A partir de una fecha no muy lejana, la solidaridad que ha
sido motor del Sistema de Pensiones español, dejará de tener importancia y los
bolsillos de los nuevos jubilados, iniciarán una estrecha relación con la
marcha de las arcas de la Seguridad Social, creciendo o decreciendo, en total
consonancia con las fluctuaciones económicas que les depare un futuro, en
principio, bastante incierto.
El concepto abstracto de crisis, que reiteradamente se viene
cebando con la situación de los más débiles de nuestra sociedad, pero que hasta
ahora había pasado de puntillas sobre las vidas de los mayores, se detiene ante
la puerta de este colectivo para atacar sin compasión su más que probada
vulnerabilidad, esgrimiendo el hacha de la pobreza sobre las cabezas de quienes
lo forman y que han venido contribuyendo puntualmente, durante todo su periplo laboral, a sostener
el mismo sistema que ahora se derrumba , pillándoles bajo sus escombros.
Uno de esos comités de “sabios” nombrado por el Gobierno de
Mariano Rajoy, ofrecía el viernes una rueda de prensa, absolutamente
ininteligible para quienes no hayan cursado la carrera de Economía, pero que se
jactaba, como viene siendo costumbre en todo lo que tenga que ver con el PP, de
haber obrado para bien de las mayorías, aunque en este caso eso signifique una
reducción drástica del nivel de vida para todos los pensionistas y augure para
los más desfavorecidos de ellos, una vejez que los instala directamente en la
miseria, sin ninguna esperanza de poder sobrevivir dignamente y absolutamente
desprotegidos por el Estado.
Finalmente, las
exigencias europeas, se han ido cumpliendo una por una y todo el entramado de
prestaciones públicas que tan bien han estado funcionando en este país, nos van
siendo impunemente arrebatadas, con el único ánimo de hacer sostenible un
sistema económico usurero y feroz, que engulle a los ciudadanos con su
insaciable voracidad, privándoles de cualquier cosa que tenga que ver con el
bienestar y colocándoles de manera permanente, sobre una línea de
inestabilidad, en la que el miedo y la desilusión, constituyen su única
compañía.
Se habla ahora de la esperanza de vida de los españoles, como
un factor de riesgo en la sostenibilidad del Sistema de Pensiones, como si el
hecho de haber conseguido una mejora considerable en la salud de los
ciudadanos, fuera algo por lo que hubiera que pedir perdón a los magnates
europeos y hasta se trata de hacer un cálculo personalizado de esa esperanza,
para relacionarlo con la cuantía a percibir y que, por supuesto, bajaría, si
las previsiones fueran buenas.
Quizá por eso, al mismo tiempo que se discuten los términos
que incluirá el próximo decretazo que prepara el gobierno, se intenta la
privatización paulatina de la Sanidad pública, que empezará en breve, a privar a los más
humildes de su derecho a la salud, ayudando en gran manera a que la longevidad,
acabe por convertirse, simplemente, en un privilegio de los ricos.
Pero la vileza de estas acciones aún va más allá, porque no
se puede ignorar que en los tiempos que corren y con más de seis millones de
españoles en situación de desempleo, las
pensiones de los mayores, se han convertido en el sostén indiscutible de
infinidad de núcleos familiares, que malviven, sola y exclusivamente, de la
cuantía de esos ingresos.
Por lo tanto, si debido a la época de crisis, el nivel de
dichas pensiones es a partir de ahora, reducido, sin que se haya solucionado
primero, como sería de rigor, el problema del paro, el futuro que se abre ante
nuestros ojos no puede ser más
desolador…y no sólo para los viejos.
El error de lesionar el Sistema de Pensiones, sin embargo,
podría ser la última gota que colmara el vaso de nuestra aparentemente
inagotable paciencia, pues al haber estado contribuyendo los mayores, con sus aportaciones
mensuales, a la contención de la indignación de muchos miles de desempleados,
han estado consiguiendo detener un más que probable estallido social, imparable
ahora, si la posibilidad de supervivencia se hace inviable.
Y no es ya que los jubilados vayan a convertirse de repente
en la chispa que haga saltar por los aires la estabilidad civil, sino que los
que hasta ahora encontraban en su protección un modo de salir adelante, van a
tener que asumir que también esta
posibilidad de salida, les está siendo vedada por la inutilidad de este
gobierno y como ya hemos dicho muchas veces, no tener nada que perder, suele
casi siempre generar una extrema violencia.
Por ser España el primero de los países europeos que se
atreve a poner en práctica esta medida, las reacciones venideras son aún una
incógnita incontestable y al no saberse todavía el apoyo político con el que
contará Rajoy para sacar adelante el proyecto, los españoles aguardan con
expectación las reacciones de los Partidos, sobre todo para tener claro a
quiénes no deben votar nunca más, si es que deciden en algún momento, volver a
emitir su voto.
La pobreza al final de la vida es el peor pago que puede
recibir un trabajador honrado que culmina su vida laboral. Por eso no se puede
perdonar a quienes se empeñan en hacer realidad esta tragedia colectiva.

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