lunes, 10 de junio de 2013

Un grupo de valientes



En contra de lo que la derecha califica como un gesto de mala educación, la postura de los estudiantes de excelencia que se negaron a estrechar la mano del señor Wert, no puede ser más coherente.
En contacto directo con lo que ocurre en los ambientes universitarios y formando parte de la élite que alcanza los primeros puestos de las promociones, a base de esfuerzo, podría decirse que nadie mejor informado que ellos sobre lo que puede aportar la nueva Ley de Educación, ni más capacitados para poder discernir si están o no a favor de su implantación y de las consecuencias que traerá la misma.
Haciendo uso de la libertad de expresión que otorga a todos los españoles la Constitución, estos estudiantes ya optaron por cambiar las galas propias que podrían haber lucido uno de los días más importantes de sus vidas, por una simple camiseta de color verde, que se ha convertido en el símbolo de la solidaridad popular con la Enseñanza Pública y el rechazo a la implantación del sistema clasista propuesto por el Ministro Wert y que sesga cualquier oportunidad de llegar a la Universidad, a todos aquellos que no dispongan de los medios económicos que, a partir de ahora, serán necesarios para tal fin.
Del mismo modo, estrechar la mano de quien trata de llevar adelante esta Ley, cerrando con ella el camino de la educación a las clases humildes, hubiera constituido un acto de total hipocresía, que colocaría  la cursilería del protocolo establecido, por delante de lo que cada cual pudiera sentir hacia quién considera artífice de algo que rechaza y que hubiera mermado considerablemente la imagen de indignación que recorre los ambientes universitarios y que es preciso que se conozca, también, por el resto de la sociedad española-
La valentía de estos muchachos, que han conseguido con su gesto, copar las primeras páginas de todos los medios de comunicación, puede que haya sido más válida que todas las protestas organizadas en el último año en las calles, al tratarse de la primera ocasión en que se ha podido expresar esta oposición a la Ley, en contacto físico con un Ministro, bastante reacio a discutir ni con instituciones ni con particulares, lo que considera el meollo de su proyecto.
El desplante es más que merecido, si se tiene en cuenta que Wert se ha negado sistemáticamente a escuchar a Padres, Alumnos y Profesores y que su única ambición se centra en sacar adelante su Ley, a pesar de tener al grueso de la sociedad en contra y teniendo en cuenta que, con toda probabilidad, estos estudiantes nunca más tendrán la ocasión de ver al Ministro tan de cerca, justo era que aprovecharan la oportunidad para mostrarle el desacuerdo con su política, para provocar en él, el mismo sentimiento de abandono que a diario siente la ciudadanía, cuando sus protestas no son escuchadas.
La valentía de estos jóvenes, que podrían representar el sentimiento generalizado de los universitarios, deja también en entredicho, al tratarse de los mejores estudiantes del País, la teoría de que quienes se manifiestan en la calle son alborotadores profesionales, sin oficio ni beneficio y constituye una llamada de alerta con mayúsculas, para un gobierno absolutamente desligado del sentir ciudadano, que impone de manera dictatorial sus decretos, maltratando e insultando, por norma, a todos aquellos que se atreven a manifestar su oposición, de la manera que fuere y siempre dentro de una legalidad vigente.
Si Wert ha sido herido en su orgullo, a lo mejor esto era una necesidad para contrarrestar su soberbia.
Ahora sabe por experiencia propia que los estudiantes no le quieren, que no piensan abandonar la lucha por conservar el derecho a una Educación  Pública de calidad y que así lo van a decir cada vez que tengan ocasión, independientemente de quién sea su interlocutor o de la importancia del acto que en ese momento se celebre.



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