Siguiendo el Protocolo médico que me manda la Sanidad Pública
española, entro en quirófano el próximo Lunes, para que me extirpen la única
catarata que me queda y con la ilusión de que los profesionales consigan con
este ojo, el mismo éxito que obtuvieron con el primero, devolviéndome el
cincuenta por ciento de la luz que me falta y
ofreciéndome con ello la oportunidad de tirar las gafas que he
necesitado, durante los últimos cuatro o cinco años de mi vida.
Igual que la vez anterior, me acompaña la tranquilidad de
saber que estoy en buenas manos y lo único que me preocupa un poco es que
durante al menos unos días, no podré escribir esta columna que tantas
satisfacciones me da, por lo que apelo de nuevo a la paciencia de mis lectores,
que comprenderán perfectamente, que la salud es lo primero.
Ya me gustaría a mí que la situación del País en que vivo
tuviera una solución tan fácil como esta sencilla operación que me devolverá la
suerte de ver y que pudiéramos compartir el periodo de convalecencia, pero me temo
que mis días de reposo no serán suficientes para, a mi vuelta, poder dar
mejores noticias y que el periodo que tengo por delante me servirá, únicamente,
para reflexionar en soledad sobre los asuntos que vayan surgiendo alrededor
nuestro, para retomarlos con nueva visión, nuevos ánimos y más ahínco.
Verán, esto de escribir es una droga dura de la que resulta
imposible desprenderse y la abstinencia causa auténticos estragos en quien por
la razón que fuere, se ve privado de este tormentoso placer, que supone el reto
diario de sentarse ante el pavoroso vacío del papel en blanco, aunque ahora el
folio sea virtual y hayamos abandonado el regusto de poder arrugarlo y tirarlo
a la papelera, cuando no nos sale una frase, o simplemente, consideramos que
hemos escrito una tontería-
Así que con toda seguridad, me esperan unos días de
impaciencia en los que cambiará mi humor y me convertiré en un ser intratable,
del que querrán huir todos aquellos que se han impuesto la obligación de
cuidarme y a los que no quedará otro remedio que soportar el mal aburrimiento
que siempre he tenido y que se agravará, sin duda, en cuanto no tenga nada que
hacer.
En cuanto pueda, volveré a las andadas y espero que la
necesidad acumulada de escribir, terminará dando apetecibles frutos en forma de
artículo, que premien la paciencia de los que me esperaron y asombren, al menos
un poco, a los que lleguen a este blog por primera vez, desde cualquier parte
del mundo.
Disculpen las molestias-

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