jueves, 30 de mayo de 2013

El encuentro



Casi al mismo tiempo que José María Aznar protagonizaba su polémica actuación televisiva, el ex Presidente Felipe González acudía a la Moncloa, invitado por Mariano Rajoy, sin que hayan trascendido detalles de tan misterioso e inusual encuentro.
Pero sólo unos días después de producirse, Rubalcaba levantaba su voz en el Congreso de los Diputados, promoviendo la urgente necesidad de una especie de pacto entre formaciones políticas, que ayudara a fortalecer la posición española en Bruselas, intentando hacer ver a Europa que la soledad del PP no era tal y que es posible la unidad entre Partidos de ideología distinta, cuando se trata de defender los intereses de una nación.
Extrañamente, Rajoy no pareció rechazar de plano la idea, como otras veces, y la cuestión quedó en el aire, como esperando que alguien más se adhiriera con prontitud al ofrecimiento y a pesar de que hasta la fecha no se ha producido tal cosa, se comenta en foros políticos que la iniciativa podría ser secundada en breve por los demás y salir adelante.
Se conocen desde hace tiempo las dotes diplomáticas que posee Felipe González y que el prestigio internacional con que cuenta el ex Presidente está a la altura del de los grandes mandatarios de las últimas décadas, por lo que podría sospecharse que la cita de la Moncloa, hubiera podido tratarse de la llamada de socorro de un Presidente que sin saber cómo salir de la encrucijada en que se encuentra y obligado por la severidad de sus socios europeos a practicar una política absolutamente desleal con los ciudadanos, acude a la experiencia sobrada de uno de sus antecesores y le pide consejo para salir del atolladero en que se halla, esperando encontrar  el apoyo necesario para iluminar un poco el camino.
Sin embargo, como todos sabemos, en el mundo actual nada es gratis y la pregunta que surgiría si esta hipótesis que planteamos resultara ser cierta, sería a cambio de qué ofrecería González su ayuda a Rajoy y en qué medida podría afectar esa ayuda al rumbo de la política nacional, a partir de que el presunto pacto fuera un hecho.
Las relaciones entre los Partidos a los que pertenecen los dos interlocutores de este encuentro no han sido nunca, ni de cerca, especialmente buenas y todo el País ha  sido testigo, desde que llegó la Democracia, de los numerosos rifirrafes y encontronazos que se han venido sucediendo entre ellas, en la lucha encarnizada que por el poder han mantenido, sin darse tregua ni sosiego, hayan sido, cuales hayan sido las circunstancias.
¿Qué ha puesto sobre la mesa Rajoy entonces, para conseguir esta especie de tregua y provocar un acercamiento de posturas de estos dos enemigos, supuestamente, irreconciliables?
¿Convocar elecciones?, ¿Un Gobierno de coalición que trate de enderezar la difícil situación que nos aflige? ¿Dar un giro radical a sus políticas de recortes e intentar, como prioridad, la creación de empleo, olvidando un poco la cuestión del déficit o, tal vez, de una vez, plantar cara respaldado por los demás, a las exigencias de Europa y atreverse a contradecir los mandatos que desde allí le llegan?
Algo se está moviendo en los ambientes políticos, pero la duda de si los demás integrantes del panorama estarían dispuestos, también, a colaborar en lo que se cuece, es aún una incógnita, que de resolverse de manera satisfactoria, bien podría cambiar radicalmente el curso de los acontecimientos que habían previsto nuestros acreedores europeos y no precisamente de manera satisfactoria para ellos.
Porque si ocurriera, el ejemplo podría ser inmediatamente imitado por otros países del sur que sufren también agónicamente la presión de los mercados y que con su postura, pondrían en grave riesgo la continuidad de este sistema de financiación usurera que nos asfixia.
De manera que el misterioso encuentro habría adquirido entonces una trascendencia inusitada que, de nuevo, conseguiría que González eclipsara el protagonismo de Aznar, como ha solido suceder, cada vez que se han encontrado, pese a quién pese.



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