La cruzada personal que el Ministro Ruíz Gallardón ha
emprendido contra la Ley del aborto, no es simplemente el empeño de un niño
pijo en complacer al sector más conservador de su partido y a las beatas
recalcitrantes que apoyadas en un puro fundamentalismo de su fe, esgrimen con
una mano la bandera a favor de la vida del no nacido y con la otra, la que
representa su aplauso a la restauración de la cadena perpetua o la pena de
muerte, sino que se atreve a poner en tela de juicio la capacidad de todas las
mujeres españolas, para decidir libremente, en conciencia, si quieren o no
llevar adelante, todos y cada uno de sus embarazos.
Partiendo de la base de que una Ley que liberaliza el aborto,
no obliga a nadie a hacer uso de esta práctica en contra de su voluntad, la
derogación de dicha ley, sí que deja en total desamparo legal, a todas aquellas
mujeres, que por las razones personales que fueren, no están preparadas o
simplemente, no desean, tener en un momento determinado de sus vidas, un hijo.
Al no haberse hecho público aún el texto de la nueva Ley y
ser un hecho evidente que la cúpula de la Iglesia Católica está presionando
exhaustivamente para conseguir una especie de derogación encubierta, no queda
otro remedio que pensar que lo que tiene en la cabeza Gallardón, nos
retrotraerá a un pasado nada deseable, en el que se criminalizaba el aborto con
penas de cárcel y las mujeres que se decidían por practicarlo, o se marchaban a
Londres, o arriesgaban su vida en manos de algún curandero, de dudosos
conocimientos médicos y menos ética.
Esta cuestión, que en general, nada tiene que ver con el progresismo de sus protagonistas, sino
casi siempre con situaciones muy concretas de imposibilidad emocional o
económica, se ha convertido sin embargo, en una especie de incomprensible
prioridad para un PP, que haría muy bien en centrar su atención en combatir
primero el gravísimo problema del paro, que además, podría ser una de las
causas principales que determinan a las mujeres a dar el paso de abortar y que
reduciría en gran parte, las cifras que dan las estadísticas y que tan poco
gustan a los representantes conservadores.
Se ha visto que incluso dentro de las filas del Partido en el
Gobierno, se alzan voces absolutamente discrepantes con el camino emprendido
por el ex Alcalde de Madrid y que han pronunciado abiertamente su oposición, a
pesar de la imagen de unidad que se pretende ofrecer, desde los despachos de
Génova.
¿Qué mueve entonces a Gallardón para mantener esta postura
recalcitrante, que le apea de la imagen de pseudo progresismo que daba años
atrás y le coloca en pleno centro del núcleo más duro de su formación, con el
que siempre mantuvo disputas, hasta que decidió presentar esta Ley?
Puede que esté cansado de ser mancillado por sus propios compañeros
y que haya pensado que su popularidad necesitaba de un empujón de esta
categoría, para ser considerado importante, de cara al futuro del Partido
Popular.
Quizá tenga razón, pero habría de pemsar que al mismo tiempo,
se está ganando a pulso la oposición en
pleno de las mujeres españolas a las que deja en total desamparo y a las que
roba descaradamente, el derecho natural a decidir si quieren o no convertirse
en madres y en qué momento quieren hacerlo.
Tampoco es que estén los tiempos para tener muchos hijos. Sin
trabajo y sin derechos sanitarios o educacionales, el futuro que espera a los
nuevos españoles, no es, precisamente, gratificante y menos aún, si al nacer
traen consigo alguna malformación física o mental, una vez que también se ha
suprimido la Ley de Dependencia.
Así que es natural que las mujeres se lo piensen seriamente
antes de continuar con los embarazos y en ello les asiste, ser las verdaderas
protagonistas de estas historias.
Habrá que retomar el antiguo lema: Nosotras parimos, nosotras
decidimos.

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