lunes, 15 de julio de 2013

Al borde del abismo


Un circunspecto Rubalcaba, perfectamente ataviado para la seriedad que la ocasión requería, pidió ayer con carácter de urgencia la inmediata dimisión de Rajoy, tras la publicación del intercambio de mensajes que ha estado manteniendo con el ex tesorero Bárcenas y en los que le ruega encarecidamente que guarde silencio sobre la contabilidad en B del PP, que se había encargado de negar por activa y por pasiva, desde que el escándalo estallara dentro de la sede de Génova.
La respuesta inmediata de los conservadores, consistió únicamente acusar al líder de la oposición de estar en connivencia con Bárcenas, obviando conscientemente tener que ofrecer cualquier tipo de explicación sobre los mensajes, probablemente porque la inmediatez de la noticia ni siquiera les dejó tiempo para preparar una vía de salida, por la que escapar de la evidencia que implica directamente al Presidente del Gobierno, en esta trama de corrupción de la que tantas veces han abominado, por boca de sus más relevantes miembros, pero que día a día, va cerrando el círculo que se cierne en torno a la cúpula del PP, dejándola sin argumentos que puedan demostrar su inocencia.
También el resto de grupos parlamentarios se sumaron decididamente a la petición formulada por Rubalcaba, esgrimiendo la teoría de que la imagen que el ejecutivo está ofreciendo al mundo y que aparece reflejada en los más importantes medios de comunicación del planeta, no es otra que la de una serie de individuos más preocupados de limpiar la basura que ensucia el interior de su propia casa, que de dirigir los destinos de un País, seriamente dañado por los efectos de la crisis, con más de cinco millones de desempleados haciendo cola ante las oficinas del INEM, mientras ven cómo una importante cantidad de dinero engrosa fraudulentamente las cuentas particulares de los que a sí mismos, se llaman políticos.
Queda abierta ahora con mayor contundencia, la posibilidad de una inmediata Moción de censura, que obligaría literalmente al Presidente a no poder seguir rehuyendo su comparecencia ante el Congreso, para dar las oportunas explicaciones que este enrevesado caso requiere y que hasta ahora ha venido evitando reiteradamente, apoyado por un grupo de incondicionales, a los que ya no les quedan argumentos.
Si la Moción se  produce, queda en manos de la oposición preparar minuciosamente las intervenciones, con la esperanza de conseguir de boca del propio Rajoy , una especie de confesión sobre lo que ha venido sucediendo en su Partido desde hace aproximadamente treinta años, o al menos, la posibilidad de hacerle flaquear ante el nerviosismo de la ocasión y sabiendo que estarían puestas en él todas las miradas de los españoles, absolutamente indignados por el desarrollo de estos acontecimientos.
La imposibilidad de ganar la Moción, a causa de la mayoría absoluta que las urnas dieron al PP en los últimos comicios, no resta un ápice de interés al desarrollo de la misma, ni aparta de la nuca de Rajoy la espada de Damocles que pende sobre ella, balanceándose sobre su cuello, cada vez con más probabilidad de herirle, si sigue produciéndose la riolada de noticias desfavorables que avanzan hacia él de manera inminente.
Mucho tendrían que estudiar los expertos conservadores, para que la explicación obligada que ofreciera su Presidente al pueblo español resultara ser verdaderamente convincente, en un intento desesperado de anular lo que ya se conoce en el caso Bárcenas y sin poder contar, a partir de ahora, con el silencio que el ex tesorero prometió, mientras creyó que seguía respaldado por el apoyo personal de Rajoy, que después resultó fallido.
Se dan pues, todas las circunstancias  precisas para que el líder del PP considere la posibilidad de abandonar “dignamente”, por propia voluntad, el cargo que ocupa, convocando nuevas elecciones que clarifiquen un poco el negro panorama político español, ofreciéndose a la vez a sí mismo, un  respiro que le permita preparar su defensa ante la multitud de sospechas que sobre él recaen en este caso, aunque seguramente nunca terminará de admitir su implicación en el mismo, continúe o no, siendo el Presidente de España.





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