domingo, 23 de junio de 2013

El final de la interinidad


La Reforma de las Administraciones que Soraya Sáenz de Santamaría se ha tomado como un reto personal,  con el que trata de convencer a los españoles de que también se exigen sacrificios a los políticos, no es más que una maniobra bien orquestada para deshacerse del resto de los interinos que aún conservan su puesto de trabajo  y que el empleo público quede, de momento, reservado a los funcionarios con plaza en propiedad, al menos hasta nueva orden.
Desde que el PP se hizo con el poder, terminar con la interinidad se convirtió en una prioridad, que se ha ido materializando con los despidos masivos de estos trabajadores, primero en sectores como la enseñanza y la Sanidad y después, por cualquiera de los otros puestos que tenían que ver con organismos dedicados a lo Social, para finalmente y por medio de esta nueva Reforma, poder acceder a los que ocupan puestos en Administraciones locales, Autonomías y Ayuntamientos, que de otro modo escapaban a las competencias del Gobierno Central y su redundante obcecación por terminar con este tipo de empleados.
La medida, que continúa la línea de política de recortes que para Mariano Rajoy parece ser la única manera de salir de la crisis, viene en cambio, a volver a propiciar el aumento del desempleo, obviando que quizá, se recortaría infinitamente más, si se decidiera suprimir, por ejemplo, el Senado, o las desfasadas Diputaciones, que se han convertido en un asilo para políticos retirados que se niegan a volver al mercado laboral y encuentran en ella un modo de vida fácil, desde el que seguir disfrutando de sus incalculables privilegios.
Decir que con esta Reforma se va a exigir sacrificios a la clase política, no es más que un modo de maquillar la cruda realidad de que, con toda probabilidad, estos señores serán  reubicados en otras puestos en alguna otra parte, mientras los interinos son  masivamente despedidos y lanzados, directamente, a las largas filas del INEM-
Si una cosa buena ha dejado esta crisis, es que los españoles hemos aprendido a base de golpes, a diferenciar perfectamente, lo que esconden las bellas palabras de los políticos y lo que antes, cuando aún gozaban de
 cierta credibilidad, era creído a pies juntillas  por la mayor parte de la ciudadanía, ahora es inmediatamente cuestionado y escudriñado milimétricamente, hasta descubrir lo que verdaderamente esconde bajo el manto retórico que tan bien queda, delante de una cámara de televisión.
Ya resulta tremendamente sospechoso que este tipo de noticias se den, no de cara a la prensa, exponiéndose quién las da, al acoso de las lógicas preguntas de los informadores, sino a través de un plasma, sin que exista posibilidad de réplica o intervención por parte de los periodistas, que aún no se entiende como no organizan un plante, cada vez que se les convoca a través de este antidemocrático sistema.
Puede que a los empresarios, la Banca, el FMI y los usureros europeos, esta nueva reforma les parezca, como no, plausible, pero habría que aclarar al PP y a la señora Sáenz de Santamaría en particular, que los españoles no hemos creído una sola palabra de lo que nos dice y que los interinos de las Administraciones locales, van a empezar a movilizarse ya, en espera del masivo despido que se intuye en el discurso de la Ministra.
A pesar del rotundo fracaso del tipo de política que practican los populares desde que se instalaron en la Moncloa, nada parece servir para desviarles de esta nefasta línea, que está llevando al País a la más estrepitosa de las ruinas.
Ni el pacto con el PSOE, ni la llamada de atención de Europa sobre el paro, parecen haber cambiado absolutamente nada de lo que se cuece en la mente de Mariano Rajoy.
Si lo que espera es un estallido social de incalculables consecuencias, va por buen camino y yo diría, que está a punto de conseguirlo- 


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