cómo deben aplicarse determinadas medidas de recorte, los defensores de la otra corriente intenten orquestar esta especie de “golpe de mano” sobre sus propios compañeros, para salvaguardar todo aquello que ellos consideran que se consiguió en los años del aznarismo y que se está dejando escapar, a juzgar por los resultados que auguran las encuestas, en el momento actual y tras casi dos años de gobierno.
Llama la atención, sin embargo, la extraña tibieza que demuestra el PSOE, en relación con lo que está ocurriendo. No se ve al principal Partido de la oposición luchar como debiera por que se aclaren los hechos, a pesar  de haber pedido la dimisión de Rajoy, aunque sin el ímpetu que una oportunidad así requeriría, habiendo como hay, tantas razones para actuar con contundencia.
Se diría que el Presidente de gobierno ha de guardarse más de sus propios correligionarios que de los opositores de otras fuerzas y que sus más importantes enemigos son, en este caso, personas mucho más cercanas de lo que se intenta hacer creer, a través de la falsa imagen de unidad que se trata de ofrecer desde todos los ángulos del PP.
Ya conocíamos la mala relación que Aguirre ha tenido desde siempre con este Presidente y que Aznar se debe arrepentir todos los días de haberle nombrado su sucesor, a juzgar por las declaraciones que hizo en Antena3 y los comentarios que deja caer cada, vez que la ocasión se presenta.
Así que los días negros que vive Rajoy, no sólo serían consecuencia de las informaciones aparecidas a raíz del caso Bárcenas, sino que además, sin contar con el apoyo de una gran parte de los suyos, su extrema soledad le convierte en uno de los Presidentes más infelices que hemos conocido, desde que se instaurara la Democracia.
Con el pueblo en su contra y permanentemente amenazado por la sombra de la sospecha, si los medios de comunicación se empeñan en hacerle caer, no cabe la menor duda de que lo conseguirán y en un breve plazo de tiempo.

A veces, puede más la traición que la razón, aunque el fin conseguido sea el mismo y aparentemente, se quiera hacer creer que fueron otros los que clavaron el puñal en la espalda.

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