miércoles, 12 de junio de 2013

La vil explotación


Cada vez hay más empresas que escudándose en los efectos de la crisis y amparadas por la Reforma Laboral de Rajoy, bajan drásticamente los salarios de sus empleados, haciendo caso omiso a los Convenios vigentes y amenazando con que si no se aceptan las condiciones que imponen, el único camino que queda, es el de la calle.
Y no solo hablamos de negocios pequeños que se ven obligados a malvivir, a causa de la falta de crédito que se atribuye a la Banca, sino también de las miles de contratas que trabajan para las Administraciones Públicas locales y autonómicas, que han visto en la aquiescencia de este gobierno, un excelente caldo de cultivo para obtener más beneficios, a base de practicar la explotación sobre los trabajadores que de ellas dependen.
No ha bastado con deshacerse de la mitad de las plantillas, cargando al personal que ha tenido la suerte de no ser despedido, con un volumen de trabajo claramente superior al que cualquier persona podría soportar, sino que además, los sueldos que pretenden pagar a partir de ahora, ni siquiera alcanzan la dignidad necesaria para que la gente pueda vivir, a pesar de que en muchos casos los horarios se han duplicado y la conciliación familiar se ha convertido en inexistente, por no decir perversa.
Estos políticos, a los que se les llena la boca hablando de procurar el bien de los españoles, miran sin embargo, hacia otro lado mientras suceden estas cosas y aún se niegan en algunos casos, a que se hagan públicas sus cuentas, alegando que esto lesiona su intimidad, sin ni siquiera dar gracias por seguir manteniendo intacta esa parcela y no haberla perdido, como nos sucede a todos nosotros.
La impunidad con que se está tratando esta nueva ola de vil explotación, que podría compararse sin ningún tipo de rubor con lo que sucedía en los principios del SXX, está terminando de rematar todos y cada uno de los logros sociales que los trabajadores habíamos conseguido, con más de un siglo de lucha.
Abandonados por los que debieran ser responsables de nuestro bienestar, la soledad en la que nos encontramos, no puede ser más terrible y violenta, pues violencia es ser maltratado hasta el agotamiento por los empresarios, aunque  gocen de total impunidad mientras nos explotan, obteniendo suculentos beneficios de nuestro sudor..y protegidos por las leyes.
Se pretende además, silenciando  estas prácticas,  evitar que la sociedad las conozca, utilizando la estrategia del miedo como refuerzo de sus argumentos y sabiendo, en el fondo, que la fuerza de la palabra podría movilizar a las masas en su contra, provocando el fracaso de este magnífico negocio de nuevo cuño, que se ha extendido como la pólvora entre los empresarios españoles.
Es por eso que se intenta desprestigiar a cualquiera que venciendo el temor, salga la calle para manifestar su oposición a las políticas que apoyan su indecencia, calificándoles de terroristas, perro flautas, fanáticos y otras muchas “lindezas”, que en nada se corresponden con la única realidad que los mueve: la indignación y la pretensión de seguir siendo decentes.
Evidentemente, no conseguirán su objetivo, mientras medios como éste en el que escribo permitan la libertad de expresión que nos asiste como derecho y mientras haya alguien dispuesto a contar la verdad de lo que ocurre, contra viento y marea, sin servilismos de partido y con independencia.
Sin embargo, es demoledor comprobar que la vigencia de la frase más conocida de Thomas Hobbes , sigue presente, más de tres siglos después de haber sido pronunciada. “El hombre es un lobo para el hombre”…y más, cuánto más dinero tiene.










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