lunes, 8 de julio de 2013

Un guión inacabado


El presunto cobro de comisiones ilegales por parte del PP, sugerido desde que el caso Bárcenas empezó a ser investigado en profundidad, empieza cada vez más, a parecerse al guión de una película de gánsteres, del que aún no se ha escrito el final, pero que se va complicando por momentos, con la narración de otras historias que atañen a nuevos personajes.
Hoy hacen su entrada en escena los hijos del otro ex tesorero del PP, Álvaro Lapuerta, poniendo en duda que dos caídas aparentemente fortuitas sufridas por su padre lo fueran realmente y rogando a los medios de comunicación, un poco de consideración al abordar otros temas personales, que se comentan en los mentideros de todo el país y que  hacen referencia, directamente, a relaciones del ámbito íntimo de este otro sospechoso, al que de momento, no se le han probado  hechos similares a los que han llevado a la cárcel al principal protagonista de esta historia.
El mero hecho de insinuar que tales accidentes han podido ser provocados, sugiere por parte de estos familiares la certeza de una sospecha que coloca directamente en el punto de mira a los que serían los mayores perjudicados, en el caso de que Lapuerta decidiera apoyar las teorías de Bárcenas y que no son otros que los que forman parte de la Cúpula del PP y, por añadidura, del actual Gobierno de la Nación, con Mariano Rajoy a la cabeza y pone sobre la mesa el argumento de que en algunos casos, no solo han podido darse las amenazas que algunos de los imputados denunciaban, sino que podría haberse recurrido también a la violencia, para silenciar a quienes resultan manifiestamente incómodos, intentando disuadirles de hacer declaraciones que pudieran esclarecer una verdad que podría terminar, en palabras de Álvarez Cascos, con toda una generación de políticos del PP.
De momento, no parece que Lapuerta pueda aportar luz sobre el tema, tras permanecer catorce días en coma, a causa de una de las caídas, aunque todavía no se sabe si el Juez Ruz tomará en consideración lo declarado por sus familiares, ni si decidirá investigar estos sucesos, como parte del extenso sumario que concierne a la truculenta historia que tiene en sus manos, alargando aún más en el tiempo el término del mismo y jugándose que los delitos pudieran prescribir, antes de la celebración del juicio.
La carga cinematográfica del caso, plagada de posibles extorsiones, evasiones y vendettas, hace que su desenlace parezca cada vez más lejano y que resulte prácticamente imposible entender en su totalidad, los mecanismos que se ocultan tras tan enrevesado argumento y la identidad real de todos y cada uno de sus ilustres protagonistas.
En la propia negrura del entramado estriba, precisamente, la dificultad que augura su esclarecimiento y la enorme y pesada tarea que queda por delante, a los encargados de hacer la justicia que demanda una sociedad, atónita al conocer la verdadera naturaleza de sus políticos.  



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