El descalabro político de las Derechas y las
Socialdemocracias europeas y especialmente españolas, que ahora habían sido las
dos tendencias mayoritariamente votadas, obliga a sus dirigentes a un
replanteamiento forzoso de su manera de actuar, si quieren seguir conservando
alguna posibilidad de formar futuros gobiernos, dada la decepción mayestática
que los ciudadanos padecen, en buena parte, por la desastrosa gestión que en
los últimos tiempos se ha venido haciendo para afrontar las consecuencias de la
crisis.
Sin que sea posible una vuelta atrás y acuciados por las
deudas , todas en manos de los usureros europeos, lo más fácil para continuar
teniendo opciones de poder, pasa forzosamente, por formar curiosas alianzas
ideológicamente antagónicas, que refuercen las posturas de oposición ante las
naciones económicamente más fuertes e intentando que se cambien rápidamente las
medidas de recortes que tan malos resultados han dado, por otras que potencien
la creación de empleo, de la clase que sean, que consigan hacer descender las
escandalosas cifras de desempleados, que constituyen una vergüenza imperdonable
a los ojos del mundo.
En España, PP y PSOE se afanan en solucionar la inminente
ruptura del bipartidismo que han protagonizado desde la llegada de la
Democracia y han negociado un pacto a espaldas de las demás formaciones políticas, para iniciar junto con
sus respectivos correligionarios , una estrategia que les devuelva la confianza
del electorado y que frene la ambición de los colonizadores europeos, cuya
avaricia insaciable está colocando al borde de la ruina, a una ingente cantidad
de familias que se han quedado sin presente y sin futuro.
No es que de pronto ni Rajoy, ni Rubalcaba, hayan sufrido un
grave problema de conciencia por los errores cometidos durante las dos últimas
legislaturas, sino que las encuestas de opinión empiezan a reflejar el hartazgo
de una población indignada que no está dispuesta a volver a depositar su
confianza en ninguno de ellos y cuya intención de voto, de celebrarse
inmediatamente nuevos comicios, estaría claramente orientada hacia otras
organizaciones ahora minoritarias, otorgándoles la llave de cualquier forma de
gobierno, si entre ellas fuerzan los necesarios acuerdos para conseguirlo.
Pero el compromiso entre PSOE y PP, o al menos lo que se ha filtrado sobre
los contenidos del mismo, parece ser del todo insuficiente para solucionar del
todo la gravedad de la situación actual, sobre todo si mientras tanto, siguen su
curso medidas concebidas con anterioridad, como la Ley Wert o la Privatización
paulatina de la Sanidad o si las políticas de empleo que se piensan preconizar
con el acuerdo, no proporcionan a los españoles, al menos, unos salarios que les permitan vivir con dignidad
y el modo de reducir las listas del paro es minar el territorio nacional de
mini jobs, que proporcionen a las empresas mano de obra barata con la que poder
competir, de igual a igual, con los mercados asiáticos.
El desacuerdo de los otros partidos políticos, que se han
quedado atónitos al no ser invitados a secundar el pacto, no se ha hecho
esperar y de ellos depende en gran medida, que el texto final de esta curiosa
alianza pueda o no acercarse a las necesidades reales que el pueblo español consideraría
como primordiales, para vencer la incertidumbre y el desasosiego que se ha instalado entre nosotros y que en
modo alguno, quedarán resueltos con sueldos de cuatrocientos euros, en un
panorama en el que los precios y los impuestos, son cada día más altos.
La falsa imagen de unidad que se pretende dar a través de
los medios de comunicación, como si los acuerdos se estuvieran llevando a cabo
por un sentimiento de patriotismo, no debe confundir a los que deseamos
fervientemente un cambio real de dirección en la política, ni puede ser
tampoco, un bálsamo que alivie transitoriamente las heridas que padecemos.
Es ésta, una unidad de conveniencia, que se mantendrá
mientras se vayan consiguiendo los objetivos de ir reflotando la pésima opinión
que de los dos partidos mayoritarios
tienen ahora los españoles y que se acabará si la estrategia no funciona
y en los próximos meses, las encuestas siguen augurando un desastre de
incalculables consecuencias, para uno de ellos, o para ambos.
Es pues el momento de dar batalla sin tregua en aquello que
más convenga a los ciudadanos, para, a ser posible, parar en seco las posturas
de sumisión que el PP había adoptado desde su llegada al gobierno, aunque es poco probable que sea un PSOE derechizado
y herido de muerte, el encargado de conseguirlo.
Sin embargo, si formaciones más a la izquierda, a las que el
futuro promete una subida electoral y con el apoyo de los movimientos
ciudadanos, se encargan de condicionar su apoyo al pacto, al abandono de
ciertas actitudes del todo inaceptables para la sociedad, puede que haya una
posibilidad de reorientar el modo de zafarse de esta maldita crisis y reventar
el concepto de un pacto concebido para beneficio exclusivo de conservadores y
socialistas.
Se trata de una labor escrupulosamente difícil y que no
debe, en modo alguno, verse afectada por el conformismo.
El futuro de todos los que no queremos que esta locura
continúe, puede depender en gran medida, de los acuerdos que negocien las minorías
en las próximas semanas. Solo habrá que pedir, que apunten alto en sus
peticiones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario