El FMI, copiando en cierto modo el ejemplo de la Iglesia
Católica, que pide perdón cuando las cosas ya no tienen remedio, dice ahora que
se han equivocado con las exigencias que hicieron a Grecia, como condición para
recibir el rescate y que la han llevado a una reducción drástica del consumo,
un veinticinco por ciento de paro y un alto índice de pobreza instalado en su
población, que tiene visos de prolongarse, asuman o no su equivocación, los
usureros europeos.
Cualquier estudiante de Bachillerato de la Educación Pública española,
esa que tanto critica Wert, se hubiera dado cuenta sin pasar por ninguna
Facultad, que las medidas propuestas por Europa a los países del sur y,
principalmente a Grecia, al producir como efecto inmediato un altísimo
desempleo, estaban abocadas al más estrepitoso de los fracasos.
De poco o nada sirve ahora a los griegos el arrepentimiento
de estos iluminados que les han llevado a la ruina y que nunca han querido
escuchar el clamor popular que se oponía diametralmente al camino que habían
tomado, supuestamente, para remediar esta crisis.
Fragmentado el País y vendido al mejor postor por la
inutilidad de sus políticos, bastante similar a la de los nuestros, la fingida
contrición que aparentan los miembros del FMI mientras suplican el perdón de
los ciudadanos, no tiene el menor viso de credibilidad, dada la calidad moral
de los suplicantes.
En justicia, Grecia debiera exigir ahora la urgente
reparación del error y que el FMI aportara una fuerte inversión dedicada exclusivamente
a la creación de puestos de trabajo, que saquen a los griegos del precipicio al
que fueron arrojados, sin piedad, por la señora Lagarde y sus socios.
¿Y qué pasará con los otros países y en especial, con el
nuestro? ¿Es el arrepentimiento extensible a todos aquellos a quienes han ido
maltratando con sus exigencias de recorte, o como aún no han llegando a la
categoría de catástrofe que azota Grecia, siguen considerando válidas sus
inteligibles propuestas y hemos de seguir recortando en salarios, pensiones y
partidas sociales, para merecer su atención y su propósito de enmienda?
La esperpéntica imagen de este organismo, que durante los
últimos tiempos ha sido la guillotina que ha segado las ilusiones y las
esperanzas de media Europa, cae por fin, estrépitopsamente empujada por su
ineptitud y se muestra ante nuestros con toda la crudeza que pone la realidad
en los rostros de los fracasados.
En buena lid, si son ellos los que reconocen haberse
equivocado, que empiecen a pagar por ello, de la misma manera en que nos han
hecho pagar a nosotros, con sangre, sudor y lágrimas.

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