domingo, 16 de junio de 2013

Un pacto insuficiente

El descalabro político de las Derechas y las Socialdemocracias europeas y especialmente españolas, que ahora habían sido las dos tendencias mayoritariamente votadas, obliga a sus dirigentes a un replanteamiento forzoso de su manera de actuar, si quieren seguir conservando alguna posibilidad de formar futuros gobiernos, dada la decepción mayestática que los ciudadanos padecen, en buena parte, por la desastrosa gestión que en los últimos tiempos se ha venido haciendo para afrontar las consecuencias de la crisis.
Sin que sea posible una vuelta atrás y acuciados por las deudas , todas en manos de los usureros europeos, lo más fácil para continuar teniendo opciones de poder, pasa forzosamente, por formar curiosas alianzas ideológicamente antagónicas, que refuercen las posturas de oposición ante las naciones económicamente más fuertes e intentando que se cambien rápidamente las medidas de recortes que tan malos resultados han dado, por otras que potencien la creación de empleo, de la clase que sean, que consigan hacer descender las escandalosas cifras de desempleados, que constituyen una vergüenza imperdonable a los ojos del mundo.
En España, PP y PSOE se afanan en solucionar la inminente ruptura del bipartidismo que han protagonizado desde la llegada de la Democracia y han negociado un pacto a espaldas de las demás  formaciones políticas, para iniciar junto con sus respectivos correligionarios , una estrategia que les devuelva la confianza del electorado y que frene la ambición de los colonizadores europeos, cuya avaricia insaciable está colocando al borde de la ruina, a una ingente cantidad de familias que se han quedado sin presente y sin futuro.
No es que de pronto ni Rajoy, ni Rubalcaba, hayan sufrido un grave problema de conciencia por los errores cometidos durante las dos últimas legislaturas, sino que las encuestas de opinión empiezan a reflejar el hartazgo de una población indignada que no está dispuesta a volver a depositar su confianza en ninguno de ellos y cuya intención de voto, de celebrarse inmediatamente nuevos comicios, estaría claramente orientada hacia otras organizaciones ahora minoritarias, otorgándoles la llave de cualquier forma de gobierno, si entre ellas fuerzan los necesarios acuerdos para conseguirlo.
Pero el compromiso entre PSOE  y PP, o al menos lo que se ha filtrado sobre los contenidos del mismo, parece ser del todo insuficiente para solucionar del todo la gravedad de la situación actual, sobre todo si mientras tanto, siguen su curso medidas concebidas con anterioridad, como la Ley Wert o la Privatización paulatina de la Sanidad o si las políticas de empleo que se piensan preconizar con el acuerdo, no proporcionan a los españoles, al menos, unos   salarios que les permitan vivir con dignidad y el modo de reducir las listas del paro es minar el territorio nacional de mini jobs, que proporcionen a las empresas mano de obra barata con la que poder competir, de igual a igual, con los mercados asiáticos.
El desacuerdo de los otros partidos políticos, que se han quedado atónitos al no ser invitados a secundar el pacto, no se ha hecho esperar y de ellos depende en gran medida, que el texto final de esta curiosa alianza pueda o no acercarse a las necesidades reales que el pueblo español consideraría como primordiales, para vencer la incertidumbre y el desasosiego  que se ha instalado entre nosotros y que en modo alguno, quedarán resueltos con sueldos de cuatrocientos euros, en un panorama en el que los precios y los impuestos, son cada día más altos.
La falsa imagen de unidad que se pretende dar a través de los medios de comunicación, como si los acuerdos se estuvieran llevando a cabo por un sentimiento de patriotismo, no debe confundir a los que deseamos fervientemente un cambio real de dirección en la política, ni puede ser tampoco, un bálsamo que alivie transitoriamente las heridas que padecemos.
Es ésta, una unidad de conveniencia, que se mantendrá mientras se vayan consiguiendo los objetivos de ir reflotando la pésima opinión que de los dos partidos mayoritarios  tienen ahora los españoles y que se acabará si la estrategia no funciona y en los próximos meses, las encuestas siguen augurando un desastre de incalculables consecuencias, para uno de ellos, o para ambos.
Es pues el momento de dar batalla sin tregua en aquello que más convenga a los ciudadanos, para, a ser posible, parar en seco las posturas de sumisión que el PP había adoptado desde su llegada al gobierno, aunque  es poco probable que sea un PSOE derechizado y herido de muerte, el encargado de conseguirlo.
Sin embargo, si formaciones más a la izquierda, a las que el futuro promete una subida electoral y con el apoyo de los movimientos ciudadanos, se encargan de condicionar su apoyo al pacto, al abandono de ciertas actitudes del todo inaceptables para la sociedad, puede que haya una posibilidad de reorientar el modo de zafarse de esta maldita crisis y reventar el concepto de un pacto concebido para beneficio exclusivo de conservadores y socialistas.
Se trata de una labor escrupulosamente difícil y que no debe, en modo alguno, verse afectada por el conformismo.
El futuro de todos los que no queremos que esta locura continúe, puede depender en gran medida, de los acuerdos que negocien las minorías en las próximas semanas. Solo habrá que pedir, que apunten alto en sus peticiones.




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