En contra de lo que la derecha califica como un gesto de mala
educación, la postura de los estudiantes de excelencia que se negaron a
estrechar la mano del señor Wert, no puede ser más coherente.
En contacto directo con lo que ocurre en los ambientes
universitarios y formando parte de la élite que alcanza los primeros puestos de
las promociones, a base de esfuerzo, podría decirse que nadie mejor informado
que ellos sobre lo que puede aportar la nueva Ley de Educación, ni más capacitados
para poder discernir si están o no a favor de su implantación y de las
consecuencias que traerá la misma.
Haciendo uso de la libertad de expresión que otorga a todos
los españoles la Constitución, estos estudiantes ya optaron por cambiar las
galas propias que podrían haber lucido uno de los días más importantes de sus
vidas, por una simple camiseta de color verde, que se ha convertido en el
símbolo de la solidaridad popular con la Enseñanza Pública y el rechazo a la
implantación del sistema clasista propuesto por el Ministro Wert y que sesga
cualquier oportunidad de llegar a la Universidad, a todos aquellos que no
dispongan de los medios económicos que, a partir de ahora, serán necesarios
para tal fin.
Del mismo modo, estrechar la mano de quien trata de llevar
adelante esta Ley, cerrando con ella el camino de la educación a las clases
humildes, hubiera constituido un acto de total hipocresía, que colocaría la cursilería del protocolo establecido, por
delante de lo que cada cual pudiera sentir hacia quién considera artífice de
algo que rechaza y que hubiera mermado considerablemente la imagen de
indignación que recorre los ambientes universitarios y que es preciso que se
conozca, también, por el resto de la sociedad española-
La valentía de estos muchachos, que han conseguido con su
gesto, copar las primeras páginas de todos los medios de comunicación, puede
que haya sido más válida que todas las protestas organizadas en el último año
en las calles, al tratarse de la primera ocasión en que se ha podido expresar
esta oposición a la Ley, en contacto físico con un Ministro, bastante reacio a
discutir ni con instituciones ni con particulares, lo que considera el meollo
de su proyecto.
El desplante es más que merecido, si se tiene en cuenta que
Wert se ha negado sistemáticamente a escuchar a Padres, Alumnos y Profesores y
que su única ambición se centra en sacar adelante su Ley, a pesar de tener al
grueso de la sociedad en contra y teniendo en cuenta que, con toda
probabilidad, estos estudiantes nunca más tendrán la ocasión de ver al Ministro
tan de cerca, justo era que aprovecharan la oportunidad para mostrarle el
desacuerdo con su política, para provocar en él, el mismo sentimiento de
abandono que a diario siente la ciudadanía, cuando sus protestas no son escuchadas.
La valentía de estos jóvenes, que podrían representar el
sentimiento generalizado de los universitarios, deja también en entredicho, al
tratarse de los mejores estudiantes del País, la teoría de que quienes se
manifiestan en la calle son alborotadores profesionales, sin oficio ni
beneficio y constituye una llamada de alerta con mayúsculas, para un gobierno
absolutamente desligado del sentir ciudadano, que impone de manera dictatorial
sus decretos, maltratando e insultando, por norma, a todos aquellos que se
atreven a manifestar su oposición, de la manera que fuere y siempre dentro de
una legalidad vigente.
Si Wert ha sido herido en su orgullo, a lo mejor esto era una
necesidad para contrarrestar su soberbia.
Ahora sabe por experiencia propia que los estudiantes no le
quieren, que no piensan abandonar la lucha por conservar el derecho a una
Educación Pública de calidad y que así
lo van a decir cada vez que tengan ocasión, independientemente de quién sea su
interlocutor o de la importancia del acto que en ese momento se celebre.

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