domingo, 21 de julio de 2013

Un insulto para las mujeres


Pendientes de si Rajoy comparecerá por fin ante el congreso o si hará falta la Moción de censura para empujarle a subir al estrado para dar explicaciones sobre el caso Bárcenas, la noticia de que los recortes podrían afectar, a partir de ahora, a las reglas por las que se rige el derecho a la Reproducción asistida, cae como un mazazo sobre las mujeres de este País y trata de establecer una clara discriminación entre ellas, por simples razones de sexo o edad.
Quiere la Ministra Ana Mato, siguiendo la línea ideológico-religiosa que marca Gallardón, privar a lesbianas, mayores de cuarenta años y mujeres que hayan tenido algún hijo, de la posibilidad de acudir a la Sanidad Pública para ser sometidas a tratamiento de fertilidad, obligándolas además a demostrar que durante al menos dos años, han intentado de manera natural, quedar embarazadas  sin conseguirlo.
Otra vez el catolicismo fanático que se ha instalado en el PP, procura que la sociedad vuelva a marginar cualquier opción sexual que se aparte de los cánones heterosexuales por él establecidos, forzando a quienes con toda naturalidad se declaran lesbianas, a mantener relaciones con hombres si quieren quedar embarazadas, o a no poder cumplir su sueño de maternidad, si no disponen de los seis mil euros que vale el tratamiento en una Clínica privada.
La medida, aún en fase de estudio, atenta directamente contra la igualdad que entre todos los españoles propugna nuestra Constitución y vuelve a poner en entredicho la manera de gobernar de Rajoy, que consiente a las continuas exigencias provenientes directamente del Vaticano, sin entender que el poder político ha de mantener, necesariamente, una independencia total  del poder religioso, sobre todo al ser el nuestro un Estado laico y haber sido aprobado este concepto, por la mayoría de los españoles.
Pero es que además, también resulta la medida claramente discriminatoria para todas aquellas mujeres que decidieron libremente no tener hijos antes de los cuarenta o  afrontar la maternidad en solitario, al no encontrar pareja o no querer, simplemente, unir su destino al de ningún hombre o mujer, de manera voluntaria y en ejercicio de su derecho personal a hacerlo.
Con toda probabilidad se esperaba que esta proposición pasara desapercibida, envuelta por la tormenta del escándalo Bárcenas, pero la gravedad de lo expuesto, ha llenado inmediatamente de indignación a cuántas mujeres  podrían verse afectadas por la implantación de estas normas y no se han hecho esperar las reacciones de  los colectivos de gays y lesbianas y de las mujeres en general, oponiéndose rotundamente a esta nueva mutilación de nuestros derechos.
No entiende el PP que nuestra sociedad contempla con total naturalidad la existencia de cualquier tipo de familia y que se da una convivencia pacífica entre todos nosotros, basada en una condición de respeto por los demás que no parece haber llegado aún a los corazones de los que nos gobiernan y que permanecen anclados en un pasado lejano en el que la hipocresía dominaba las relaciones por encima de los sentimientos y en el que incluso se consideraba delito la homosexualidad, llegando a veces, a tratar de “curarla “ por medio de la medicina.
Pero ni Gallardón, ni ninguna de las corrientes vaticanas podrán hacer factible una vuelta atrás en el pensamiento de los españoles, que agradecemos enormemente habernos liberado de ciertos prejuicios que coartaban nuestra libertad con ataduras de oscurantismo medieval de las que, por suerte, hace tiempo nos hemos desprendido.
También hemos aprendido y no precisamente, gracias a ellos, a defender dónde haga falta, la garantía de ser respetados cada cual con su idiosincrasia, sin tener que rendir cuentas sobre nuestras tendencias sexuales o nuestra elección a la hora de formar un modelo de familia, solos o en compañía de otros.
Ni el caso Bárcenas, ni ningún otro escándalo, conseguirá pues, esconder lo que se proponen hacer, ni conseguirán evitar que se abra contra ellos un nuevo frente de lucha.

Lo prometemos.    

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