domingo, 9 de junio de 2013

Pobreza al final de la vida


A partir de una fecha no muy lejana, la solidaridad que ha sido motor del Sistema de Pensiones español, dejará de tener importancia y los bolsillos de los nuevos jubilados, iniciarán una estrecha relación con la marcha de las arcas de la Seguridad Social, creciendo o decreciendo, en total consonancia con las fluctuaciones económicas que les depare un futuro, en principio, bastante incierto.
El concepto abstracto de crisis, que reiteradamente se viene cebando con la situación de los más débiles de nuestra sociedad, pero que hasta ahora había pasado de puntillas sobre las vidas de los mayores, se detiene ante la puerta de este colectivo para atacar sin compasión su más que probada vulnerabilidad, esgrimiendo el hacha de la pobreza sobre las cabezas de quienes lo forman y que han venido contribuyendo puntualmente,  durante todo su periplo laboral, a sostener el mismo sistema que ahora se derrumba , pillándoles bajo sus escombros.
Uno de esos comités de “sabios” nombrado por el Gobierno de Mariano Rajoy, ofrecía el viernes una rueda de prensa, absolutamente ininteligible para quienes no hayan cursado la carrera de Economía, pero que se jactaba, como viene siendo costumbre en todo lo que tenga que ver con el PP, de haber obrado para bien de las mayorías, aunque en este caso eso signifique una reducción drástica del nivel de vida para todos los pensionistas y augure para los más desfavorecidos de ellos, una vejez que los instala directamente en la miseria, sin ninguna esperanza de poder sobrevivir dignamente y absolutamente desprotegidos por el Estado.
 Finalmente, las exigencias europeas, se han ido cumpliendo una por una y todo el entramado de prestaciones públicas que tan bien han estado funcionando en este país, nos van siendo impunemente arrebatadas, con el único ánimo de hacer sostenible un sistema económico usurero y feroz, que engulle a los ciudadanos con su insaciable voracidad, privándoles de cualquier cosa que tenga que ver con el bienestar y colocándoles de manera permanente, sobre una línea de inestabilidad, en la que el miedo y la desilusión, constituyen su única compañía.
Se habla ahora de la esperanza de vida de los españoles, como un factor de riesgo en la sostenibilidad del Sistema de Pensiones, como si el hecho de haber conseguido una mejora considerable en la salud de los ciudadanos, fuera algo por lo que hubiera que pedir perdón a los magnates europeos y hasta se trata de hacer un cálculo personalizado de esa esperanza, para relacionarlo con la cuantía a percibir y que, por supuesto, bajaría, si las previsiones fueran buenas.
Quizá por eso, al mismo tiempo que se discuten los términos que incluirá el próximo decretazo que prepara el gobierno, se intenta la privatización paulatina de la Sanidad pública,  que empezará en breve, a privar a los más humildes de su derecho a la salud, ayudando en gran manera a que la longevidad, acabe por convertirse, simplemente, en un privilegio de los ricos.
Pero la vileza de estas acciones aún va más allá, porque no se puede ignorar que en los tiempos que corren y con más de seis millones de españoles  en situación de desempleo, las pensiones de los mayores, se han convertido en el sostén indiscutible de infinidad de núcleos familiares, que malviven, sola y exclusivamente, de la cuantía de esos ingresos.
Por lo tanto, si debido a la época de crisis, el nivel de dichas pensiones es a partir de ahora, reducido, sin que se haya solucionado primero, como sería de rigor, el problema del paro, el futuro que se abre ante nuestros ojos  no puede ser más desolador…y no sólo para los viejos.
El error de lesionar el Sistema de Pensiones, sin embargo, podría ser la última gota que colmara el vaso de nuestra aparentemente inagotable paciencia, pues al haber estado contribuyendo los mayores, con sus aportaciones mensuales, a la contención de la indignación de muchos miles de desempleados, han estado consiguiendo detener un más que probable estallido social, imparable ahora, si la posibilidad de supervivencia se hace inviable.
Y no es ya que los jubilados vayan a convertirse de repente en la chispa que haga saltar por los aires la estabilidad civil, sino que los que hasta ahora encontraban en su protección un modo de salir adelante, van a tener que asumir  que también esta posibilidad de salida, les está siendo vedada por la inutilidad de este gobierno y como ya hemos dicho muchas veces, no tener nada que perder, suele casi siempre generar una extrema violencia.
Por ser España el primero de los países europeos que se atreve a poner en práctica esta medida, las reacciones venideras son aún una incógnita incontestable y al no saberse todavía el apoyo político con el que contará Rajoy para sacar adelante el proyecto, los españoles aguardan con expectación las reacciones de los Partidos, sobre todo para tener claro a quiénes no deben votar nunca más, si es que deciden en algún momento, volver a emitir su voto.
La pobreza al final de la vida es el peor pago que puede recibir un trabajador honrado que culmina su vida laboral. Por eso no se puede perdonar a quienes se empeñan en hacer realidad esta tragedia colectiva.




  

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