Mientras España canaliza el duelo y trata de retomar una
normalidad seriamente dañada por la actualidad, el diario El Mundo vuelve sobre
las declaraciones de Bárcenas, publicando que su relación personal con Rajoy se
mantuvo prácticamente hasta su ingreso en prisión, llegando el Presidente a
utilizar su influencia para que la mujer del ex tesorero pudiera entrar en la
audiencia por la puerta de atrás, sin tener que exponerse a las miradas de
curiosos y periodistas.
A la espera de la comparecencia en el Parlamento, para la que
apenas faltan unos días, el líder del PP ha de estar necesariamente sometido a
gran tensión, augurándose como se augura, que las declaraciones aparecidas hoy
en el periódico que se ha convertido en su mayor enemigo no sean las últimas y
que estemos a punto de conocer la guinda final del pastel que conseguiría
forzar la dimisión del Presidente, independientemente de la defensa de sí mismo que pudiera hacer
ante el Congreso y de si fuera o no capaz de responder a todas las preguntas
que hará la oposición y que prometen ser, cuando menos, incisivas e impías.
Todo hace suponer que Bárcenas habrá almacenado mucho más
material que el que se ha mostrado hasta ahora y no sería de extrañar que en
cualquier momento sacara de su manga mágica vídeos o grabaciones telefónicas de
carácter inculpatorio, que estrecharan el cerco que se cierne en torno a sus
más ilustres ex compañeros de Partido, a los que no quedaría entonces más
remedio, que rendirse ante la evidencia.
La orquestación de la campaña de desprestigio, que está
siendo impecable, sean cuales fueren los fines que persiga, no parece estar
completa y sería un fiasco garrafal que todo se detuviera ahora, sin más
contundencia en las pruebas, brindando a los supuestos implicados en esta trama
de extorsión, la oportunidad de escapar con impunidad a las consecuencias de
sus supuestos delitos.
Los ciudadanos aguardamos con enorme expectación la próxima
secuencia de la película, bregando con la náusea que produce que sean posibles
esta serie de escándalos en un País tan gravemente afectado por la crisis y con
la esperanza de poder terminar con la pesadilla que sufrimos, mucho antes de
que acabe esta nefasta legislatura y, a ser posible, perdiendo de vista al
Partido que ganó una mayoría absoluta de aciagas consecuencias, que está
acabando con la poca armonía que aún nos quedaba y colocándonos a todos, más
tarde o más temprano, ante las oficinas del INEM y teniendo que afrontar
carencias que sólo tendrían solución si
se potenciara la creación de buen empleo.
Llegados a este punto, el ansia por saber qué pasó tras las
paredes de Génova hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga, se ha
convertido en una prioridad perentoria, teniendo en cuenta que los
protagonistas de esta historia son exactamente los mismos que nos han exigido
más y más sacrificios mientras aplicaban unas terribles políticas de recortes,
que han ido lesionando nuestros derechos hasta hacerlos prácticamente
imperceptibles y convirtiendo nuestra vida diaria en un infierno del que para
muchos, será imposible salir.
Si al mismo tiempo que a los ciudadanos nos sucedían estas
cosas, un rio de dinero llenaba los bolsillos de los encargados de hacer
efectivas estas medidas, la inmoralidad y la falta de ética de los que
consentían este escándalo, no puede ser más manifiesta y sería de justicia que
pagaran por sus desmanes, al menos con la misma crueldad con que se ha venido
aplicando la ley en los casos de desahucios, a cara descubierta, en presencia
de quien quiera mirar y sin escatimar en
medios que filmen el momento de su detención o su ingreso en prisión, si
resultara cierta su culpabilidad en estos hechos.
Esperemos que a Ruz no le tiemble la mano en tirar de cuantas mantas sean necesarias,
ni en imputar a todos aquellos que lo merezcan, porque de este juicio depende,
en gran parte, que hechos como los que relata el ex tesorero no vuelvan a
repetirse y que la clase de pseudo políticos que ahora se mueven impunemente
por las Instituciones, no vuelvan a hacer de la profesión, un modo fácil de
enriquecimiento.
La contención del pueblo no será eterna y el papel de la
justicia, en la que todos queremos confiar, no es otro que poner en claro, a la
mayor brevedad posible, qué pasó, quiénes lo hicieron y procurar con ahínco que
paguen por ello.

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