domingo, 19 de mayo de 2013

Lo que mueve a las masas



Ni los recortes de Rajoy, ni la paulatina privatización de la Sanidad, ni la Ley de Reforma educativa que preconiza Wert, ni los desahucios, ni los desmanes de la Banca, ni la escandalosa cifra de Paro que padecemos, ni la corrupción, han conseguido en ningún momento, en el último año, movilizar a once millones, quinientos mil españoles, a pesar de cada uno de nosotros tiene sobrados motivos para expresar su más enérgica protesta, a juzgar por los sufrimientos que estamos soportando, totalmente abandonados a nuestra suerte, por una clase política que sólo puede causar vergüenza, indignación y desencanto.
Pero la retransmisión televisada de la final de la Copa del Rey, evento futbolero de cierta relevancia, acaba de arrojar, exactamente, esta cifra de espectadores y ella solita, ha logrado unificar el criterio de una enorme cantidad de personas, a la hora de decidir que dedicarían dos horas de su tiempo a esta trivialidad deportiva, que por supuesto, no mejora en nada su situación personal, ni reportará ayuda alguna, a la hora de encontrar un empleo o recuperar las prestaciones sociales perdidas, a causa de la interminable crisis.
Qué ocurre con los ciudadanos y cuáles son las auténticas preocupaciones que les acucian, parece, a la vista de estos acontecimientos, una incógnita verdaderamente preocupante para quienes, desde hace tiempo, buscan desesperadamente el apoyo de las mayorías, en un intento de sustituir un Sistema que nos está llevando a la ruina, por otro más equitativo que procure una vida digna, para la totalidad de los españoles.
Y sin embargo, las dificultades extremas que nos vemos obligados a soportar, no parecen haber sido aún suficientes, para movilizar, ni de lejos, a un número que se acerque siquiera, al  de aficionados al deporte del balompié, a los que parece irles la vida, en cada una de las finales que se celebran.
¿Es, pues, más importante para las masas, el resultado de un Partido de fútbol, que su propio e infortunado presente o el negro porvenir que aguarda a sus hijos, de continuar las políticas que se practican en la actualidad?
 A razón de lo que vemos, se diría que sí. Que la felicidad extrema de al menos once millones, quinientos mil españoles, estaría en que uno de los equipos que disputan alguna final, adorne las vitrinas de su club con el trofeo que se consigue por su victoria sobre el otro y más aún, si la rivalidad entre ellos alcanza la categoría de Derby local y sus seguidores son “enemigos” declarados, desde que este negocio se hizo fuerte en este País y mueve las cifras millonarias que mueve.
Y poco importa si los espectadores están desempleados desde hace varios años o si las nuevas tasas universitarias impedirán que los jóvenes puedan acceder al estudio de una carrera, o si a su propia madre le han retirado la Ley de Dependencia, convirtiendo su ancianidad en una pesadilla de la que no podrá despertase nunca.
Frente a la rivalidad futbolera, no hay problema, por fuerte que sea, capaz de arrancar de delante de la pantalla, a ningún español que se precie, aunque mañana tenga que acudir, en compañía de los suyos,  a uno de los muchos comedores sociales que tanto han proliferado en los últimos tiempos.
¿Incomprensible?. Si, y hasta deplorable, si uno enumera la cantidad de cosas que hemos perdido, sin esperanza de recuperar una sola de ellas, a pesar de resultar absolutamente necesarias para lograr sobrevivir en el mundo actual y en el lugar que ocupamos en la Historia.
El PP no tardará en sacar partido a la situación y en cuanto pueda, volverá a referirse a las “mayorías silenciosas”, con el argumento de que están de acuerdo con la manera en que están llevando las riendas del País.
Y razón no les falta, ya que mientras se aprobaba la Ley Wert, por ejemplo, y se transportaba la educación a nivel de los años cuarenta del pasado siglo,  solo unos pocos estábamos en la calle. A los demás, solo les preocupaba si ganaba el Madrid o el Atlético de Madrid.



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