Los recortes de Mariano Rajoy en la Sanidad, no solo pasan
por el despido de personal especializado y el aumento considerable de las
listas de espera, sino que se extienden a todos los estamentos y departamentos
de Ambulatorios y Hospitales y, por supuesto también, al de los trabajadores de
la limpieza.
El cierre de un Centro de Murcia, a causa de la suciedad
acumulada por una huelga de estos últimos operarios, ha levantado una enorme
polémica e inmediatamente ha acarreado una fuerte indignación a los familiares
de los enfermos allí ingresados, que no
entienden que las razones salariales se coloquen por delante de la curación de
aquellos que les son allegados y por lo tanto, muy importantes para ellos.
Pero ¿qué otro modo de presión queda a estos trabajadores
para exigir que se respeten sus derechos? ¿Acaso no constituiría un agravio
comparativo negarles la capacidad de
poder ir a la huelga, si se sienten agredidos y las conversaciones mantenidas
con la patronal, no han dado ningún resultado apetecible?
Verdad es que en cuestiones de aseo, los Hospitales serían
los primeros en tener que ser atendidos con toda la pulcritud que reclama su
cometido y precisamente por eso y por el tipo de labor que han de cubrir los
trabajadores que a ello se dedican, quizá debieran haber sido mantenidos al
margen de cualquier tipo de recortes.
Lo incomprensible es
que el Estado permita que se llegue a este punto, sin arbitrar una solución
drástica a las reclamaciones de este sector, forzando a la patronal a firmar
acuerdos que al menos permitan vivir con dignidad a quienes se dedican a estos
menesteres, que son absolutamente necesarios para el funcionamiento de los
hospitales y para el bienestar de los enfermos.
Así que la ira de los familiares debiera revertir, decididamente, sobre los cargos que tienen en
sus manos que los conflictos laborales de que hablamos no se prolonguen en el
tiempo, dando lugar a situaciones insostenibles como la del hospital de Murcia,
sin hacer nada por remediarlo.
Que las personas procedentes de las clases medias y humildes,
carguen contra otras que pertenecen a su mismo estatus social, intentando que
cejen en el empeño de reclamar aquello que les corresponde, resulta cuando
menos, incomprensible y negativo para ellas mismas, ya que probablemente, en
una situación similar, se verían obligadas a hacer lo mismo.
Reclámese pues al Estado su intermediación en los hechos y
que mientras el problema esté pendiente de solución, arbitre fórmulas que
permitan el funcionamiento mínimo de los servicios de limpieza, utilizando para
ello, como en otras cosas, por ejemplo, al ejército, que en periodo de paz,
bien podría ayudar a subsanar estas irregularidades, sin lesionar el derecho a
la huelga.
Ahora que el PP anda diciendo que estamos empezando a salir
de la crisis, resulta por lo menos chocante, que a diario recibamos
informaciones que niegan por su evidencia tal afirmación y que dejan al
descubierto el alto índice de conflictividad laboral que ha traído de la mano
la Reforma de Rajoy y que se suma a la elevadísima cifra de desempleados que
pululan por las calles de España, sin posibilidad de encontrar ocupación
remunerada que remedie su desesperación y su miseria.
La luz al final del túnel que ve el PP, de momento, es solo
un espejismo para los ciudadanos del País, que no adolecen precisamente, de
ceguera.
Ya quisiéramos albergar alguna esperanza, pero de momento, no
podemos.

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