martes, 18 de junio de 2013

Limpieza hospitalaria


Los recortes de Mariano Rajoy en la Sanidad, no solo pasan por el despido de personal especializado y el aumento considerable de las listas de espera, sino que se extienden a todos los estamentos y departamentos de Ambulatorios y Hospitales y, por supuesto también, al de los trabajadores de la limpieza.
El cierre de un Centro de Murcia, a causa de la suciedad acumulada por una huelga de estos últimos operarios, ha levantado una enorme polémica e inmediatamente ha acarreado una fuerte indignación a los familiares de los enfermos allí ingresados,  que no entienden que las razones salariales se coloquen por delante de la curación de aquellos que les son allegados y por lo tanto, muy importantes para ellos.
Pero ¿qué otro modo de presión queda a estos trabajadores para exigir que se respeten sus derechos? ¿Acaso no constituiría un agravio comparativo negarles  la capacidad de poder ir a la huelga, si se sienten agredidos y las conversaciones mantenidas con la patronal, no han dado ningún resultado apetecible?
Verdad es que en cuestiones de aseo, los Hospitales serían los primeros en tener que ser atendidos con toda la pulcritud que reclama su cometido y precisamente por eso y por el tipo de labor que han de cubrir los trabajadores que a ello se dedican, quizá debieran haber sido mantenidos al margen de cualquier tipo de recortes.
Lo incomprensible  es que el Estado permita que se llegue a este punto, sin arbitrar una solución drástica a las reclamaciones de este sector, forzando a la patronal a firmar acuerdos que al menos permitan vivir con dignidad a quienes se dedican a estos menesteres, que son absolutamente necesarios para el funcionamiento de los hospitales y para el bienestar de los enfermos.
Así que la ira de los familiares debiera revertir,  decididamente, sobre los cargos que tienen en sus manos que los conflictos laborales de que hablamos no se prolonguen en el tiempo, dando lugar a situaciones insostenibles como la del hospital de Murcia, sin hacer nada por remediarlo.
Que las personas procedentes de las clases medias y humildes, carguen contra otras que pertenecen a su mismo estatus social, intentando que cejen en el empeño de reclamar aquello que les corresponde, resulta cuando menos, incomprensible y negativo para ellas mismas, ya que probablemente, en una situación similar, se verían obligadas a hacer lo mismo.
Reclámese pues al Estado su intermediación en los hechos y que mientras el problema esté pendiente de solución, arbitre fórmulas que permitan el funcionamiento mínimo de los servicios de limpieza, utilizando para ello, como en otras cosas, por ejemplo, al ejército, que en periodo de paz, bien podría ayudar a subsanar estas irregularidades, sin lesionar el derecho a la huelga.
Ahora que el PP anda diciendo que estamos empezando a salir de la crisis, resulta por lo menos chocante, que a diario recibamos informaciones que niegan por su evidencia tal afirmación y que dejan al descubierto el alto índice de conflictividad laboral que ha traído de la mano la Reforma de Rajoy y que se suma a la elevadísima cifra de desempleados que pululan por las calles de España, sin posibilidad de encontrar ocupación remunerada que remedie su desesperación y su miseria.
La luz al final del túnel que ve el PP, de momento, es solo un espejismo para los ciudadanos del País, que no adolecen precisamente, de ceguera.
Ya quisiéramos albergar alguna esperanza, pero de momento, no podemos.


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