El presunto cobro de comisiones ilegales por parte del PP,
sugerido desde que el caso Bárcenas empezó a ser investigado en profundidad,
empieza cada vez más, a parecerse al guión de una película de gánsteres, del
que aún no se ha escrito el final, pero que se va complicando por momentos, con
la narración de otras historias que atañen a nuevos personajes.
Hoy hacen su entrada en escena los hijos del otro ex tesorero
del PP, Álvaro Lapuerta, poniendo en duda que dos caídas aparentemente
fortuitas sufridas por su padre lo fueran realmente y rogando a los medios de
comunicación, un poco de consideración al abordar otros temas personales, que
se comentan en los mentideros de todo el país y que hacen referencia, directamente, a relaciones
del ámbito íntimo de este otro sospechoso, al que de momento, no se le han
probado hechos similares a los que han
llevado a la cárcel al principal protagonista de esta historia.
El mero hecho de insinuar que tales accidentes han podido ser
provocados, sugiere por parte de estos familiares la certeza de una sospecha
que coloca directamente en el punto de mira a los que serían los mayores
perjudicados, en el caso de que Lapuerta decidiera apoyar las teorías de
Bárcenas y que no son otros que los que forman parte de la Cúpula del PP y, por
añadidura, del actual Gobierno de la Nación, con Mariano Rajoy a la cabeza y
pone sobre la mesa el argumento de que en algunos casos, no solo han podido
darse las amenazas que algunos de los imputados denunciaban, sino que podría
haberse recurrido también a la violencia, para silenciar a quienes resultan
manifiestamente incómodos, intentando disuadirles de hacer declaraciones que
pudieran esclarecer una verdad que podría terminar, en palabras de Álvarez
Cascos, con toda una generación de políticos del PP.
De momento, no parece que Lapuerta pueda aportar luz sobre el
tema, tras permanecer catorce días en coma, a causa de una de las caídas,
aunque todavía no se sabe si el Juez Ruz tomará en consideración lo declarado
por sus familiares, ni si decidirá investigar estos sucesos, como parte del
extenso sumario que concierne a la truculenta historia que tiene en sus manos,
alargando aún más en el tiempo el término del mismo y jugándose que los delitos
pudieran prescribir, antes de la celebración del juicio.
La carga cinematográfica del caso, plagada de posibles
extorsiones, evasiones y vendettas, hace que su desenlace parezca cada vez más
lejano y que resulte prácticamente imposible entender en su totalidad, los
mecanismos que se ocultan tras tan enrevesado argumento y la identidad real de
todos y cada uno de sus ilustres protagonistas.
En la propia negrura del entramado estriba, precisamente, la
dificultad que augura su esclarecimiento y la enorme y pesada tarea que queda
por delante, a los encargados de hacer la justicia que demanda una sociedad,
atónita al conocer la verdadera naturaleza de sus políticos.

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