jueves, 9 de mayo de 2013

Nosotras decidimos



La cruzada personal que el Ministro Ruíz Gallardón ha emprendido contra la Ley del aborto, no es simplemente el empeño de un niño pijo en complacer al sector más conservador de su partido y a las beatas recalcitrantes que apoyadas en un puro fundamentalismo de su fe, esgrimen con una mano la bandera a favor de la vida del no nacido y con la otra, la que representa su aplauso a la restauración de la cadena perpetua o la pena de muerte, sino que se atreve a poner en tela de juicio la capacidad de todas las mujeres españolas, para decidir libremente, en conciencia, si quieren o no llevar adelante, todos y cada uno de sus embarazos.
Partiendo de la base de que una Ley que liberaliza el aborto, no obliga a nadie a hacer uso de esta práctica en contra de su voluntad, la derogación de dicha ley, sí que deja en total desamparo legal, a todas aquellas mujeres, que por las razones personales que fueren, no están preparadas o simplemente, no desean, tener en un momento determinado de sus vidas, un hijo.
Al no haberse hecho público aún el texto de la nueva Ley y ser un hecho evidente que la cúpula de la Iglesia Católica está presionando exhaustivamente para conseguir una especie de derogación encubierta, no queda otro remedio que pensar que lo que tiene en la cabeza Gallardón, nos retrotraerá a un pasado nada deseable, en el que se criminalizaba el aborto con penas de cárcel y las mujeres que se decidían por practicarlo, o se marchaban a Londres, o arriesgaban su vida en manos de algún curandero, de dudosos conocimientos médicos y menos ética.
Esta cuestión, que en general, nada tiene que ver con  el progresismo de sus protagonistas, sino casi siempre con situaciones muy concretas de imposibilidad emocional o económica, se ha convertido sin embargo, en una especie de incomprensible prioridad para un PP, que haría muy bien en centrar su atención en combatir primero el gravísimo problema del paro, que además, podría ser una de las causas principales que determinan a las mujeres a dar el paso de abortar y que reduciría en gran parte, las cifras que dan las estadísticas y que tan poco gustan a los representantes conservadores.
Se ha visto que incluso dentro de las filas del Partido en el Gobierno, se alzan voces absolutamente discrepantes con el camino emprendido por el ex Alcalde de Madrid y que han pronunciado abiertamente su oposición, a pesar de la imagen de unidad que se pretende ofrecer, desde los despachos de Génova.
¿Qué mueve entonces a Gallardón para mantener esta postura recalcitrante, que le apea de la imagen de pseudo progresismo que daba años atrás y le coloca en pleno centro del núcleo más duro de su formación, con el que siempre mantuvo disputas, hasta que decidió presentar esta Ley?
Puede que esté cansado de ser mancillado por sus propios compañeros y que haya pensado que su popularidad necesitaba de un empujón de esta categoría, para ser considerado importante, de cara al futuro del Partido Popular.
Quizá tenga razón, pero habría de pemsar que al mismo tiempo, se está ganando  a pulso la oposición en pleno de las mujeres españolas a las que deja en total desamparo y a las que roba descaradamente, el derecho natural a decidir si quieren o no convertirse en madres y en qué momento quieren hacerlo.
Tampoco es que estén los tiempos para tener muchos hijos. Sin trabajo y sin derechos sanitarios o educacionales, el futuro que espera a los nuevos españoles, no es, precisamente, gratificante y menos aún, si al nacer traen consigo alguna malformación física o mental, una vez que también se ha suprimido la Ley de Dependencia.
Así que es natural que las mujeres se lo piensen seriamente antes de continuar con los embarazos y en ello les asiste, ser las verdaderas protagonistas de estas historias.
Habrá que retomar el antiguo lema: Nosotras parimos, nosotras decidimos.


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