lunes, 29 de julio de 2013

Volviendo a la anormalidad


Mientras España canaliza el duelo y trata de retomar una normalidad seriamente dañada por la actualidad, el diario El Mundo vuelve sobre las declaraciones de Bárcenas, publicando que su relación personal con Rajoy se mantuvo prácticamente hasta su ingreso en prisión, llegando el Presidente a utilizar su influencia para que la mujer del ex tesorero pudiera entrar en la audiencia por la puerta de atrás, sin tener que exponerse a las miradas de curiosos y periodistas.
A la espera de la comparecencia en el Parlamento, para la que apenas faltan unos días, el líder del PP ha de estar necesariamente sometido a gran tensión, augurándose como se augura, que las declaraciones aparecidas hoy en el periódico que se ha convertido en su mayor enemigo no sean las últimas y que estemos a punto de conocer la guinda final del pastel que conseguiría forzar la dimisión del Presidente, independientemente  de la defensa de sí mismo que pudiera hacer ante el Congreso y de si fuera o no capaz de responder a todas las preguntas que hará la oposición y que prometen ser, cuando menos, incisivas e impías.
Todo hace suponer que Bárcenas habrá almacenado mucho más material que el que se ha mostrado hasta ahora y no sería de extrañar que en cualquier momento sacara de su manga mágica vídeos o grabaciones telefónicas de carácter inculpatorio, que estrecharan el cerco que se cierne en torno a sus más ilustres ex compañeros de Partido, a los que no quedaría entonces más remedio, que rendirse ante la evidencia.
La orquestación de la campaña de desprestigio, que está siendo impecable, sean cuales fueren los fines que persiga, no parece estar completa y sería un fiasco garrafal que todo se detuviera ahora, sin más contundencia en las pruebas, brindando a los supuestos implicados en esta trama de extorsión, la oportunidad de escapar con impunidad a las consecuencias de sus supuestos delitos.
Los ciudadanos aguardamos con enorme expectación la próxima secuencia de la película, bregando con la náusea que produce que sean posibles esta serie de escándalos en un País tan gravemente afectado por la crisis y con la esperanza de poder terminar con la pesadilla que sufrimos, mucho antes de que acabe esta nefasta legislatura y, a ser posible, perdiendo de vista al Partido que ganó una mayoría absoluta de aciagas consecuencias, que está acabando con la poca armonía que aún nos quedaba y colocándonos a todos, más tarde o más temprano, ante las oficinas del INEM y teniendo que afrontar carencias  que sólo tendrían solución si se potenciara la creación de buen empleo.
Llegados a este punto, el ansia por saber qué pasó tras las paredes de Génova hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga, se ha convertido en una prioridad perentoria, teniendo en cuenta que los protagonistas de esta historia son exactamente los mismos que nos han exigido más y más sacrificios mientras aplicaban unas terribles políticas de recortes, que han ido lesionando nuestros derechos hasta hacerlos prácticamente imperceptibles y convirtiendo nuestra vida diaria en un infierno del que para muchos, será imposible salir.
Si al mismo tiempo que a los ciudadanos nos sucedían estas cosas, un rio de dinero llenaba los bolsillos de los encargados de hacer efectivas estas medidas, la inmoralidad y la falta de ética de los que consentían este escándalo, no puede ser más manifiesta y sería de justicia que pagaran por sus desmanes, al menos con la misma crueldad con que se ha venido aplicando la ley en los casos de desahucios, a cara descubierta, en presencia de quien quiera mirar y sin  escatimar en medios que filmen el momento de su detención o su ingreso en prisión, si resultara cierta su culpabilidad en estos hechos.
Esperemos que a Ruz no le tiemble la mano  en tirar de cuantas mantas sean necesarias, ni en imputar a todos aquellos que lo merezcan, porque de este juicio depende, en gran parte, que hechos como los que relata el ex tesorero no vuelvan a repetirse y que la clase de pseudo políticos que ahora se mueven impunemente por las Instituciones, no vuelvan a hacer de la profesión, un modo fácil de enriquecimiento.

La contención del pueblo no será eterna y el papel de la justicia, en la que todos queremos confiar, no es otro que poner en claro, a la mayor brevedad posible, qué pasó, quiénes lo hicieron y procurar con ahínco que paguen por ello.

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