Ni los recortes de Rajoy, ni la paulatina privatización de la
Sanidad, ni la Ley de Reforma educativa que preconiza Wert, ni los desahucios,
ni los desmanes de la Banca, ni la escandalosa cifra de Paro que padecemos, ni
la corrupción, han conseguido en ningún momento, en el último año, movilizar a
once millones, quinientos mil españoles, a pesar de cada uno de nosotros tiene
sobrados motivos para expresar su más enérgica protesta, a juzgar por los
sufrimientos que estamos soportando, totalmente abandonados a nuestra suerte,
por una clase política que sólo puede causar vergüenza, indignación y
desencanto.
Pero la retransmisión televisada de la final de la Copa del
Rey, evento futbolero de cierta relevancia, acaba de arrojar, exactamente, esta
cifra de espectadores y ella solita, ha logrado unificar el criterio de una
enorme cantidad de personas, a la hora de decidir que dedicarían dos horas de
su tiempo a esta trivialidad deportiva, que por supuesto, no mejora en nada su
situación personal, ni reportará ayuda alguna, a la hora de encontrar un empleo
o recuperar las prestaciones sociales perdidas, a causa de la interminable
crisis.
Qué ocurre con los ciudadanos y cuáles son las auténticas
preocupaciones que les acucian, parece, a la vista de estos acontecimientos,
una incógnita verdaderamente preocupante para quienes, desde hace tiempo,
buscan desesperadamente el apoyo de las mayorías, en un intento de sustituir un
Sistema que nos está llevando a la ruina, por otro más equitativo que procure
una vida digna, para la totalidad de los españoles.
Y sin embargo, las dificultades extremas que nos vemos
obligados a soportar, no parecen haber sido aún suficientes, para movilizar, ni
de lejos, a un número que se acerque siquiera, al de aficionados al deporte del balompié, a los
que parece irles la vida, en cada una de las finales que se celebran.
¿Es, pues, más importante para las masas, el resultado de un
Partido de fútbol, que su propio e infortunado presente o el negro porvenir que
aguarda a sus hijos, de continuar las políticas que se practican en la
actualidad?
A razón de lo que
vemos, se diría que sí. Que la felicidad extrema de al menos once millones,
quinientos mil españoles, estaría en que uno de los equipos que disputan alguna
final, adorne las vitrinas de su club con el trofeo que se consigue por su
victoria sobre el otro y más aún, si la rivalidad entre ellos alcanza la
categoría de Derby local y sus seguidores son “enemigos” declarados, desde que
este negocio se hizo fuerte en este País y mueve las cifras millonarias que
mueve.
Y poco importa si los espectadores están desempleados desde
hace varios años o si las nuevas tasas universitarias impedirán que los jóvenes
puedan acceder al estudio de una carrera, o si a su propia madre le han
retirado la Ley de Dependencia, convirtiendo su ancianidad en una pesadilla de
la que no podrá despertase nunca.
Frente a la rivalidad futbolera, no hay problema, por fuerte
que sea, capaz de arrancar de delante de la pantalla, a ningún español que se
precie, aunque mañana tenga que acudir, en compañía de los suyos, a uno de los muchos comedores sociales que
tanto han proliferado en los últimos tiempos.
¿Incomprensible?. Si, y hasta deplorable, si uno enumera la
cantidad de cosas que hemos perdido, sin esperanza de recuperar una sola de
ellas, a pesar de resultar absolutamente necesarias para lograr sobrevivir en
el mundo actual y en el lugar que ocupamos en la Historia.
El PP no tardará en sacar partido a la situación y en cuanto
pueda, volverá a referirse a las “mayorías silenciosas”, con el argumento de
que están de acuerdo con la manera en que están llevando las riendas del País.
Y razón no les falta, ya que mientras se aprobaba la Ley
Wert, por ejemplo, y se transportaba la educación a nivel de los años cuarenta
del pasado siglo, solo unos pocos
estábamos en la calle. A los demás, solo les preocupaba si ganaba el Madrid o
el Atlético de Madrid.

No hay comentarios:
Publicar un comentario