Un circunspecto Rubalcaba, perfectamente ataviado para la
seriedad que la ocasión requería, pidió ayer con carácter de urgencia la
inmediata dimisión de Rajoy, tras la publicación del intercambio de mensajes
que ha estado manteniendo con el ex tesorero Bárcenas y en los que le ruega
encarecidamente que guarde silencio sobre la contabilidad en B del PP, que se
había encargado de negar por activa y por pasiva, desde que el escándalo
estallara dentro de la sede de Génova.
La respuesta inmediata de los conservadores, consistió
únicamente acusar al líder de la oposición de estar en connivencia con
Bárcenas, obviando conscientemente tener que ofrecer cualquier tipo de
explicación sobre los mensajes, probablemente porque la inmediatez de la
noticia ni siquiera les dejó tiempo para preparar una vía de salida, por la que
escapar de la evidencia que implica directamente al Presidente del Gobierno, en
esta trama de corrupción de la que tantas veces han abominado, por boca de sus
más relevantes miembros, pero que día a día, va cerrando el círculo que se
cierne en torno a la cúpula del PP, dejándola sin argumentos que puedan
demostrar su inocencia.
También el resto de grupos parlamentarios se sumaron
decididamente a la petición formulada por Rubalcaba, esgrimiendo la teoría de
que la imagen que el ejecutivo está ofreciendo al mundo y que aparece reflejada
en los más importantes medios de comunicación del planeta, no es otra que la de
una serie de individuos más preocupados de limpiar la basura que ensucia el
interior de su propia casa, que de dirigir los destinos de un País, seriamente
dañado por los efectos de la crisis, con más de cinco millones de desempleados
haciendo cola ante las oficinas del INEM, mientras ven cómo una importante
cantidad de dinero engrosa fraudulentamente las cuentas particulares de los que
a sí mismos, se llaman políticos.
Queda abierta ahora con mayor contundencia, la posibilidad de
una inmediata Moción de censura, que obligaría literalmente al Presidente a no
poder seguir rehuyendo su comparecencia ante el Congreso, para dar las
oportunas explicaciones que este enrevesado caso requiere y que hasta ahora ha
venido evitando reiteradamente, apoyado por un grupo de incondicionales, a los
que ya no les quedan argumentos.
Si la Moción se produce, queda en manos de la oposición
preparar minuciosamente las intervenciones, con la esperanza de conseguir de
boca del propio Rajoy , una especie de confesión sobre lo que ha venido
sucediendo en su Partido desde hace aproximadamente treinta años, o al menos,
la posibilidad de hacerle flaquear ante el nerviosismo de la ocasión y sabiendo
que estarían puestas en él todas las miradas de los españoles, absolutamente
indignados por el desarrollo de estos acontecimientos.
La imposibilidad de ganar la Moción, a causa de la mayoría
absoluta que las urnas dieron al PP en los últimos comicios, no resta un ápice
de interés al desarrollo de la misma, ni aparta de la nuca de Rajoy la espada
de Damocles que pende sobre ella, balanceándose sobre su cuello, cada vez con
más probabilidad de herirle, si sigue produciéndose la riolada de noticias
desfavorables que avanzan hacia él de manera inminente.
Mucho tendrían que estudiar los expertos conservadores, para
que la explicación obligada que ofreciera su Presidente al pueblo español
resultara ser verdaderamente convincente, en un intento desesperado de anular
lo que ya se conoce en el caso Bárcenas y sin poder contar, a partir de ahora,
con el silencio que el ex tesorero prometió, mientras creyó que seguía
respaldado por el apoyo personal de Rajoy, que después resultó fallido.
Se dan pues, todas las circunstancias precisas para que el líder del PP considere la
posibilidad de abandonar “dignamente”, por propia voluntad, el cargo que ocupa,
convocando nuevas elecciones que clarifiquen un poco el negro panorama político
español, ofreciéndose a la vez a sí mismo, un
respiro que le permita preparar su defensa ante la multitud de sospechas
que sobre él recaen en este caso, aunque seguramente nunca terminará de admitir
su implicación en el mismo, continúe o no, siendo el Presidente de España.

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