martes, 23 de julio de 2013

Los gastos de los españoles


A nadie puede extrañar y menos aún a este gobierno, que las familias españolas hayan reducido drásticamente sus gastos en el último año ni que hayan establecido prioridades a la hora de consumir, anteponiendo lo que les es vital, como la alimentación, la educación o la sanidad, a lo que podría considerarse como superfluo, prescindiendo así de la ropa, las vacaciones o el ocio.
  Puede que el Ejecutivo esperara ilusamente que sus políticas de recortes dieran otro resultado, pero lo cierto y verdad es que de dónde no hay no se puede sacar y que la altísima cifra de desempleados y también la de empleados eventuales contratados en condiciones indignas, no podrían acarrear más que los datos que hoy se dan y que seguirán empeorando, si no se encuentra pronto una vía de solución que potencie la creación de empleo.
La percepción de la realidad que tienen los políticos resulta ser absolutamente distinta de la que se aprecia a pie de calle, probablemente debido a que su situación personal no se ha resentido en nada con esta crisis. Cuando se goza de una posición de privilegio y las carencias en cosas fundamentales le son a uno ajenas, es difícil imaginar el calvario que tienen que sufrir varios millones de españoles, que se ven obligados a practicar una supervivencia forzada, haciendo del día a día, una maratón frenética que les garantice, al menos, el alimento para sus hijos.
Mirando un poco alrededor, es sencillo caer en la cuenta de que las innumerables iniciativas que se están poniendo en marcha desde organismos no gubernamentales y a veces, también, desde los Ayuntamientos, no son fruto de un altruismo exacerbado, sino consecuencia de la terrible necesidad que está padeciendo este pueblo.
Nadie monta un comedor social que garantice al menos una comida diaria nuestros niños, si no se da la certeza de que a las familias le es imposible hacerlo y que de otro modo, podrían caer en una desnutrición similar a la que se padeció en España en los años cuarenta.
Quiéralo o no el gobierno, en este País hay hambre física y desde las Instituciones nada se está haciendo por remediarlo, a pesar de la evidencia.
Urge más, por lo visto, sanear a la Banca causante de la crisis, aún teniendo que asumir el riesgo que el hambre supone y lo cerca que estamos de cambiar nuestra posición en el Primer mundo, por otra absolutamente tercermundista.
Y aún así, se nos invita a una activación del consumo, imposible de asumir por nuestros exprimidos bolsillos, como si la espantosa verdad que vivimos fuera nimia y no afectara en nada, nuestra salud física y psicológica, a punto de entrar en colapso.
Hacer con lo poco que nos han dejado, un reparto equitativo que cubra medianamente nuestras necesidades más perentorias, es ya un triunfo para este pueblo y no hace falta ser versado en Economía para entender que mientras no haya ingresos procedentes del trabajo, el consumo continuará yéndose a pique, hasta caer del todo, si todo sigue en la misma línea propugnada por este gobierno.
Por eso nos hiere tanto la Corrupción y por eso se está creando un odio cada vez más fuerte contra quienes han hecho de ella un modo de enriquecimiento. Porque su lujosa manera de vivir está en relación directa con nuestra pobreza y su imperdonable inmoralidad, choca frontalmente con la dignidad con la que estamos asumiendo la miseria que nos reporta cada uno de sus delitos.
Y por eso también, nos cuesta tolerar que la Justicia permanezca inmóvil ante estos hechos, permitiendo a sus autores una impunidad total para llevarlos a cabo, como si la Ley hubiera ido muriendo un poco, con cada sentencia de absolución que deja libres a los causantes de nuestra ruina.
Hoy hemos conocido una nueva. Tampoco Matas irá a prisión, como otros tantos que con anterioridad, nos demostraron que no existe igualdad, si hay dinero por medio.



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