A nadie puede extrañar y menos aún a este gobierno, que las
familias españolas hayan reducido drásticamente sus gastos en el último año ni
que hayan establecido prioridades a la hora de consumir, anteponiendo lo que
les es vital, como la alimentación, la educación o la sanidad, a lo que podría
considerarse como superfluo, prescindiendo así de la ropa, las vacaciones o el
ocio.
Puede que el Ejecutivo
esperara ilusamente que sus políticas de recortes dieran otro resultado, pero
lo cierto y verdad es que de dónde no hay no se puede sacar y que la altísima
cifra de desempleados y también la de empleados eventuales contratados en condiciones
indignas, no podrían acarrear más que los datos que hoy se dan y que seguirán
empeorando, si no se encuentra pronto una vía de solución que potencie la
creación de empleo.
La percepción de la realidad que tienen los políticos resulta
ser absolutamente distinta de la que se aprecia a pie de calle, probablemente
debido a que su situación personal no se ha resentido en nada con esta crisis.
Cuando se goza de una posición de privilegio y las carencias en cosas
fundamentales le son a uno ajenas, es difícil imaginar el calvario que tienen
que sufrir varios millones de españoles, que se ven obligados a practicar una
supervivencia forzada, haciendo del día a día, una maratón frenética que les
garantice, al menos, el alimento para sus hijos.
Mirando un poco alrededor, es sencillo caer en la cuenta de
que las innumerables iniciativas que se están poniendo en marcha desde
organismos no gubernamentales y a veces, también, desde los Ayuntamientos, no
son fruto de un altruismo exacerbado, sino consecuencia de la terrible
necesidad que está padeciendo este pueblo.
Nadie monta un comedor social que garantice al menos una
comida diaria nuestros niños, si no se da la certeza de que a las familias le
es imposible hacerlo y que de otro modo, podrían caer en una desnutrición
similar a la que se padeció en España en los años cuarenta.
Quiéralo o no el gobierno, en este País hay hambre física y
desde las Instituciones nada se está haciendo por remediarlo, a pesar de la
evidencia.
Urge más, por lo visto, sanear a la Banca causante de la
crisis, aún teniendo que asumir el riesgo que el hambre supone y lo cerca que
estamos de cambiar nuestra posición en el Primer mundo, por otra absolutamente
tercermundista.
Y aún así, se nos invita a una activación del consumo,
imposible de asumir por nuestros exprimidos bolsillos, como si la espantosa
verdad que vivimos fuera nimia y no afectara en nada, nuestra salud física y
psicológica, a punto de entrar en colapso.
Hacer con lo poco que nos han dejado, un reparto equitativo
que cubra medianamente nuestras necesidades más perentorias, es ya un triunfo
para este pueblo y no hace falta ser versado en Economía para entender que
mientras no haya ingresos procedentes del trabajo, el consumo continuará
yéndose a pique, hasta caer del todo, si todo sigue en la misma línea
propugnada por este gobierno.
Por eso nos hiere tanto la Corrupción y por eso se está
creando un odio cada vez más fuerte contra quienes han hecho de ella un modo de
enriquecimiento. Porque su lujosa manera de vivir está en relación directa con
nuestra pobreza y su imperdonable inmoralidad, choca frontalmente con la
dignidad con la que estamos asumiendo la miseria que nos reporta cada uno de
sus delitos.
Y por eso también, nos cuesta tolerar que la Justicia
permanezca inmóvil ante estos hechos, permitiendo a sus autores una impunidad
total para llevarlos a cabo, como si la Ley hubiera ido muriendo un poco, con
cada sentencia de absolución que deja libres a los causantes de nuestra ruina.
Hoy hemos conocido una nueva. Tampoco Matas irá a prisión,
como otros tantos que con anterioridad, nos demostraron que no existe igualdad,
si hay dinero por medio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario