miércoles, 5 de junio de 2013

Tolerancia cero


El recrudecimiento de la violencia de género, detectado en estos últimos meses, obliga a una revisión urgente de las medidas legales que suelen adoptarse en nuestro país, e invita al gobierno de Mariano Rajoy a posicionarse claramente en esta cuestión, sobre la que siempre ha mantenido una ambigüedad imperdonable.
Es verdad que las órdenes de alejamiento pueden haber evitado muertes y que la concienciación ciudadana se ha elevado con respecto al pasado, pero lo cierto y verdad es que las mujeres siguen en innumerables casos, atemorizadas por sus agresores, sin que haya medios reales para establecer una vigilancia permanente, que las proteja de esta plaga que tantas víctimas les ha costado, desde que decidieron que su dependencia del varón había terminado y que tenían derecho a tener vida propia.
Una gran parte de la culpa de lo que ocurre la tiene la educación diferenciada que muchas familias practican con sus hijos, preservando los privilegios que por cuestión de sexo, han tenido los hombres desde tiempos inmemoriales y que les exime, por ejemplo, de las labores domésticas, en lo que sería un primer paso hacia la consolidación de un carácter machista, que después perdurará durante toda su vida.
Tampoco se hace suficiente hincapié en que la tolerancia con el maltrato ha de ser nula, sobre todo en edades adolescentes, mostrando a las hijas que el camino de la igualdad es el único posible cuando se establece una relación, por lo que a menudo tropezamos con chicas muy jóvenes, que continúan viendo en los celos una prueba de amor y que toleran diariamente actitudes de violencia verbal, e incluso física, justificándolas y agradeciéndolas e incluso refiriéndolas en público, como una forma de pasión envidiable, que hace única la relación que mantienen.
La cruda realidad se encarga siempre de demostrar la falsedad de este argumento y el paso de los años, coloca al maltratador exactamente en su justo papel, en cuanto los celos adolescentes empiezan a transformarse en una idea obsesiva de poseer a la persona con la que conviven, anulando su personalidad y llegando hasta el asesinato, con tal de demostrar su prepotencia-
La labor de los padres en estos primeros pasos de noviazgo precoz, ha de ser obligatoriamente contundente y la lucha diaria en este sentido, ha de estar orientada a dejar claro que la libertad individual y el desarrollo de la personalidad de cada uno, debe estar por encima de cualquier intento de anulación por parte de quien se tiene enfrente, dando lugar de persistir, a un abandono inmediato de la relación y a una denuncia, si el individuo tras el adiós, practicara el acoso, a través de llamadas telefónicas, seguimientos o en las redes sociales, que tan de moda están, en los últimos tiempos.
En el caso de los hijos varones, la educación en el respeto a la mujer y su práctica en casa por parte de los padres, es la piedra angular en el proceso.
Aplaudir actitudes machistas, como las que convierten a los hombres en el centro del universo, ninguneando el papel de la mujer en la sociedad y relegándola únicamente al de madre y esposa, potencia sobremanera el sentimiento de falso orgullo que ha prevalecido durante siglos en el mundo, e impide a quien lo tiene, avanzar en el pensamiento de complicidad que toda pareja necesita.
No se puede ser conservador en esto. Sin una mínima dosis de progresismo, esta cuestión estaría enquistada en el pasado y la lucha que las mujeres han mantenido por conseguir la igualdad, estaría perdida de antemano y sin remisión posible.
Es pues labor de los gobiernos, del signo que sean, desligar la ideología de lo que es justo, en lo que a este tema se refiere, sin dar tregua a los que aún creen que las personas pueden ser de su propiedad y convierten la vida de sus parejas en un infierno, empleando a diario como única arma, la violencia.
Los pasos atrás que pudieran darse, empleando como argumento razones de pura ideología, traerán siempre consigo más pérdidas de vidas humanas y un aumento de los casos que ya tenemos, al no haber efectivos policiales suficientes, para combatir lo que ocurre.



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